Víctor Borrero y el arte de narrar Escribe: Julio Carmona
Hace unas semanas (en este mismo espacio) me referí a un
cuento de Víctor Borrero (gran representante de la narrativa piurana) que había
sido seleccionado para integrar el libro de
Pues debo recordar que también no
hace mucho publiqué (aquí mismo) una crítica exponiendo mis puntos de vista
respecto de la homosexualidad como tema literario. Y algún lector despistado
creyó detectar ahí "un cierto tufillo homofóbico". Y no hay tal porque, de
haberlo, eso me llevaría a engrosar las filas de esa proterva insania que es la
discriminación tan cercana al machismo (nefastos ambos, a no dudar). Y es
menester reiterarlo: El tema homosexual en literatura (como cualquier otro
tema) no es malo en sí mismo. Lo es cuando deviene truculencia o aberración
coprofílica.
Hay muchos ejemplos, dignos, de esta
temática en la literatura universal. Menciono sólo "La muerte en Venecia" de
Thomas Mann. Y bastaría para clausurar el entredicho, si no fuera porque viene
también en mi auxilio el cuento aludido de Víctor Borrero: "Allco". Allco es un
término quechua, sinónimo de perro. Y el cuento de Borrero tiene como personaje
a un perro con ese nombre. Y en tanto el cuento se ambienta en la época del dominio
español (sin llegar a ser un "cuento histórico"), lo más destacable de él es
que no sólo se hace la oposición del perro aborigen (Allco) y del perro español
de nombre "El Bobo", sino también de los idiomas en pugna, porque la trama del
cuento es desarrollada por un narrador español, informante de la autoridad
"justicia mayor de la cibdad de
Truxillo". Y, en efecto, el lenguaje utilizado por Borrero mimetiza al usado
por los peninsulares de entonces.
El vocabulario arcaico y la
participación de los dos perros -como personajes claves- sirven para narrar una
historia de tropelías e iniquidades cometidas -contra los aborígenes- por Melchor
Verdugo que es el dueño de "El Bobo", es decir el perro español que, en
definitiva, personifica al abuso foráneo, en todos los órdenes incluido el
abuso sexual y el genocidio. Y es ahí que surge "Allco", de propiedad del
curaca Tantahuata, adoptando la historia un giro inesperado y abrupto (pero
verosímil): "… el dicho perro `El Bobo' se colocaba mansamente como perra en
celo ante el dicho perro `Allco', e esto lo venía haciendo desde que el dicho
curaca Tantahuata regresó de la cibdad de Truxillo, donde, ya lo tengo dicho,
fue a pedir a su señoría se le haga justicia". Y, entonces, se da lo que en
literatura se llama la "justicia poética", es decir realizar en la ficción lo
que en la realidad no se puede hacer, a pesar de los merecimientos del caso.
Tanto "El Bobo" como su amo son presentados como "sarasas", que en quechua
equivale a homosexuales.
Teniendo, pues, el cuento de Borrero los más altos atributos de la fábula, el libelo y la sátira, se pueden traer los hechos de la ficción a la realidad presente, para decir que el machismo y sus correlatos, como la discriminación o el creidismo, no son otra cosa que manifestaciones de insuficiencia hormonal. Y no sería desfasado decir que tantos "kenyas" y "rivas" de hogaño no sean sino "melchores verdugos" y "bobos", ensayando su papel de "sarasas" irremediables.