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info.astro 16 de noviembre de 2001
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ESPECIAL LEÓNIDAS 2001 http://www.infoastro.com
· Editorial
- Chaparrón de estrellas fugaces a la vista
· NASA@...
- Las Leónidas nos dejarán estupefactos
· Noticias
- Predicciones para las Leónidas 2001
- ¿Qué son las Leónidas?
- Cómo observar las Leónidas
- Historia de las Leónidas
· Actividades
- Red de Observadores Mexicana: Leónidas 2001
· Diálogos
- Un día en la vida de un astrofísico
-- Editorial ---------------------------------------------------------
>> Chaparrón de estrellas fugaces a la vista
Desde el día 5 de noviembre, en España se ha celebrado la Semana de
la Ciencia y la Tecnología. En info.astro hemos querido sumarnos,
a esta iniciativa, aunque modestamente, con la publicación de dos
artículos de Inés Rodríguez Hidalgo (investigadora del Instituto de
Astrofísica de Canarias) sobre la labor del astrónomo profesional y
cómo convertirse en uno. Dichos artículos están disponibles en nuestro
web en la sección Diálogos http://infoastro.com/dialogos/
De forma coincidente, y coincidiendo con la finalización de esta
Semana, la noche del 17 al 18 de noviembre los observadores situados
en América y el Océano Pacífico disfrutarán de la mejor lluvia de
meteoros desde 1966, según las predicciones realizadas por diferentes
expertos. En nuestra página, y desde la semana pasada, hemos estado
publicando toda la información indispensable para que cualquier
persona dispuesta pueda observar y comprender el fenómeno.
Para facilitar esta labor, hemos publicado un Guía de Observación de
las Leónidas 2001 destinada tanto a observadores del Hemisferio Norte
como del Hemisferio Sur y que ha contado con la colaboración de
nuestros amigos de CieloSur.com.
La Guía puede descargarse en formato PDF (de 2,5 MB) desde
http://www.infoastro.com/especiales/leonidas2001/leonidas.pdf y en
ella se puede encontrar, además, dos planisferios para localizar la
constelación de Leo la noche del 17 al 18 de noviembre.
Les animamos a disfrutar de una noche de estrellas fugaces (la
entrada es gratuita).
Buenas noches... de observación, naturalmente.
-- NASA@... ---------------------------------------------------
>> Las Leónidas nos dejarán estupefactos
Por Dr. Tony Phillips <phillips@...>
14 nov 2001 - Este 18 de noviembre, en algún lugar de la Tierra, los
observadores del cielo verán una deslumbrante tormenta de meteoros
Leónidas.
Nunca olvidaré la noche del 17 de noviembre de 1998. Hacía frío
afuera de mi casa en las montañas, a 3 000 metros de altura. Los
cielos eran claros como un cristal. Y estaba muy oscuro.
Excepto por la bolas de fuego...
Me encontraba observando el cielo con un amigo, ambos astrónomos con
experiencia. Sin embargo, nos quedamos mirando hacia arriba como un
par de novatos, boquiabiertos, como si nunca antes hubiéramos visto el
cielo.
Estábamos siendo testigos de la tormenta anual de meteoros de las
Leónidas. Sólo que éstos no eran Leónidas ordinarios. Estos eran
brillantes, vívidos, verdaderas bolas de fuego que hasta generaban
sombras sobre el suelo. Cada cinco minutos más o menos veíamos uno tan
brillante como Venus, y un buen número de ellos bien pudiesen haber
opacado a la Luna llena. Algunos de los más impresionantes dejaban
tras de sí brillantes estelas de polvo cósmico que permanecían por un
buen rato en el cielo, retorciéndose y doblándose conforme eran
atusadas por los vientos de gran altura.
Fue inolvidable...
En los años siguientes he oído a los observadores del cielo
referirse a aquel evento como la "Tormenta de Bolas de Fuego de las
Leónidas de 1998". Pero no fué realmente una tormenta. La tasa de
meteoros aquella noche nunca excedió de unos cientos de meteoros por
hora. "Se define como tormenta de meteoros a aquella en que los
observadores pueden ver 1000 o más por hora", dice Bill Cooke del
Centro Marshall para Vuelos Espaciales (Marshall Space Flight Center)
de la NASA. "Las Leónidas de 1998 -- tan espectaculares como lo fueron
-- no eran realmente una tormenta con todas las de la ley."
Pero las Leónidas del 2001 sí lo serán.
Cooke y otros expertos están de acuerdo en que cuando las Leónidas
regresen este mes, los observadores del cielo en ciertas partes del
mundo verán un despliegue aún mejor que el de 1998. En verdad, dice
Cooke, "lo que viene este 18 de noviembre podría ser el evento más
grande desde 1966 [cuando los norteamericanos disfrutaron de una
tormenta de meteoros Leónidas con una intensidad que superó las 100
000 estrellas fugaces por hora]".
