DERECHOS Y TORCIDOS Escribe:
Julio Carmona
"Vale
más canción humilde que sinfonía sin fe".
J.C.
Existe
un artilugio literario que permite a quien escribe reemplazar los hechos reales
por otros ficticios que los encubren y los hacen aparecer como distintos. Es en
realidad el mecanismo de la metáfora, que permite al lector asociar los
elementos de la ficción a los hechos de la realidad: el oro o la plata de los
cabellos, remiten a la juventud y a la vejez de la persona aludida. Hay una muy
larga y -así de extensa- respetable tradición que ha usado ese mecanismo, para
eludir de paso ser sancionados por decirle directamente a la autoridad sus
miserables ridiculeces.
Erasmo de Rotterdam elogió a la locura, porque es de locos decir que las cosas
están mal donde los que hacen mayoría, y se dicen cuerdos, afirman que "todo
está bien". Jonathan Swift trasladaba las críticas -que quería hacer al
gobierno real de su época en Inglaterra- a los desaciertos políticos del rey de
Liliput: un pueblo de pigmeos gobernado por un rey también enano. Miguel de
Cervantes, quien dice no querer acordarse del nombre del pueblo en que vivía su
personaje y sólo indica que es "un lugar de
Yo, aquí (muy a la distancia), hago una paráfrasis de Cervantes y digo, no "en
un lugar de
Por su parte, los "derechos" abrigaban la esperanza de que esa situación se
podía revertir, pues es difícil admitir que el ser humano pueda llegar a tal
nivel de enajenación, que no sepa distinguir lo bueno de lo malo, lo justo de
lo injusto; diferenciar las excelencias del espíritu de lo írrito corporal.
Y eso al menos se esperaba de los hombres de leyes, de los abogados (tan
ligados a la justicia) y para quienes no podía pasar desapercibido el lado
oscuro en que se agazapaban los "torcidos".
Pero el corolario del hecho ficticio (cuyo parecido con cualquier hecho real es
pura coincidencia) dio por resultado que la inmensa mayoría de esos hombres de
leyes de quienes se esperaba un mínimo de sensatez para identificarse con los
"derechos" (aunque sólo fuera por mimesis profesional), hicieron lo contrario
de lo que una lógica ilusa hacía suponer. Los "hombres de derecho" votaron por
los "torcidos": ¡qué gran ejemplo para las futuras generaciones de juristas!
Aunque de ese modo se cumple lo aseverado por el jurista alemán Hans Kelsen:
"El deber ser en que el Derecho se expone a sí mismo, aparece como mera
`ideología'. Como `realidad' sólo aparece el acontecer anímico-corporal". Es
decir: que la panza le sobrepone sus urgencias al alma.
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