(tomado de Cubadebate (Habana))
Entrevista a Oswaldo Martínez, economista
cubano "La crisis no es una anormalidad en el capitalismo"
Por: Luisa María González García
El año 2009 ha empezado convulso. La crisis económica internacional encabeza
la agenda de gobiernos, empresas, organizaciones internacionales, y también
de personas cuya preocupación radica en el techo y el plato de comida.
Si esta situación ha sorprendido a medio mundo, en Cuba no ha sido tanto.
Hace casi una década, el Comandante Fidel Castro advirtió que las
condiciones estaban creadas para el estallido de una crisis de grandes
dimensiones. Osvaldo Martínez, director del Centro de Investigaciones de la
Economía Mundial y presidente de la Comisión de Asuntos Económicos de la
Asamblea Nacional del Poder Popular, también alertó sobre el tema en varias
ocasiones. Conversando sobre aquellos años previos, el doctor en Ciencias
Económicas recuerda: "nos criticaron mucho, nos llamaron catastrofistas,
pero finalmente la crisis llegó".
Despidos masivos de trabajadores en todas partes del mundo, aumento del
desempleo y de los índices de pobreza, cierre de empresas, quiebras de
bancos, son algunos de los efectos de la crisis que se van sintiendo. ¿En
qué momento de la crisis nos encontramos?
La crisis está comenzando, y nadie puede predecir exactamente cuánto va a
durar ni qué intensidad va a tener. Ya estamos ante algo más que una crisis
financiera: es una crisis económica global que compromete no solo a las
finanzas internacionales sino también a la economía real. Por el enorme
grado de desarrollo que adquirieron en los años anteriores la especulación y
el capital financieros, por la magnitud del estallido que se ha producido en
el sector de la especulación financiera y por el elevado grado de
globalización de la economía mundial, cabe deducir que esta crisis va a ser,
con toda seguridad, la más fuerte desde la Gran Depresión de los años 30 del
siglo pasado. Lo ocurrido desde agosto del 2008 hasta la actualidad, ha sido
el estallido de esa burbuja de especulación financiera, debido esencialmente
al impulso de la política neoliberal. En estos momentos la crisis está
comenzando a tocar la economía real, es decir, la economía que produce
bienes y servicio reales, de desarrollo de tecnologías, que produce valores
de uso útiles para satisfacer necesidades. ¿Cuánto más va a afectar a la
economía real? Es muy difícil decirlo. Hay múltiples opiniones de autores.
Algunos señalan que la crisis puede durar entre dos y cinco años. Como
elemento de referencia histórico, recordemos que la crisis de los años 30
comenzó en octubre de 1929, se desarrolló con toda intensidad hasta 1933, y
cuando estalla de Segunda Guerra Mundial en 1939, la economía de la época
todavía no había recuperado los niveles de actividad económica que tenía
antes de 1929.
Lo que resolvió finalmente aquella crisis, y digo "resolvió" entre comillas
porque hablo de la solución que el capitalismo le da a una crisis, fue
justamente la Segunda Guerra Mundial; la destrucción de fuerzas productivas
que esta implicó fue lo que le permitió al capitalismo iniciar a partir de
1945 una nueva etapa de crecimiento basado en reconstruir lo destruido por
la guerra. Toda crisis, vinculada o no a una guerra, es ante todo un proceso
de destrucción de las fuerzas productivas. Volviendo a la actualidad, no me
atrevo hacer un pronóstico exacto de la duración de la crisis, pero lo que
si me atrevo a afirmar es que está muy lejos de haber tocado fondo.
¿Cuáles han sido los sectores más impactados?
El estallido de la burbuja financiera ha provocado el desplome de bolsas de
valores, la quiebra de importantes empresas especuladoras (la llamada banca
de inversión, que realmente no es la inversión productiva sino la inversión
especulativa). Han quebrado algunos grandes bancos, se ha afectado el
crédito a nivel global pues se ha vuelto más escaso y caro. Ha ocurrido un
descenso de los precios de las materias primas y del petróleo. Empiezan a
afectarse sectores de la economía real, como es el caso de la industria
automovilística de Estados Unidos: las tres grandes, la General Motors, la
Ford y la Crysler, están recibiendo ayuda del gobierno para evitar la
quiebra. Han cerrado varias líneas aéreas, se han reducido los vuelos.