Los observadores en Norteamérica, Hawai, Australia y los países de
Asia que se encuentren a lo largo de las orillas del Pacífico serán
favorecidos con las mejores vistas de los Leónidas del 2001. Las tasas
de meteoros en dichos lugares podrían llegar a los 8000 por hora -- ni
remotamente tan intensas como la tormenta de 1966, pero más que
suficientes para dejar a un observador con la boca abierta.
Las tormentas Leónidas ocurren cuando la Tierra pasa a través de
nubes de desechos polvorosos esparcidos por el cometa
55P/Tempel-Tuttle, cuando este se acerca al Sol cada 33 años. Este año
nuestro planeta se prepara para encontrarse de cerca con cuatro de
éstas nubes, que surgieron del Tempel-Tuttle en 1699, 1766, 1799 y
1866.
"Cada encuentro con una nube de polvo producirá un estallido de
Leónidas en algún lugar de nuestro planeta", explica Cooke. "Por
ejemplo, el mejor lugar para ver los meteoroides de la nube 1799 es
Hawai. ¡Ahí es donde yo estaré! La nube 1766 producirá un chubasco de
Leónidas sobre Norteamérica, mientras que las nubes 1699 y 1866 harán
llover meteoros sobre Australia y Asia.
"Estas nubes son largas y delgadas, como la cola de un cometa,",
dice Cooke. "Las más jóvenes son aproximadamente de sólo unos 10
diámetros terrestres". Nuestras posibilidades de acertar con algo
delgado y en forma de filamento, son pocas. De hecho, la mayoría de
los años en noviembre las erramos por completo. La Tierra se desliza
entre las nubes donde hay solo unos cuantos meteoros. En esas
ocasiones, las tasas de meteoros Leónidas permanecen bajas: de sólo
unos 10 o 15 meteoros por hora.
"En 1998 pasamos a través de material que fue esparcido por el
cometa en el año 1333", dice Cooke. "Ese filamento era viejo y algo
extendido", de modo que sus tasas nunca llegaron a ser de tormenta.
Fue espectacular, sin embargo porque "los pedacitos de polvo más
pequeños en el interior de esa nube habían estallado hace mucho tiempo
por la presión de la radiación solar. Solamente los meteoros más
grandes quedaron intactos -- y de ahí las bolas de fuego".
"Este año 2001 estaremos pasando por nubes relativamente jóvenes,
con mayor concentración de meteoroides pequeños", añade Cooke. "Los
observadores de 1998 que recuerdan sobre todo las bolas de fuego,
serán en cambio sorprendidos este año por un mayor número de meteoros
ordinarios".
Aunque ciertas partes del mundo serán favorecidas este año con una
actividad intensa, Cooke nos recomienda a todos mirar el cielo este 18
de noviembre. "Las Leónidas podrían sorprendernos", dice. Los
estallidos previstos podrían extinguirse, y la actividad podría
incrementarse inesperadamente.
Los observadores de meteoros veteranos están pendientes de los
pronósticos de las Leónidas porque la ciencia de predecir tormentas de
meteoros de las Leónidas es aún algo reciente. Las técnicas básicas
fueron probadas hace sólo tres años por los astrónomos David Asher
(Observatorio de Armagh) y Rob McNaught (Universidad Nacional de
Australia). Ellos predijeron correctamente una ligera tormenta de
meteoros sobre el Medio Oriente y Europa en 1999. Después, en el 2000,
ellos y otros usaron métodos similares para predecir los horarios de
otros tres chubascos de meteoros. Es un récord prometedor, pero de
ningún modo está aún bien establecido.
Si usted está resuelto a observar algunas Leónidas este año, esta es
la mejor estrategia: Vístase abrigado y viaje (si es necesario) hacia
algún lugar alejado de la contaminación lumínica de la ciudad. Esté
preparado para observar el cielo entre la media noche y el amanecer
del domingo 18 de noviembre. La tasa de meteoros probablemente será
baja cerca de la medianoche -- aunque es una buena hora para ver
bellas Leónidas rasantes -- y después se incrementará en unos 10 o 20
meteoros por hora hasta el amanecer. Si usted tiene suerte, podrá ser
testigo de un estallido con categoría de tormenta y contar miles de
estrellas fugaces.
Con las Leónidas no hay garantía.
No importa, la siguiente tormenta seguramente enviará a algunos
observadores del cielo a sus casas con recuerdos perdurables. "Yo
nunca olvidaré la noche del 18 de noviembre del 2001", recordarán
dentro de algunos años -- tal y como yo recuerdo las Leónidas de 1998.
