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¿Qué hacer con la información?
Marco Provencio
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PRIMER CASO. TENER LA INFORMACIÓN
Un hombre se está dando un regaderazo cuando su mujer recién termina de
hacerlo. En ese momento llaman a la puerta. La mujer se envuelve en una
toalla, responde al llamado y se topa con el vecino. Antes de que ella diga
cualquier cosa, éste le dice: "Le doy diez mil pesos si deja caer la toalla
en el suelo". Después de unos segundos, la mujer no puede resistir el
ofrecimiento y al vecino se le ilumina la expresión facial y corporal
mientras saca lentamente los diez mil pesos de su chamarra, pretende
contarlos despacio para seguridad de quien los recibe, los entrega a la
mujer y se va.
Aún confundida pero satisfecha, la mujer cierra la puerta y regresa al baño
a secarse el cabello. "Era el vecino". "Ah, qué bien", dice el marido. "¿Te
devolvió los diez mil pesos que le presté?".
La moraleja es sencilla: es importante compartir información crítica con los
asociados o personas cercanas, principalmente sobre riesgos y créditos. De
no hacerlo, se puede caer en situaciones bochornosas o de plano indeseables.
SEGUNDO CASO. ESTAR BIEN INFORMADO
Un sacerdote va conduciendo su auto cuando ve a una monja esperando el
autobús. El sacerdote se ofrece a llevarla a su destino. Al sentarse en el
lugar del copiloto, el hábito de la monja se abre un poco y deja ver una
hermosa pierna, por lo que al poco tiempo el cura no resiste la tentación y
coloca su mano en el muslo de ella, quien le mira y le dice: "Padre,
recuerde el salmo 129".
El cura retira rápidamente su mano y ofrece una disculpa, pero al poco rato,
de nueva cuenta, no puede evitar que su mano brinque de la palanca de
velocidades a la pierna desnuda de la monja, quien suavemente le recuerda
una vez más sobre el salmo 129.
Al llegar a la dirección que la monja le había proporcionado, el sacerdote
prosigue su viaje, llega a su parroquia y lo primero que hace es correr a
leer el salmo 129: "Sigue adelante e inténtalo. En el camino alcanzarás la
gloria".
La moraleja es de primaria: se debe estar perfectamente informado de los
temas de la especialidad de cada quien. No hacerlo significa perder grandes
oportunidades y correr el riesgo de que se corran informaciones inapropiadas
sobre nosotros.
TERCER CASO. NO COMPARTIR INFORMACIÓN ESTRATÉGICA
Un joven entra en una farmacia y pide al farmacéutico un preservativo. "Mi
novia me ha invitado a cenar a su casa y está que se derrite por mí". El
encargado le despacha el pedido y cuando el joven está saliendo de la
farmacia, se regresa y comenta: "Será mejor que me dé usted dos
preservativos más; la hermana de mi novia está hecha un bombón y me hace
unos cruces de piernas terribles, mientras que su prima que vive con ellas
me hace unas insinuaciones bárbaras, y como voy a ir a cenar con ellas hoy
en la noche...".
Llega la hora de la cena y el muchacho está rodeado de jóvenes en efecto
atractivas. En ese momento llega el jefe de la familia, se sienta en la
cabecera y el muchacho empieza a rezar. "Señor, te damos gracias por estos
alimentos bzzz, bzzz, bzzz". Pasan unos minutos y el chico sigue rezando
bzzz, bzzz, bzzz. A los diez minutos la novia le dice: "No sabía que fueras
tan religioso", a lo que el joven responde "ni yo que tu papá era el
farmacéutico".
La lección de esta pequeña historia no requiere doctorado: no hay que
comentar los planes estratégicos a desconocidos porque ello puede destruir
la propia organización. A veces, por lo visto, aunque se comenten con los
propios cómplices también se puede estar generando la semilla de la
destrucción. Al tiempo.
Milenio Dairio 19-octubre-04
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