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isabeladesagua · Isabela De Sagua
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9 de Abril, Un Capitulo y Mas   Lista de mensajes  
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Re: 9 de Abril, Un Capitulo y Mas



On 4/8/09, Gilberto Rodriguez <gfrod.1@...> wrote:
Yo regreso a Miami a fines de febrero de 1958. Y al dia siguiente Pepe Márquez, viene a decirme que Carlos Prio, el Presidente cubano en el exilio, quiere verme, con mucha urgencia.  Concertamos con Tony, el ayudante de Prio, una conversación, para la casa de Doña Regla, la madre del Presidente a la mañana siguiente. Yeyé, la hermana de Prio nos hizo su acostumbrado desayuno de tocineta frita y una paila de café
con leche, como le gustaba a sus esposo, Cotú.
 
Prio y yo hablamos a solas, después del desayuno.  Y a esta conversación habian de seguir muchas mas, en su apartamento el El Hotel Vendome, en Miami Beach, en los dias venideros.
 
Prio estaba tratando de coordinar un proyecto que le pidieron desde La Habana.  Debo decir aqui, en honor a la verdad, que quienquiera que que fuera, el que venia a Prio a pedirle ayuda para luchar contra la dictadura de Batista, la obtenia sin mayores condiciones. Carlos Prio Socarrás era asi.  Y el joven profesor Gil Ascunce estaba en Miami en busca de ayuda para "unos" proyectos.
 
Todo se referia a La Habana.
 
Necesitaban armas, explosivos y varios otros materiales para la lucha clandestina contra el régimen imperante. Prio tenia armas y de todo lo demás, y cuando no habia mas, lo compraba y lo daba a quien se lo pidiera. Muchos han dicho que Prio robó al gobierno. Yo no lo sé; yo no estuve en su gobierno.  Ahora, lo que si yo se es que de todo lo que tenia, una gran parte la gastó ayudando a la lucha contra Batista, manteniendo a una extraordinaria cantidad de cubanos y no cubanos que por una causa o la otra colgaban de su cuello, de Prio, las cargas de sus cocinas, y de entre sus propios "amigos" muchos lo exprimiéron como a una esponja hasta su desdichado final.
 
Yo guardaba mucho material de guerra propiedad de Prio.  El nunca supo donde yo lo escondia. Y su respeto por mi actuación fué tal que jamás me  hizo una pregunta al respecto. Mi palabra era, hasta ese punto, su ley, al menos, en sus tratos conmigo.
 
Mucho material y mas armas tenia yo, propias mias, en esos tiempos, algunas en los mismos lugares. Y ya seri sorpresa saber quienes, a veces, me las guardaban o cedian en alquiler sus viviendas.  En los cuerpos policiales y juzgados en Miami, primaba la corrupción.   Y muchisimas cosas y conciencias eran comprables. Para el bien y para el mal.
 
Conformamos ciertos arreglos para enviar un fuerte cargamento de armas italianas y otros muchos materiales de guerra americanos, por mar, para La Habana. Pero, al recibir de Cuba las señales de identificación de la goleta que iba a venir a mi encuentro en Cayo Anguila, recoger el cangamento que yo llevaria, y llevárselo a La Habana,  yo me di cuenta rapidamente de que algo no estaba bien.
Gil Ascunce le dijo a Prio que la goleta se identificaria conmigo, al llegar a la Isla de Anguila, colgando siete luces de distintos colores del mástil mayor.
 
"Presidente, eso es para un carnaval, no para una goleta a riesgo..."
Tres dias se perdieron en el malentendido.  Los planes sugerian una operación rápida y "sin mucha publicidad."  Y en Miami todo se ha sabido siempre, el dia antes de que siquiera se sueñe en la idea.
 
 
Yo alquilé un yate Chris Chraft de 37 pies de eslora con dos potentes motores y una falsa garantia de la cantidad de combustibles que consumian por hora.  Y estuve tres dias, a pleno sol, a pie, cargando por las calles, desde la Avenida 53, esquina a Flagler, hasta la 7ma Avenida y Calle 7ma, una a una, 23 cajas de xxxxx, que se mezclaban con platanos verdes en una bodega y ya se derretian. 

