|
Hola amigos.
Llevo bastante tiempo sin conectarme a la lista así que perdonadme
si ya se ha enviado anteriormente esta historia.
Un abrazo.
Alguien ha dicho que "la religión es un consuelo para el alma y un
bálsamo para el cuerpo".
*** *** ***
Es una tarde de invierno y llueve mansamente sobre las calles
desiertas de una capital de provincia.
En la habitación un pequeño hotel, un viajante, después de haber
comprobado que no hay fútbol en la televisión, que el hilo musical
no funciona y tras haber agotado casi todos los botellines del
pequeño mueble-bar, hojea distraídamente una Biblia que ha
encontrado sobre una de las mesitas de noche.
De repente, parece animarse y descuelga el teléfono...
—Recepción. Dígame.
—Buenas tardes, señorita. ¿Tienen un horario de trenes?
—Pues... no. Lo siento.
—No importa, gracias. Esto... por cierto...
—¿Sí...?
—¡Qué voz tan agradable tiene usted! Me estoy preguntando a qué hora
termina su turno...
El hombre, echando mano de toda su labia, convence a la telefonista
para que suba a la habitación a tomar una copa cuando acabe de
trabajar.
Por fin, la telefonista accede. Más tarde, sube y, naturalmente,
terminan en la cama.
Mientras ambos disfrutan del segundo cigarrillo, tras su intensa
relación carnal, la telefonista, con ojos pícaros y risueños, le
comenta al hombre:
—¡Quién me iba a decir a mí que iba a terminar en la cama contigo!
¡Si apenas nos conocemos...!
—Pues yo lo sabía —responde el viajante, muy seguro de sí.
—¡Que lo sabías! Y ¿cómo?
—Muy sencillo: está escrito en la Biblia.
—¿En la Biblia? ¡Qué me dices!... ¡Dios mío! ¿En qué capítulo? ¿En
qué versículo?
—No, nena; en la contraportada y con bolígrafo dice: "LA TELEFONISTA
FOLLA"
|