Aumenta el desempleo, el turismo está viéndose afectado. Es decir, es un
proceso en cascada, que puede llevar a una profundización muy grande de la
crisis en el 2009.
Para algunos especialistas, esta es una crisis cíclica más del sistema
capitalista, como las explicara Carlos Marx en el siglo XIX. Pero también se
dice que la actual no es "una más", sino que, dadas las dimensiones
impresionantes que ha alcanzado, es la expresión de la destrucción interna
del capitalismo avanzado ¿cuál es su opinión?
Yo pienso que la actual es, indudablemente, una crisis cíclica del
capitalismo. Una más, en el sentido de que el sistema desde 1825, fecha en
que Marx registró la primera, ha sufrido centenares de crisis de este tipo.
La crisis no es una anormalidad en el capitalismo, es una regularidad de él,
incluso le es necesaria al sistema. El capitalismo tiene una peculiar
lógica, pues necesita destruir fuerzas productivas para poder abrir paso a
otra etapa de crecimiento económico. Sin embargo, la crisis actual sin duda
alguna marca un momento de un deterioro muy profundo del sistema
capitalista.
Me parece que puede llegar a profundizarse a extremos muy graves, pero no
creo que por sí sola represente el final del sistema capitalista o su
destrucción definitiva. Una de las cosas que Marx argumentó con mucha
lucidez fue que el capitalismo no se derrumba por una crisis económica, al
capitalismo hay que derrumbarlo, y eso es con acciones políticas.
Entonces, ¿usted está de acuerdo con lo que dijo Marx, y luego manifestaron
Vladimir I. Lenin y Rosa de Luxemburgo, que a pesar del germen
auto-destructor del capitalismo, hace falta revoluciones para derrumbarlo?
Por supuesto que sí. Creer que el capitalismo se va a derrumbar
automáticamente, en virtud de una fuerza espontánea como una crisis
económica, es una utopía. La crisis puede crear condiciones favorables para
grandes movimientos políticos anticapitalistas. Si el arte de la política se
sabe manejar y existe un liderazgo que aproveche las coyunturas, capaz de
conducir a los pueblos, la crisis crea condiciones favorables porque genera
mayor pobreza, desempleo, ruina en gran escala, desesperación en las masas.
En la historia, grandes crisis económicas estuvieron relacionadas con
movimientos revolucionarios. Por ejemplo, en los años de la Primera Guerra
Mundial hubo una crisis profunda del capitalismo de entonces, y relacionado
con ello se produjo el triunfo de la primera revolución socialista de la
historia en Rusia. Sin embargo, la crisis de los años 30, estuvo vinculada
con el surgimiento del fascismo, puesto que en Alemania e Italia, la
desesperación que en las masas provocó la crisis fue capitalizada por la
derecha, y fueron conducidas hacia posiciones de extrema derecha, fascistas,
chovinistas, ultranacionalistas.
Lo que quiero enfatizar con esto es que nada está escrito ineluctablemente
en la historia, todo depende de la pericia, del arte de las fuerzas
políticas que estén contendiendo. Dentro de las circunstancias actuales,
creo que hay un razonable espacio para pensar en cambios: estamos en un
momento a mi juicio favorable para que esta crisis se relacione con una
radicalización de movimientos anticapitalistas.
Es una crisis cíclica más, pero es diferente ¿qué factores la distinguen?
Yo creo que son diferencias especialmente de contexto. Esta crisis es
especialmente complicada porque complicada es la economía mundial de esta
época, mucho más que la de 1929. En primer lugar, el nivel de globalización
de la economía es enormemente superior, lo que se refiere al grado de
interconexión que tienen las economías nacionales y que en 1929 era todavía
incipiente, correspondiente a las tecnologías de la época, sobre todo en el
transporte y las comunicaciones. En aquella época no había Internet, ni
correo electrónico, ni aviación a reacción; se dependía del telégrafo, el
teléfono era muy imperfecto todavía, y los aviones apenas empezaban a volar.