Otros, tal vez, tendrán algo más que una noche tranquila bajo las
estrellas. Una cosa es segura: Si usted se queda adentro de su casa,
¡No verá nada!
Visite SpaceWeather.com para leer más recomendaciones de observación
(¡en español!) y para actualizaciones en tiempo real, así como
imágenes durante la tormenta de meteoros.
Nota del Editor para lectores en Sur América: En el enlace mencionado
arriba, le recomendamos leer los pronósticos de tasa horaria cenital
para su ciudad (o la ciudad mas cercana a su localidad entre las que
estén en la lista). Es probable que (de acuerdo a los modelos) las
tasas horarias cenitales sean bajas en la parte sur del continente
americano, aunque el radiante si estará presente en el cielo. Será por
lo tanto recomendable observar el cielo durante las horas de tasa
máxima prevista.
NASA@... es una sección de artículos oficiles de la NASA, que
se publican con el consentimiento expreso del Directorado de Ciencias
del Marshall Space Flight Center de la NASA, gracias a su iniciativa
Ciencia@NASA. http://www.infoastro.com/nasa/
Editor: Dr. Tony Phillips, Curador: Bryan Walls, Relaciones con la
prensa: Steve Roy, Oficial Responsable NASA: Ron Koczor, Traducción al
español: Carlos Román, Edición en español: Héctor Medina
-- Noticias ----------------------------------------------------------
>> Predicciones para las Leónidas 2001
9 nov 2001 - Las Leónidas 2001 podrían dar el campanazo: la mejor
lluvia de meteoros en 35 años... sólo para los observadores el Océano
Pacífico y América. Europa, África y Oriente Medio se tendrán que
resignar este año con "los restos".
Actividad prevista
En 1999, los astrónomos consiguieron un gran éxito al lograr, por
vez primera en la historia, determinar la hora exacta del máximo de
una lluvia de estrellas fugaces con un error menor al minuto. El año
pasado fueron de nuevo varios los modelos que se obtuvieron un índice
alto de acierto. En general, parece que la predicción de las horas
está afinada y se conoce con cierta exactitud cómo se distribuyen las
partículas del cometa en el "tubo meteórico". Sin embargo, en lo que
aún hay muchas dudas es en la previsión de actividad.
La totalidad de las predicciones realizadas para este año, por
distintos modelos y expertos, están de acuerdo en algo: desde Europa
(y salvo sorpresa mayúscula) no se verá ninguna actividad digna de
contar a nuestros nietos: exactamente lo contrario que en América y el
Océano Pacífico. Las tasas de actividad de las Leónidas podrían ser
las mayores registradas desde 1966, también protagonizada por este
radiante.
Según todos los modelos teóricos, habrán dos grandes máximos de
actividad, uno hacia las 10h TU del día 18 nov 2001, y otro hacia las
18h TU, también del 18. Entre los diferentes modelos, hay pequeñas
desacuerdos de la tasa máxima y de las pendientes de actividad.
Regiones más favorables
Lo que queda claro que para los habitantes de Oriente Medio, Europa
y África es que quedan descartados de las "tracas" más apetecibles,
aunque la actividad residual podría ser bastante mejor que las
conocidas Perséidas de agosto (por contra, parece descartable un
espectáculo como el de 1999, que en España alcanzó los 5000 meteoros
por hora).
Los observadores americanos, sin embargo, tienen una oportunidad
excelente con el primer pico de actividad, el de las 10h TU, antes del
amanecer, que según P. Jenniskens llegaría a tener unos 4000
meteoros/hora de máximo y según D. Asher y R. McNaught, "sólo" 800
met/h.
El gran máximo, el de las 18h TU, ocurrirá cuando aún es de noche en
el Pacífico: China, Japón, Australia, serán algunos de los países
afortunados que podrán observar un máximo de 8000 met/h, según las
predicciones más optimistas.
Recordemos que el Tiempo Universal (TU) equivale al tiempo local en
Canarias, pero que en el resto de España, la hora local equivalente
obtiene sumando una hora al TU (p.e., 09:20 TU = 10:20 hora local). En
América hay que restar entre 5 y 8 horas al TU para obtener la hora
local.
>> ¿Qué son las Leónidas?
9 nov 2001 - Las Leónidas es una lluvia de estrellas fugaces que
puede verse a simple vista. A continuación se detalla su origen y
naturaleza.
Cometas y meteoros
Las Leónidas son una lluvia de estrellas fugaces (meteoros) visible
durante noviembre y suelen tener su máximo hacia el día 18 de
noviembre todos los años. El fenómeno de las estrellas fugaces está
causado por pequeñas partículas de polvo cometario que se desintegran
en contacto con la atmósfera terrestre.
