Indelebles recuerdos hay tallados en mi piel, con rasgos de agua
salada que demora y reabre las heridas. Huellas de los ostiones de La
Empalizada cuando al sacarlos de la raiz del mangle rechinan y se
resisten a abandonar su corriente. Tallados estan en mis espaldas los
rastros del mangle prieto que se erguian en Las Playuelas esparciendo
aquellas puntiagudas raices que llaman de "jucuru". Y talladas en el
alma estan las espinas del erizo negro tan cruel como sus puntas son
finas. Los recuerdos son tatuajes, las memorias son tallados y los
amores son pan que alimenta las distancias y sutura las heridas del
camino. Y las heridas sanan, mejoran y cicatrizan; pero dejan su
huella tallada en el alma del viajero. Una eternidad vibrante cual
rumbera de la noche, los recuerdos son tatuajes, la vida es copa de
ambar y las quimeras de ayer, recuerdos del hoy ya son, que acarician
sin pudor, las esperanzas de ayer en motitas de algodon. Hoy con
recuerdos que
vuelan por la memoria del ciego, le hacen revivir escenas, amores y
mas, aunque los ojos, no le sirvan al mirar.
Al recordar mas tarde lo que temprano vivimos somos esclavos y amos
de memorias que solos vimos, momentos que ayer vivimos y que la vida
clavando miles de agujas un dia tatuara en nuestras almas. Tinta
indeleble de carnes maceradas por el tiempo; sondas que hondo
penetran por las honduras del tiempo y red que pesca y se ajusta a
los caprichos del agua. Aguas de La Isabela, parque de libertad, que
nuestra Carmen patrona bendijo desde su altar. Rio, manglares, arena,
sol y mar, clavados en el alma estan, de todo el que en la Isabela
llego una noche a pasar.
Y si tuvo la buena fortuna de pescar por sus manglares, por La
Pasita, Cayo Levisa, El Cristo, Esquivel y los bordes del beril, a
ese se le impregno en el cuello una cadena pintada de sal que se
acusa de lucir blanca y sudorosa hasta la piel quemar. Esa es parte
de la tinta indeleble del recuerdo del pescador. Poeta o carpintero,
rico, pobre, vecino o forastero, nuestras playas se adentraron en las
almas con tenacidad de cielos y le dejaron por siempre y por los
tiempos porvenir el recuerdo indeleblemente tallado en sus sienes, de
un rinconcito de Dios.
Tallada llevo en pecho el arena de mis playas y en el rostro al
viento aun repiro el aire de sus terrales.
Gilberto.