En estos momentos, la situación es muy distinta. La globalización es de tal
naturaleza que cualquier suceso que ocurra en una economía de cierto peso
repercute en minutos en el resto del mundo. Hay una gran interconexión de
los mercados, especialmente de los mercados financieros a nivel global, y
eso significa que la economía mundial es como una telaraña en la cual todos
estamos prendidos, y un movimiento en cualquier parte de esa telaraña se
siente inmediatamente en las otras partes. Por tanto, la capacidad de
difusión de la crisis hoy es muchísimo más intensa que en 1929. Esa es la
primera diferencia.
La segunda es un nivel de financierización de la economía mundial
enormemente superior también. El monto del capital especulativo y la
naturaleza de las acciones de ese capital son mucho más intensos que en
1929. En aquella época había bolsas de valores, pero su funcionamiento era
mucho más simple. Hoy la especulación financiera alcanza una sofisticación
inmensa, y esa sofisticación es a la vez uno de los puntos débiles, es
decir, se hacen operaciones especulativas tan sofisticadas, riesgosas,
irreales, y tan estafadoras, que han estado en la base de la explosión
financiera que ha ocurrido.
Hasta el momento no se han tomado medidas lo suficientemente radicales para
frenar la crisis, pero poco a poco vemos cómo el Estado, sobre todo en
Estados Unidos, está interviniendo para evitar la quiebra de compañías,
empresas., con lo que toma un "protagonismo" que recuerda el keynesianismo
utilizado por Franklin D. Roosevelt para salir de la crisis de los 30. Hoy
se dice que un "neo-keynesianismo" será la alternativa.
En esencia eso es lo que están intentando: aplicar un cierto
neo-keynesianismo que todavía se presenta muy difuso. Se ve en lo que ha
anunciado el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, acerca de la
realización de un gran plan de obras públicas con la cual pretenden
reconstruir todo el sistema vial (carreteras, puentes, etc.). Ese es un muy
típico recurso keynesiano para generar empleo e ingresos, y estimular la
demanda. Pero al mismo tiempo eso se está combinando con otras cosas que son
contradictorias, como el hecho de rescatar a los especuladores fracasados y
destinar sumas de dinero gigantescas a recomponer la estructura especulativa
que fracasó y se hundió.
Esto es contradictorio con el propio keynesianismo, y es la expresión clara
de que los neoliberales continúan teniendo importantísimas posiciones de
poder, de hecho, no han sido desplazados del poder todavía. Estamos ante una
pugna entre un neoliberalismo que no se resigna a morir y un
neo-keynesianismo que pretende establecerse.
Ahora, yo tengo muchas dudas de que el neo-keynesianismo, incluso aplicado
con rigor, pueda ser la solución de esta crisis, puesto que esta crisis
tiene ya otros componentes nuevos. Esta crisis combina elementos de
superproducción y de subproducción al mismo tiempo; es una crisis que
coincide con un punto tal de agresión al medio ambiente, que ya no es solo
económica sino ambiental también, con lo cual ya está entrando en juego la
supervivencia de la especie humana y la supervivencia de la condiciones para
la vida humana en el planeta.
¿Quiere decir que, como ya ha sucedido, el keynesianismo será una solución
temporal que sólo maquillará los problemas sin ir a su esencia?
Por supuesto. No se puede pensar que el keynesianismo y el
neo-keynesianismo, constituyen una receta infalible para solucionar los
problemas económicos del capitalismo. El capitalismo ha tenido grandes
crisis con políticas neoliberales y con políticas keynesianas también. Del
año 73 al 75 hubo una profunda crisis capitalista que ocurrió bajo políticas
keynesianas, y fue justamente un factor impulsó a la sustitución de la
política keynesiana por la política neoliberal.