En el caso de las Leónidas las desprende el cometa Tempel-Tuttle.
Este cometa da una vuelta alrededor del Sol cada 33 años. El cometa
Temple-Tuttle fue descubierto el 19 dic 1865 por Ernst Wilhelm
Liebrecht Tempel desde Francia, e independientemente por Horace
Parnell Tuttle el 6 ene 1866 desde EEUU. Recibe la catalogación de
"55P" por ser el 55º cometa periódico descubierto (el 1P es el cometa
Halley).
Cuando un cometa está cerca del Sol, sobre todo a partir de que
cruza la órbita de Marte, su actividad se incrementa notablemente
debido a la cantidad de energía solar que llega al núcleo cometario.
Como consecuencia, se emiten gases y partículas de polvo: es lo que
vemos como la cola del cometa. Estas partículas se quedan orbitando
alrededor del Sol con una trayectoria similar (pero no exactamente
igual) al de su cometa padre, en este caso, el Tempel-Tuttle. Tras
cada paso alrededor del Sol, el cometa crea una nueva fuente de
material fresco en forma de pequeñas partículas.
El fenómeno de las estrellas fugaces
¿Cual es la relación entre los cometas, las partículas que desprende
y las estrellas fugaces? Es fácil de deducir. Hay muchos cometas en el
Sistema Solar. Algunos de ellos permanecen orbitando a distancias
enormes, y otros se acercan mucho al Sol. Es éste segundo grupo el que
nos interesa: cometas que cortan en algún momento la órbita de la
Tierra (o que pasan muy cerca).
Cuando la Tierra cruza la órbita de un cometa y se encuentra con
material que ha desprendido, las partículas entran en nuestra
atmósfera y se desintegran. La desintegración, que se produce a unos
100 km de altura, deja un rastro luminoso y es lo que observamos como
estrella fugaz.
Si queremos observar un buen espectáculo, con una gran cantidad de
meteoros, tendremos que ver qué cometas producen mayor cantidad de
material. Los más correctos son aquellos con periodos cortos que se
acercan periódicamente al Sol. Y, como hemos visto, el Tempel-Tuttle
sólo tarda 33 años. La Tierra pasa a menos de 1,2 millones de
kilómetros de la órbita del Tempel-Tuttle hacia el 18 noviembre, cada
año. En un año regular, la actividad de las Leónidas no es llamativa.
Sin embargo, cuando el Tempel-Tuttle está muy cerca del Sol, la
Tierra se encuentra con una mayor densidad en el tubo meteórico de las
Leónidas. Es por lo que, cada 33 años, se suele producir "tormentas"
en esta lluvia de estrellas fugaces. La última fue en 1966, pero
durante el siglo XIX también se registraron grandes tasas de
actividad. En la historia han sido muchas las ocasiones de memorables
espectáculos "leoninos"... no siempre comprendidos por los
observadores.
En 1999, los modelos téoricos propuestos por varios astrónomos
predijeron correctamente, y por vez primera en la historia de la
Ciencia, la hora exacta de un máximo meteórico (con el número de
meteoros por hora no tuvieron tanta suerte).
¿Por qué son Leónidas?
Por un efecto de perspectiva, cuando observamos en el cielo a las
Leónidas todas parecen radiar de un punto situado en la constelación
de Leo y esta es la razón de su nombre.
Hay otras muchas lluvias bien conocidas. Por ejemplo, las Perseidas,
cuyo máximo es a mediados de agosto, están asociadas al cometa
Swift-Tuttle con unos 100 meteoros a la hora. Otra lluvia muy activa
son las Gemínidas, cuyo máximo ocurre a mediados de diciembre. El
cometa Halley tiene no una, sino dos lluvias asociadas: las Oriónidas
(en mayo) y las eta Acuáridas (en octubre), puesto que la Tierra cruza
dos veces su órbita.
>> Cómo observar las Leónidas
9 nov 2001 - A continuación describimos los consejos más útiles para
observar las Leónidas: cómo, dónde y cuándo.
Si nos guiamos por las predicciones, es igual de recomendable
observar la madrugada del 18 y del 19. Afortundamente este año, al
contrario que el pasado, la luna no molestará, ya que está en cuarto
creciente y se pone temprano.
La constelación de Leo, el radiante de donde salen los meteoros, no
sale del horizonte hasta la medianoche local, por tanto, observar
antes no es necesario. Leo aparecerá por el horizonte Este. Los
meteoros, saldrán de esta constelación, pero se dirigirán a cualquier
parte del cielo. No es recomendable observar directamente a Leo, sino
a 45° de la constelación (tres o cuatro palmos).
Para observar las Leónidas de este año harán falta sobre todo ganas
y equipamiento para matar el frío (al menos en el Hemisferio Norte).