¿Por qué a pie?    ¡El contenido de los tubos era una novia muy delicada! Y habia que tratarla con mucho esmero.

Solo, para que nadie supiera donde ni que, fui acumulando los pedidos mientras se acomodaban las otras maniobras, en puntos cercanos al muelle donde debia cargar el yate. La rica residencia de un cubano ilustre tenia su propio muelle en la parte alta de Surfside, dentro de la Bahia. Pasaban los dias. Yo habia conocido a Gil Ascunce y a Guillemito "Gallo Ronco" en una Tienda de electrodomésticos, en Santa Clara, en ocasiones distintas y ajenas.

Gil Ascunce ahora estaba en esta operación con Carlos Prio, pero yo no pregunté en ningun momento su filiación politica. Yo creia que el era parta del DOR o de la OA, ambos seguidores del Partido Auténtico.  La operación, para mi, era para La Habana, y de la Organización Autentica. Pero debo ser honesto: no lo pregunté, y nadie me lo dijo. (Por respeto o fe, tal vez en mi presidente).

Y llegó el dia.  Dado por hecho, Pepito Marquez, que era como mi brazo o apéndice, gozaba de la amistad de la familia Prio como su propia familia y traia un buen historial de lucha en la Universidad de La Habana...y vivia en mi casa, como parte de mi familia, queria estrenarse en el mar. Prio aceptó y yo feliz. Ahora Prio me dice que Gil Ascunce debe irse conmigo, porque el conoce bien a los que vienen en la goleta a recoger las armas cuando yo las entregue y a mi me parece muy buena la idea. De modo que todo está listo.

Yo cargo el yate "hasta los cintones", una noche y estoy listo para partir sin que ni los que van al viaje sepan donde ni que he cargado, cuando recibo un llamada al Hotel Vendome. Fuimos Pepe y yo. Gil estaba alli cuando llegamos.  Prio me sorprende con un pedido, "Gilbe", -me dice: -"este muchacho es Teniente de La Guardia Nacional de Costa Rica. Es el hijo predilecto de Pepe Figuéres, es experto en armamentos y guerra de guerrillas.  Yo quiero que me lo lleves para Cuba, y lo dejas junto con Ascunce."

Francamente, no me senti muy bien. Pero el tiempo me apremiaba y la fé de Prio y la de Figuéres juntas, aparte de que la obra en curso era suya, acepté  llevar aquel hombre bajito, joven de aspecto mas bien de "niño criado por mamá" que de militar, pero repito, a la obra.

Mari Tarrero, esa bella y noble primera dama no acostumbraba mezclarse en estos meresteres, pero ese dia hizo una excepción por Pepito Márquez y nos despidió con un abrazo y una oración...

Los dejo en la cafeteria de la esquina de Collins y 41, donde un "amigo" los va a recoger en una hora y a la 1:30 de la madrugada han de estar en el muro, junto al puente de Haulover Beach, listos para saltar, porque no voy a parar el barco.  Y asi no saben donde lo cargué.

Todo salió bien, hasta ahi.  Salimos de el Canal, me alejo unas dos milla de la costa para evitar el alcance de los anteojos curiosos y me enfrento a una corriente que viaja rumbo norte a 17 millas por hora. El barco anda recargado, el viento me es contrario, unas olita tampoco ayudan.  Y a las 11:00 ante medridiano yo estaba frente al puerto de Miami, con los dos tanque de gasolina a medias. Ya habiamos consumido 80 galones y solo llevábamos 180, confiando en que la goleta de Cuba me traeria otros 150 de Cuba. "Tenemos que ir a tierra" les dije. "No podemos llegar sin combustible."  Y el alma se me puso en la punta de la lengua. Decir que hubo susto es mentir. Hubo silencio.

