HOY, 23, DE ENERO, CUMPLO 88 AÑOS.
Nada especial uno que llega con relativa salud, muchos brios, fuerzas
suficiente seguir ejerciendo su profesion y competir en el mundo
legal, profesional y academico los jovenes...y disfrutarlo.
Nada raro hasta ahi. Lo curioso de mi caso es que esta es la cuarta
vez que se cumple la profesia de que voy a morir a los 22. Porque,
creop que cuatro veces 22 suman 88. ¿No?
Pues bien, esto por obligación me devuelve a mi pueblito querido de
La Isabela....y a una de tantas supersticiones o cosas de esas.
Todos los dias venia de Sagua, a las 5:00, con una grandisima caja
llena de dulces para vender por las calles y muelles, el Chino Julio.
Como era pariente de un chino casado con una parienta de mi mama,
Julio era punto fijo a la hora de almorzar a mi casa. Hasta ahi lo
unico extraordinario es que nosotros, los chicos, nos banqueteabamos
con su generosidad. Pero, la historia de la Isabela es rica en su
folclor. Y ya saben ustedes que yo escribo Las Estampas y otras
historias de nuestro terruño siempre puramente de mis recuerdos, del
fondo de mis memorias personales. Esta es una de ellas. Una verdad
absoluta que carga mi alma y que siempre me ha causado dudas sobre la
capacidad humana para leer y o entender el Destino y ver hacia el
futuro.
Julio no era conocido ni como vidente ni como nada que tuviera que
ver con misterios y adivinanzas, pero llego un dia en que vino desde
Sagua mas temprano que de costumbre y fue corriendo a casa de un
estibador que creo recordar se llamaba Andresito Valencia, el cual
iba a salir en ese momento para el muelle a trabajar en la carga de
un barco azucarero. Con excesiva vehemencia el chino trato de impedir
que el joven estibador fuera al trabajo ese dia: "Tu va muele hoy; no
va trabajo."
Incredulos Valencia, como buen "isleño", se molestó con el chino y
casi lo echa a patadas de su puerta. "Condenao chino, pájaro de mal
agüero." Valencia fue al barco, toco la campana, izaron el amante y
el penor, elevaron los primeros doce sacos de azucar por el aire y
alinearon la lingada con el sitio donde debia bajar hasta en fondo
profundo de la bodega del barco. Y de pront, ¡Saz! Se rompe la soga
llamada "linga" que sostenia los sacos en un haz, y los doce sacos
caen encima de Valencia. Muero Andresito Valencia. Horrorizado el
pueblo y el Chino Julio es maldecido por el pueblo como hijo de
Satanás, el diablo mismo.
Varios meses pasaron antes de que el pobre chino volviera a la
Isabela. No sin que antes "un espiritu, una noche, haya ido,
encubierto en las brumas de la noche, a la hortaliza donde vivian
varios chinos, y apenas si mata a Julio de una brutal paliza.
Vaya santo espiritu....
Bien. Tenia yo unos ocho años o nueve, cuando el chino, que ahora se
veia asediado por gentes que creian que el tenia poderes especiales,
aunque el siempre se negaba, un dia, como a las once la mañana llega
a nuestra csa, como acostumbraba, a "pegar la gorra" y yo me paré
junto a su caja de dulces, ahora asentada sobre aquellas crucetas que
el tenia de pedestal, cuando, juntando los dedos indice y pulgar
derechos, los pasa por el centro de mi frente, mira al sol, y llama a
mi madre con un tono que yo antes no le habia visto: No se si era
misterioso o preocupado seriamente.
"Nina", "Nina", tu cuidal mucho este muchacho."
"¿Por qué?"
"Mimito dia que cumple 22, se muere tu hijo."
Mi madre era una pichona de gallegos con unas expresiones bastante
generosas y yo ma tuve que tapar los oido.
Los tiempos pasan y las profesias, a menos que sean de Nostradamus se
olvidan. Y yo me fui a la Guerra por el mundo. Pero, ay, amigos
lectores, cuantos recuerdos me trae el nombre de Génova. Apenas unos
tres o cuatro meses antes de mis 22, una noche que visito, por
invitación de unas chicas universitarias a una poderosa familia cuyo
padre habia muero durante la Guerra, pero no peleando, y su
inmensamente gorda viuda seguia la costumbre de las fiestas
familiares aun bajo las balas, ademas eran de "Alta alcurnia", como
dicen, y despues de una opipara cena donde habiamos unas 24 personas
todas mas jovenes que la anfitriona, tia de una de las chicas o
madrina, no se bien; pero que era adepta a la adivinación como
creencia o no se bien yo que. dijo, "ahora, vamos, chicos que le voy
a leer las cartas de la baraja. Ah, divertido
Bueno, no tanto. Al mens yo, tuve unos placeres mezclados con susto
Resulta que la buena mujer, al leer mis carts, se ve preocupada.
"¿Que pasa?" "Dame tu mano."
"¡Dio, Dio, non p..."
"Te quedan cuatro meses de vida, hijo mio, las cartas lo dicen, tu
mano tambien."
Con delicadeza retiro mi mano, me despido mientras al unisono me
decian todos suerte, y me invitan a que regrese pronto. Recordemos
que yo estaba en Italia, en plena Segunda Guerra Mundial y en los
servicios en que yo andaba, uno moria a cada instante.
Mucho vino pasaria por mi garganta, muchas ansias de conquistar
faldas se aceleraron mas alla de lo que un hombre normalmente busca a
esa edad y bajo las circunstancias de la vida en ese instante. Y si
digo aqui no estuve preocupado, mentiria.
Mi vida siguiendo su curso, como las aguas de la lluvia siguió
regando los sembrados, las nevadas enfriaron algunos trineos, y los
años acumularon arrugas sobre mis sienes. Las curvas nunca se
enderezaron, la sal nunca se escapó de los mares... y por mi vida han
pasado nafrágios, balas, heridas, alegrias, penas y emociones y, hoy,
aqui, estoy escribiendo un poquito de esas memorias. ¿Por qué
precisamente hoy escribo esto en lugar de estar por ahi celebrando?
Pues muy simplemente, porque hoy, se cumplen cuatro veces 22 años
vividos por mi, y no he muerto en ninguno de los cuatro ciclos
completados.
De modo que hoy yo miro hacia atrás a los recuerdos y me
pregunto: "¿Acaso el chino Julio era vidente?...o simplemente una
corazonada?...
Adivinelo usted.
Pero, por favor, no me vaya decir ahora que al cumplir yo 22 la
quinta vez me muero. Porque si lo hace, va a tener razon con unos
meses de error en la cuenta. Ciento diez es ya largo tiempo, y los
videntes lo saben. Yo No.