Es aconsejable huir de las grandes urbes y encontrar cielos lo más
oscuros posibles.
Si se presentara una actividad mayor a 300 met/h, sobrará cualquier
recomendación para la observación de meteoros: ver meteoros será no
requerirá ningún esfuerzo.
>> Historia de las Leónidas
Por Víctor R. Ruiz <info@...>
12 nov 2001 - Si tomáramos en serio el Apocalipsis de San Juan, el
mundo moderno debió desaparecer alrededor del año 1833.
En noviembre de ese año, una increíble lluvia de estrellas cubrió
todo el cielo, cundiendo el pánico entre la población mundial. Dicho
fenómeno, conocido como las Leónidas, se ha venido repitiendo desde
entonces cada 33 años, aunque no con la misma intensidad. La noche del
17 al 18 de noviembre de 2001 es la próxima cita.
Historia
La historia de esta tormenta de estrellas fugaces va muy ligada al
descubrimiento de la naturaleza del fenómeno. La noche del 12 al 13
nov 1833 una inusual actividad de meteoros (o estrellas fugaces) pudo
obervarse desde América. Poco después de la puesta de sol se contempló
una gran cantidad de meteoros. La actividad fue creciendo
paulatinamente y tuvo su máximo nivel poco antes de la salida del sol,
la madrugada del día 13. En ese momento, los meteoros inundaron todo
el cielo, ofreciendo un espectáculo único y terrorífico para las
gentes de la época. Agnes Clerke: "En la noche del 12 al 13 de
noviembre de 1833 una tempestad de estrellas fugaces cayó sobre la
Tierra. Todo el cielo estaba surcada de trazos y de majestuosos
bólidos que iluminaban el cielo. En Boston, la frecuencia de los
meteoros se estimó como la mitad de los copos de nieve que se ven en
una fuerte tormenta".
Aquella noche, muchas personas creyeron que había llegado el Día del
Jucio Final. El hecho conmocionó a las gentes de aquella época. No en
vano el historiador estadounidense R.M. Devens tenía en su lista a
esta tormenta entre los eventos más importantes de EEUU. Devens
escribió que "durante las tres horas del suceso, se creyó que el
Juicio Final esperaba sólo a la salida del Sol y, aún muchas horas
después del cese de la lluvia, los supersticiosos creían que el Día
Final llegaría en sólo una semana". Este relato parece trasladarnos en
el tiempo a las épocas de la Edad Media. Joe Rao afirma que para los
EEUU la tormenta de las Leónidas de 1833 supuso una revitalización del
fervor religioso que desde entonces y hasta nuestros días se han
arraigado en forma de sectas.
Pero el Apocalipsis de San Juan no se llegó a cumplir. ¿Cual era el
origen real de los meteoros? Algunos periódicos se aventuraron a
publicar algunas hipótesis. El diario Charleston Courier, por ejemplo,
afirmaba que las estrellas fugaces eran gases, como el hidrógeno, que
procedentes del Sol se incendiaban en la atmósfera debido a la
electricidad o por la acción de partículas fosfóricas. El United
States Telegraph de Washington (EEUU) tenía su propia teoría: "El
intenso viento del Sur de ayer ha podido encontrarse con una masa de
aire electrificado, que, debido al frío de la mañana, hizo descargar
sus contenidos sobre la tierra".
Como hemos visto, en 1833 era creencia común que las estrellas
fugaces eran fenómenos atmosféricos y de ahí su nombre de meteoros.
Pero la obstinación científica de un profesor de la Universidad de
Yale, puso luz sobre la naturaleza de las estrellas fugaces. Después
de varios meses de intenso estudio, en 1834 Denison Olmsted publicó
sus conclusiones. Constató que en el año 1832 se había visto una
actividad algo más alta de lo normal, tanto en Europa como Medio
Oriente, pero en 1833 sólo se había visto la tormenta de meteoros
desde la parte oeste de EEUU. A partir de sus propias observaciones,
calculó el punto celeste de donde parecían radiar los meteoros de la
tormenta, situándolo en la constelación de Leo. Denison,
acertadamente, concluyó que las estrellas fugaces provenían de una
nube de partículas situada en el espacio.
La expectación surgida en los entornos astronómicos a partir de la
tormenta de las Leónidas de 1833, instó a la revisión de los registros
astronómicos de siglos anteriores. Resumiendo todos los datos
disponibles hasta 1837, Wilhelm Olbers determinó el periodo de las
tormentas de Leónidas en 33-34 años, prediciendo un nuevo máximo en
1866. Y mientras se acercaba esa fecha, nuevos datos iban apareciendo
gracias a la labor de investigación histórica. Salieron a la luz
observaciones de la tormenta en los años 585, 902, 1592 y 1698.
