"Una tarde muy triste, para consolarme, y también para disculparme por haber tenido que dejarlo solo en la vida a sus 75 años de vida enfrentándose a la dura crianza de animales traté de recordar y escribir la imagen de papá que me parecía más feliz, la que mi memoria podía ofrecer como prueba de qué, al fin de cuentas, nos quisimos y compartimos, del modo equívoco en que pueden compartir algo de sus vidas un padre y un hijo, momentos dichosos. En una de las mesas del bar. de la ciudad donde vivo, mientras esperaba al mozo que me trajera la sexta botella que me ayudaría a sobrellevar esta soledad tan mía como el frió de las noches iqueñas, sobre unas servilletas que después guardé dentro de un libro y al final perdí, escribí que si alguien me preguntaba en ese momento cuál era la imagen de papá que más me gustaba recordar mi respuesta inmediata habría sido: la imagen de papá esperándome en las afueras de llegada de una agencia de autos, o mejor, la imagen de papá en el momento en que me reconoce entre los pasajeros que descienden. Puede ser en aquella agencia "sumari", incluso en el ómnibus de garayar, cuando viajaba a verlo de cuando en cuando y muy a lo lejos, a mi tierra Huancasancos donde el vivió y murió. Ya se detuvo y desde el asiento del carro los ansiosos que apuramos la llegada descubro a papá entre los que esperan. Todavía no me ve y está alerta, en una anticipación de todo el cuerpo que se prepara para la alegría de los besos y los abrazos. Ahora sí, me descubre, y viene a mi encuentro. Se mueve con una mezcla de dureza y plasticidad que, sin proponérselo, resulta elegante, como si en el presente del cariño algo del pudor y la timidez originarios se ablandara con la visión de la llegada del hijo. Sonríe, con entusiasmo, con generosidad, y la cara, que ya era encantadora en la espera, ahora resplandece. Aquí no hay dudas, la fuerza de esta imagen suspende la cantinela familiar de los olvidos y los resentimientos. Acabo de llegar y, sin decir nada y sin saberlo, papá me da lo mejor que un padre le puede dar a un hijo: la certidumbre de que eres bienvenido."