No debemos creer esa falsa dicotomía de que el neoliberalismo impulsa la
crisis y el keynesianismo la resuelve. Sencillamente, el sistema es
contradictorio y tiende periódicamente a las crisis económicas. Las
políticas económicas, sean neoliberales o keynesianas, pueden facilitar,
retardar, estimular, pero no son capaces de eliminar las crisis
capitalistas.
Entonces queda una solución: el socialismo.
Sin dudas. Estoy más convencido que nunca de eso y pienso que hoy está
planteado con mucha claridad el dilema de Rosa de Luxemburgo: "Socialismo o
barbarie". No creo que la humanidad regrese a la barbarie, siquiera sea
porque el instinto de conservación es el más fuerte de todos.
La condición racional creo que prevalecerá, y esa condición racional implica
también el sentido de justicia social. Creo que prevalecerá la superación
del capitalismo, y la puesta en práctica del socialismo creativo, el
socialismo como una permanente búsqueda, lo cual no niega que el sistema
tiene ciertos principios generales básicos comunes para todos los
socialismos; pero a partir de ellos se abre un inmenso campo de
experimentación, de polémica, de creación.
¿Y eso sería el socialismo del siglo XXI?
Creo que sí.
El presidente Rafael Correa, en su conferencia en el Aula Magna de la
Universidad de La Habana en enero de este año, explicó que uno de los
problemas del socialismo era haber conservado un modelo de desarrollo igual
al capitalismo; es decir, un camino diferente y más justo para llegar a lo
mismo: Producto Interno Bruto, industrialización, acumulación, ¿qué cree
usted sobre esto?
Eso es algo muy bien planteado por Correa. El socialismo de los países del
Campo Socialista repitió el modelo de desarrollo del capitalismo, en el
sentido de concebirlo como un resultado cuantitativo de crecimiento de
fuerzas productivas. Así se establecía una competencia puramente
cuantitativa con el capitalismo, y el desarrollo consistía en llegar a eso,
sin darse cuenta de que el modelo de desarrollo capitalista es la
estructuración de una sociedad de consumo imposible de concebir para toda la
humanidad.
El planeta no lo resistiría. Es imposible repetir el modelo del automóvil
individual para cada familia, el modelo de la sociedad norteamericana
idílica, de la sociedad de Hollywood, absolutamente imposible, y es
imposible también que esa siga siendo la realidad para una parte de los 250
millones de personas en Estados Unidos, y una enorme retaguardia de pobreza
en el resto del mundo. Por tanto, es necesario concebir otro modelo de
desarrollo en el cual haya una compatibilidad con el medio ambiente y un
criterio mucho más colectivo de funcionamiento.
Aunque le escuché muchísimas cosas acertadas, hubo una que me parece
desacertada. En su entrevista por televisión, cuando hablaba de ese
socialismo del siglo XXI, con el yo estoy totalmente de acuerdo, se refirió
a cosas que estarían obsoletas y que hay que desechar. Entre ellas,
mencionaba la lucha de clases, y creo que lo que él explicaba en su
conferencia en el Aula Magna sobre las luchas políticas que tiene frente a
sí en Ecuador, lo que él está describiendo no es más que un episodio de la
lucha de clases, en la cual el proyecto que él representa está inmerso.
¿Quiénes se oponen a ese proyecto? Sin duda alguna, la oligarquía, la
burguesía. ¿En quién se puede apoyar él para oponerse a esos enemigos? En
los trabajadores, los campesinos, los indígenas. No estoy pensado en una
delimitación clasista estrecha y clásica, sino en la existencia indudable de
clases sociales entendidas en un sentido amplio, y la lucha de ellas es algo
innegable, evidente. Si negamos la lucha de clases, entonces, ¿qué nos
quedaría? ¿la colaboración de clases? No creo que se pueda marchar al
socialismo del siglo XXI en Ecuador con al colaboración de Gustavo Novoa, o
con ese sector de la iglesia católica y todos los que hoy tratan de
derrocarlo.
En el mundo se han creado muchas expectativas en torno a la nueva
presidencia de Barack Obama en Estados Unidos, ¿qué papel puede jugar la
gestión de su gobierno para la salida de la crisis?