Llegado el año de 1866, y tal como había predicho Olbers, la
tormenta de las Leónidas mostró tasas de actividad máximas de 17.000
meteoros por hora. En 1867 también se tuvo gran actividad, de 6.000
meteoros/hora.
Otra fecha para recordar en la historia de la astronomía es la del
19 de diciembre de 1865. Ese día un astrónomo francés, Ernst Tempel,
descubrió un cometa de moderado brillo en la Osa Mayor. Semanas más
tarde, el Horace Tuttle desde EEUU realizaba un descubrimiento
independiente del cometa. Dos años más tarde los astrónomos pudieron
calcular la órbita del cometa Tempel-Tuttle y compararla con las de
las partículas de las Leónidas. Varios autores, entre los que se
encuentra Giovanni Schiaparelli, se dieron cuenta de la similitud de
las trayectorias en torno al Sol de los meteoros y del cometa. Final y
acertadamente determinaron que la "nube espacial" de Denison era
producida por el cometa P/Tempel-Tuttle.
Ahora conocemos que la Tierra cruza por la nube de materia dejada
por el cometa Tempel-Tuttle cada año hacia el mes de noviembre,
produciendo una actividad baja de sólo 50 meteoros/hora. Para que se
produzca una actividad muy alta (tormenta) el cometa debe estar
situado cerca de la Tierra, algo que ocurre cada 33 años. Dependiendo
de la cercanía del cometa con la Tierra se producirá mayor o menor
actividad. Por esa razón, en algunas tormentas previstas se han
observados unos pocos cientos meteoros por hora y en otras ocasiones
decenas de miles.
Por otra parte, los investigadores han revisado los archivos en
busca de registros históricos del cometa Tempel-Tuttle y han
encontrado gratas sorpresas. La más antigua de las observaciones
corresponde a los chinos y japoneses en el año 1366, quienes lo
situaron en la constelación de la Osa Mayor. 333 años después, G.
Kirch desde Guben (Alemania) observó al Tempel-Tuttle el 26 de
octubre.
La tormenta ha tenido sus más y sus menos desde 1865. En vista de la
gran actividad registrada en noviembre de 1898, con más de 200
meteoros por hora, los astrónomos esperaban contemplar una gran
tormenta al siguiente año y así lo difundieron a bombo y platillo en
los medios de comunicación. Pero llegado el mes noviembre de 1899 tan
sólo se contemplaron entre 50 y 100 meteoros por hora, produciendo una
profunda decepción del público. Para sorpresa de propios y extraños,
en los cuatro años posteriores la actividad de las Leónidas fue
inexplicablemente alta. En 1901 se vieron no menos de 7.000
meteoros/hora; en 1902, 400; y en 1903, unas 200 estrellas fugaces
cada 60 minutos.
El 17 nov 1966 es una fecha mágica para muchos de los observadores
de meteoros que tuvieron la suerte de contemplar el cielo. Durante las
horas anteriores al máximo, se veían 30 meteoros a la hora. Luego 200.
Luego 30 por minuto. ¡Luego cientos por minuto! ¡¡Y después 40 por
segundo!! En algunos pueblos la gente corría a refugiarse en el
interior de sus casas. Dennis Milton, desde el observatorio Kitt Peak
en EEUU, afirmó "Su número era tan grante que nos preguntábamos
cuantos se verían en un segundo si abríamos y cerrábamos los ojos al
mirar sobre nuestras cabezas... una tasa de 150.000 meteoros por hora
se observó durante 20 minutos". Otros observadores estimaron entre
200.000 y un millón el número de estrellas fugaces observadas.
¿El día del Juicio Final?
Dado que las partículas, mayormente microscópicas, de la nube
cometaria del Temple-Tuttle no se desintegran hasta los 100 km de
altura, los satélites artificiales estarán expuestos a un bombardeo
interplanetario. Las partículas que forman parte del enjambre de las
Leónidas poseen unas de las velocidades geocéntricas más altas de
todas las lluvias de estrellas fugaces conocidas. Aunque la mayor
parte de estas partículas son micrométricas, algunas pueden tener
entre gramos o kilos de masa. Teniendo en cuenta que cada meteoroide
se acerca a nuestro planeta a 255.000 km/h, un pequeño grano de arena
leonil podría destrozar con facilidad cualquier ingenio humano en
órbita.
Lejos de estar realizando un comentario oportunista, a principios
de este año se celebró un congreso dedicado especialmente a esta
problemática. William Ailor, de Aerospace Corporation, compareció en
la Cámara Baja estadounidense para comentar las recomendaciones que se
han realizado a los responsables de satélites artificiales en
previsión del máximo de las Leónidas. Durante el periodo del máximo,
los controladores de satélites deben estar sobre aviso y comprobar la
salud del satélite de forma frecuente. Para evitar daños, se deben
orientar los satélites para que los instrumentos sensibles y así
queden fuera de la trayectoria de las partículas. Finalmente, en caso
de fallo, es mejor tener a mano los planes de contigencia.
