Cuando usted se acerca a un muelle cualesquiera, en el mas lujoso
igual que al mas miserable de los puertos del mundo, y ve alli un
barco atracado, mire a sus amarras. Cada "cabo", "spring" y cable
tiene a cierta altura, un disco de latón galvanizado danzando a la
voluntad de las olas que mueven la nave. Ese es un instrumento
protector contra las ratas que pretenden subir en calidad de
polizones y emigrar a otras tierras allende el mar. Esos discos
pueden protejer al mundo contra la indeseable visita de esos bichos
asquerosos, mas; no existe aun el disco que proteja a la humanidad
contra la visita de las inmundas ratas humanas que viajan alrededor
del mundo en calidad de marineros. Esas ratas humanas son apenas
visibles a la sociedad, a menos que usted deambule por los arrabales
y por las cercanias de las cantinas del puerto. Y en cada puerto
grande hay uno o mas infiernos plagados de ratas tanto caseras como
en transito. Por de todo hay en la casa del Señor.
Y seria demasiado larga la lista de nombres y lugares para
describirla aqui. Tambien larga y elocuente la literatura al
respecto; sobre todo en inglés. No se trata ya de las fantasias de
Jules Verne, que nunca se acercara en toda su vida a las aguas
saladas, no;se trata de escritores que han narrado algunas y muchas
veces pedacitos, y las mas de las veces desgarrantes totales, de
vidas de hombres de mar. Baste por hoy con mencionar uno: Jack
London. Si leyera usted, -no se si ha sido traducido a nuestras
lengua, por cierto,- "Sea Wolf" o, "Two Years Before the Mast", tal
vez no le bastaria el resto de sus dias en este planeta para dolerse
ante Dios. Y Jack London solo escribió sobre sus propias
experiencias. Porque sus arranques románticos al escribir saltan
fuera de la página para que sea vista la realidad junto al poema.
"Aquello era entonces, hoy es distinto."
"Entonces navegue usted y viva sus propios laureles."
El hombre llega a identificarse con el mar, con lo mas crudo de la
naturaleza y con las nieblas de la sociedad humana. Su vida toma para
si misma un como temperamento de cangrejo. Cuelga del coral, atrapa,
si puede, una sardina, se hunde en otras cuevas, toma el sol por caro
abrigo, escupe la sal de sus pulmones, se atraganta de miserias,
carga piojos, sifilis y gonorreas...y, afortunado es si no tambien
tubercolósis y los lleva y deposita gratuitamente en los labios de
las putas, en el reborde los vasos y hasta en los balaustres de las
escaleras del puerto. Aunque hay nobles excepciones.
Ese marinero infeliz, si se enferma gravemente, o sufre un accidente
que le limita siquiera un dia en su trabajo, es licenciado y echado
al zafacón de los desperdicios, tal cual si fuera un perro maldito,
en cualquier rincón del mundo, sin protección para su salud, sin
dinero, idioma, documentos ni amigos. Cuidelo el diablo.
Asi, muchas veces, cuando usted ve bajo el puente o junto a los
pútridos desperdicios de las cloacas a un hombre enjuto, que tose a
menudo y luche como árbol desgajado por la tormenta reciente, es
posible que ve alli a un marinero que ayer cargaba diamantes de Sud
Africa a Paris, azucar Cuba para New York, o petroleo de Venezuela
para Boston. O, mas romántico aun, cargaba especias de la India a
Venezia Giulia, como Marco Polo.
Abordo viene obligado a llevar un fuerte cuchillo a la cintura, mucha
veces una como daga, o una "faca", para cortar sogas o lo que se
requiera. Se le olvida quitarselo y dejarlo abordo cuando llega a
puerto americano y lo arrestan por pesesion de un arma letal...aunque
pudiera llevar un AK-47 legalmente. Habla un idioma ajeno en ciertos
puertos y lo arrestan por "ofensas, etc." Y viste a la miseria.
Usualmente tiene dos pantalos y dos camisas; muchas veces solo uno de
cada cual. Abordo los lava a manos. Lo aplana bajo la almohada sobre
que descansa su cabeza. Generalmente es un "Dungaree", "Mahón" o
pantalon de dril azul, de esos que antes eran muestra de la mas
abyecta miseria y son lujosos "Levy's". (!!!!) Y los zapatos altos
llenos de herrumbres, sal y pintura.
Y no hago aqui mención de los odios, de los rencores, de las
zancadillas, de las muertes, de los viciosos, de la homosexualidad
desgajada, ni de la heróica lucha por la supervivencia y la
protección de el barco y su cargamento, que no del hombre. Hacerlo
requieres varios volúmenes capaces de herir a la sociedad, salvar a
Sodoma y Gomorra de la mezquindad del hombre y eliminar todas las
armas de uso personal... sobre todo los cuchillos.
Y, tambien la mas vieja de las profesiones conocidas.
En total, que somos una mezquina humanidad. No porque sus miembros
sean malos, si no porque no tenemos espejos para mirarnos, como nos
aconsejara Confucio.
Mas...habiendo pasado por esos trillados caminos un momento de mi
propia vida, me digo yo...
¿Y no nos dijeron al nacer que somos todos hijos de Dios, por igual?
Perdón por dudar.
Los isabelinos somos hijos del puerto. Nuestro puerto ha tenido sus
historias, y yo soy una ostra pequeña apenas reconocible de sus
playas que flotao como el coco del Rio Amazonas a través de los mares.
Mañana llueve en Valencia, sopla el terral por las olas, canta el
sinsonte sus burlas, eleva su vela el vivero, suena el trueno en la
distancia nos despierta el lechero. Mientras que a los lejos en el
horizonte se distingue apenas un velero y un buque, que se alejan o,
puede tambien, que se acercan, al puerto. Alli "viven" marineros.
Y tu.
del