Yo no tengo muchas esperanzas de cambio con el gobierno de Barack Obama,
creo que puede representar un cierto cambio más cosmético que profundo en la
política norteamericana. A mi juicio, él representa la posición de un sector
político de Estados Unidos que comprendió que era imposible continuar con un
régimen tan impopular, desgastado y desagradable como el de George Bush. No
obstante, hay un factor que debemos tener en cuenta, y concederle al menos
el beneficio de la duda: una cosa pueden ser las ideas de Obama y otra cosa
puede ser hasta dónde la profundidad de la crisis económica pueda empujarlo.
Y utilizo otra vez como recurso volver a los años treinta.
En 1932, en plena intensidad de la crisis, llegó a la presidencia Franklin
D. Roosevelt, y las ideas de su plataforma electoral en realidad no eran
nada extraordinarias, no hubo planteamientos que permitieran adivinar lo que
en la práctica haría: su política de activa intervención del estado en la
economía, de apoyarse en el sector sindical, de regular la economía privada
norteamericana con un sentido de economía nacional.
Todas las medidas que tomó Roosevelt fueron más el resultado de lo que la
crisis le obligó a hacer, que de una filosofía política que a priori
tuviera. Algo similar pudiera ocurrir con Obama, hay que darle el beneficio
de la duda para ver hasta dónde la crisis lo puede empujar.
En las últimas semanas se ha hablado sobre el papel de la integración
latinoamericana en el enfrentamiento a la crisis, y aunque la integración se
encuentra en proceso de conformación, ha habido cambios a niveles
estructurales que se han ido concretando. Entonces, ¿cómo la integración nos
puede ayudar a enfrentar la crisis como región y como país?
Yo creo que un aspecto estratégico decisivo del futuro de América Latina y
el Caribe es la integración, por supuesto, no como apéndice subordinado a
Estados Unidos, sino la integración de América Latina y el Caribe consigo
misma. Lo que ha primado en la integración latinoamericana durante décadas
ha sido la retórica y no la práctica. Ahora estamos asistiendo a los inicios
de un nuevo momento marcado especialmente por la Cumbre de Salvador de
Bahía, efectuada en diciembre pasado, y en la que Cuba ingresó al Grupo de
Río. También tenemos la Alternativa Bolivariana para las Américas, un nuevo
modelo integración basado en la solidaridad y la cooperación, no en el
mercado.
Esta situación coincide con la gran crisis que obliga a América Latina a
repensar toda su inserción en la economía mundial. Coincide además con la
profunda crisis de la política neoliberal que determinó todo en América
Latina en los últimos 30 años. Es un gran momento, y pienso que hay un
razonable grado de posibilidad de que la verdadera integración
latinoamericana y caribeña comience a dar pasos firmes.
Una de las cosas que algunos autores señalan es que tras esta gran crisis
económica, la economía mundial quede estructurada en grandes bloques
regionales: uno en Asia, otro que seguirá existiendo en América del Norte y
uno nuevo conformado en América Latina. Esa es una posibilidad muy
interesante.
*La autora es estudiante de Periodismo de la Universidad de La Habana.
Si esta situación ha sorprendido a medio mundo, en Cuba no ha sido tanto.
Hace casi una década, el Comandante Fidel Castro advirtió que las
condiciones estaban creadas para el estallido de una crisis de grandes
dimensiones. Osvaldo Martínez, director del Centro de Investigaciones de la
Economía Mundial y presidente de la Comisión de Asuntos Económicos de la
Asamblea Nacional del Poder Popular, también alertó sobre el tema en varias
ocasiones. Conversando sobre aquellos años previos, el doctor en Ciencias
Económicas recuerda: "nos criticaron mucho, nos llamaron catastrofistas,
pero finalmente la crisis llegó".
El año 2009 ha empezado convulso. La crisis económica internacional encabeza
la agenda de gobiernos, empresas, organizaciones internacionales, y también
de personas cuya preocupación radica en el techo y el plato de comida.
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