Por si fueran pocas las precauciones, las misiones tripuladas de la
lanzadera espacial han sido pospuestas para fechas posteriores.
Otros datos de interés sobre los meteoros
Existe una gran confusión entre el significado de vocablos de
similar fonética. Un meteoro no es ni más ni menos que la denominación
en círculos astronómicos de las bien conocidas estrellas fugaces. Las
estrellas fugaces son pequeñas partículas de cometas y asteroides que
han estado vagando por el espacio hasta que la Tierra se encuentra en
sus camino y caen a la atmósfera. Por fricción, estas partículas se
desintegran, produciendo el rastro luminoso que identificamos como
meteoro o estrella fugaz.
Cuando los meteoros son muy brillantes se les denomina bólidos, los
cuales ya suelen tener algunos gramos de peso. E incluso, cuando son
muy masivos -del orden de algunos kilogramos- no se consumen del todo
en su entrada a la atmósfera de nuestro planeta y logran impactar en
el suelo o caer en el agua. Es cuando se les llama meteoritos.
El interés de la observación de meteoros, es que están asociados a
los cometas. Cuando un cometa, de órbita elíptica o circular, regresa
una y otra y otra vez al Sistema Solar interior, dando vueltas
alrededor del Sol, con el material que emite y que identificamos con
su cola, logra formar un tubo meteórico. Los tubos meteóricos son como
cañerías de polvo cometario que circunscribe a la órbita del cometa
generador, más denso cuanto más cercano esté el cometa. Cuando alguna
parte de la órbita del cometa se corta con la órbita de la Tierra, en
la época en que nuestro planeta lo cruce se tragará las partículas del
tubo meteórico que encuentre en su camino.
Por una cuestión de perspectiva, similar a la del efecto del
hiperespacio en Star Trek o la Guerra de las Galaxias, un observador
en la Tierra ve cómo las estrellas fugaces parecen radiar de un mismo
punto (si pertenecen a ese tubo meteórico, en una noche pueden haber
varias lluvias de meteoros activas). Éste efecto es sólo evidente si
dibujamos las estrellas fugaces que observamos en lluvias con gran
actividad.
Con nuestras observaciones de estrellas fugaces podemos llegar a
determinar la órbita original del cometa que las genera y hasta su
composición.
-- Actividades ------------------------------------------------------
>> Red de Observadores Mexicana: Leónidas 2001
Por Jesús Rodríguez Gerardo Flores <jgerardo@...>
14 nov 2001 - Nuestros amigos de México están organizando una red de
observadores con la intención de recoger datos durante las Leónidas
2001.
Las Leónidas están cerca y contamos con el tiempo suficiente para
estar listos para recibirlas con todas las pilas puestas. El motivo de
este pequeño escrito es informarles que estamos haciendo un gran
esfuerzo para concretar la primera Red de Observadores Mexicana.
Red de Observadores Mexicana
Anteriormente intentamos lanzar una versión más pequeña con una
buena aceptación. Es por ello que los invito a formar parte de ella
con una colaboración activa en las actividades que emprenderemos así
como para obtener los beneficios de información en línea, publicación
de artículos, fotografías y reseñas; base de datos de observaciones y
mucho más.
Ahora contamos con un servidor de Internet para mantener en línea
toda la información, nuestra dirección momentáneamente es
http://www.interpower.com.mx/salac/
Proyecto Leónidas 2001
El proyecto más grande que tenemos para este año es el conjuntar una
base de datos con las observaciones de todo México de las Leónidas
2001 y entregar a la Organización Internacional de Meteoros suficiente
información para que sean más precisos los cálculos posteriores.
Es una pena que el IMO tenga colaboraciones de países con menos
recursos que el nuestro y que México no haya colaborado con un solo
dato en los pasados 2 años. Colaboremos un poco cada quien con
nuestras observaciones y lograremos grandes cosas.
Cómo formar parte de la Red de Observadores Mexicana Si tienes
interés de formar parte por lo menos de nuestra lista de correos para
recibir información, comunícate con Manuel Eduardo Hernández Carrillo
a la dirección <eduardosalac@...>. Para cualquier duda o
aclaración.
Si eres parte de algún grupo astronómico, coméntalo en tu grupo y
envíanos tu logotipo, todo aparecerán como colaboradores de
AstroMéxico.
-- Diálogos ----------------------------------------------------------
>> Un día en la vida de un astrofísico
Por Inés Rodríguez Hidalgo
5 nov 2001 - Aprovechando la Semana de la Ciencia y la Tecnología
que se celebra en España, Inés Rodríguez Hidalgo, doctora del
Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), nos detalla cómo es un día
en la vida de un astrofísico.
¿A qué se dedica un astrofísico?
Me consta que mucha gente tiene una idea bastante confusa, incluso
errónea, de lo que hacemos los astrofísicos ¿Han tratado ustedes a
alguno? ¿Saben cómo trabaja? Les aseguro que no llevamos túnica ni
cucurucho con estrellas, planetas y lunas, y que no nos pasamos la
vida mirando por el telescopio. Veamos cómo es un día de trabajo en la
vida de un astrofísico.
Nuestro objetivo es aproximarnos a una comprensión racional del
Universo, en palabras llanas, entender cómo funciona: saber por qué
brillan el Sol y las estrellas, conocer sus distancias y cuánto miden
y pesan, cómo se mueven, de qué están hechos, cómo evolucionan, cómo
giran las galaxias, cuál fue el origen y será el destino del Universo,
etc. Prácticamente nuestra única información está en la luz de los
objetos astronómicos, así que debemos hacer observaciones para
detectarla y estudios teóricos para interpretar su mensaje.
Partimos de datos reales procedentes de observaciones previas o de
instrumentos a bordo de satélites, u obtenidos por el propio
astrónomo, que analizamos con ayuda del ordenador. Los investigadores
más teóricos realizan desarrollos físico-matemáticos o simulaciones
numéricas de escenarios astrofísicos. Y ya no hacen los cálculos en
papel, sino con potentes medios informáticos. Estos dos tipos de
trabajo se necesitan mutuamente porque en último término el análisis
de las observaciones debe concluir en su interpretación física y los
modelos teóricos deben responder a lo observado.
Cómo se investiga
Un astrofísico no pasa la mayor parte del tiempo en el observatorio,
sino en un departamento universitario o un centro de investigación,
como el IAC. Allí estudia en libros y revistas especializadas o a
través de Internet, trabaja fundamentalmente con el ordenador, e
intercambia ideas y discute con otros colegas, en directo o por correo
electrónico. Salvo excepciones, como el estudio de las vibraciones del
Sol o de la radiación cósmica de fondo, sólo vamos al observatorio una
o dos veces al año. Y nuestra tarea allí no consiste en mirar por el
canuto del telescopio, sino en apuntar éste u otro instrumento al
objeto de estudio y que dispositivos mucho más potentes que el ojo
humano recojan la información contenida en la luz.
Hay muchas técnicas diferentes de observación; por ejemplo, obtener
imágenes, o el espectro del objeto, es decir, su luz dispersada en
longitudes de onda (o colores), medir la cantidad de radiación
integrada o a través de determinados filtros, o la polarización de la
luz, etc. Finalmente obtenemos ficheros digitales, chorros de ceros y
unos que debemos leer e interpretar. Después de unos días en el
observatorio, el astrofísico transfiere los datos a su centro de
trabajo a través de la red o regresa cargado con un montón de cintas
de 8 mm como las de los videos domésticos, o CD-Rom o ZIP. Y ahí
empieza realmente su investigación.
De vuelta al despacho, lo primero es extraer los datos del soporte
magnético y someterlos a una especie de ?cosmética? previa para
corregir errores propios de los instrumentos de medida. Después se
realiza un análisis para obtener información sobre las condiciones
físicas del astro o región del espacio observados: temperatura,
presión, composición química, densidad, movimientos, campos
magnéticos, etc. Luego hacemos clasificaciones y estudios
estadísticos, introducimos hipótesis nuevas o elaboramos teorías,
construimos modelos físicos o simulaciones numéricas para describir el
funcionamiento del objeto, o comparamos con los ya existentes para
interpretar nuestros resultados.
La comunicación de descubrimientos científicos
Otra faceta esencial es la publicación de resultados en revistas
internacionales de Astronomía y Astrofísica. Los artículos son
sometidos a la crítica de un evaluador experto en el tema, muy
exigente por lo general, y a veces la publicación puede ser rechazada
o se retrasa meses porque el juez solicita revisiones o modificaciones
para mejorar el contenido.
Un par de veces al año, en promedio, asistimos a congresos de
Astrofísica, generales o específicos, donde presentamos comunicaciones
orales o pósters (previamente aceptados por la organización) para
mantenernos informados y actualizados. Las discusiones, críticas y
apoyos son imprescindibles para nuestro trabajo.
Cordiales y astrofísicos saludos.
Inés Rodríguez Hidalgo es doctora del Instituto de Astrofísica de
Canarias (IAC), especializada en heliofísica, y frecuente colaboradora
del programa de radio Canarias Innova, fuente original de este texto
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