En el muelle de la Pan American Airways, en Coconut Grove habia una gasolinera para servicio de los aviones y yates. Alli me fui.  Ni que decir que la carga, las cajas con nombres de famosos fabricantes italianos y americanos e ingleses, despues de darle ciertas vueltas al mudo, estaban alli, como en cine, en plena pantalla. Y los nervios de mis muchachos estaban en carne viva. Llenamos los tanques, pero eso no era suficiente. Me fui a los tres mercado y garajes de Coconut Grove y compré 30 latas cuadradas de cinco galones de aquella que se usan para aceite. Sin tapas. Era lo que habia.

Una buena propina y el empleado me las llena todas, ya que no habia ley alli a la vista.  El olor a gas, las latas llenas y sin tapas, el ruido infernal de los dos viejos motores de alquiler sin mofler, todo conspiraba contra mi. El hijo favorito de Figuéres les dijo a los otros que yo, "este hombre está loco; aqui nos vamos a matar y morir todos."

"¿Te quieres quedar, estás a tiempo?"

"Claro que me quedo, usted está  completamente loco."

"Vaya, pués, yo creia que eras un militar experto y heróico..."

"Eso si; pero suicida no."

Gil Ascunce me dijo entonces que si yo paraba para dejar al  tico, porque mejor no lo dejaba a el tambien ir, de modo que el podia tomar un avión para La Habana y alli asegurarse de que me traian gasolina. "¡Ah, y muy importante, que me trajeran un queso blanco bien grande para Prio..."

Pasamos razante por el muellecito que en Virgina Beach habia en la playa de los negros, amoderada la velocidad pero, les adverti:

"Salten, yo no puedo parar."

Saltaron y se quedaron. Y una lancha de Guarda Costas que nos ve, se lanza a la persecusión ahi mismo frente a Crandon Park.  11 millas contra unas seis de ellos los dejo atrás aunque me hicieron cuatro disparos de fusil, al aire. Pepito se reia. Loco o valiente, a mi lado.

 
Y salimos a la mar de nuevo.  La enorme cantidad de gasolina en latas sin tapara era abrumadora.  El dia era sumamente claro y el viento nos daba por la proa, lo que hacia mas lento el avance; y eso, acoplado a la enorme carga impedia el avance.  Por la costa le corriente nos ayudaba pero, el riesgo de ser detenido nuestro avance, crecia con la corta distancia. De modo que por obligación tuve que lanzarme a enfrentar las corrientes del Estrecho acercando algo mas a Las Islas Bahamas.  Por otra parte, los ingleses me ofrecian menos vigilancia, dado el hecho de que apenas habian dos corbetas para todo el centenar de islas. Y al sur viajabamos. Lento, demasiado lento para mi gusto, avanzábamos. Hasta que llega la noche.
 
El yate se movia al impulso de sus dos potentes y ruidosos motores, pero el ahora fuerte oleaja y la corriente, ambos por la proa, me hacian la vida una chuleta. A eso de las 10:00 de la mañana siguiente, yo le ordeno a Pepe echar unas latas de gasolina en el tanque de estribor (de la derecha), Y el lo hace. Pero, ay, pero; uno de los recipientes de cinco galones que vacia en el tanque, es el de agua potable. Y me rompe el motor derecho.  Aparte de quedarnos sin agua potable alguna.
 
Un solo motor, frente a las olas, la corriente y el viento hacen mas que dificil mantener la dirección de el barco, el viento arrecia. Muchas olas terminan dentro del barco. Las cajas con las bazukas, como eran mas largas son las primeras en sufrir. Y alguna municiones no las llevan muy bien que digamos.  Me veo precisado a mantener un leve ritmo de movimiento para sostener la proa al viento, y, dejando el timón a Pepe, por un rato, me pongo a vaciar el tanque de gasolina y el carburador del motor.  Pero el agua dentro de un motor de gasolina es una mala consejera...y muy testaruda. Lo dejo todo abierto a ver si mejora algo.  Y pasa el segundo dia. Los alimentos que llevabamos eran para tres dias: queso y jamón en lascas, galletas secas, unas latas de sardinas y tres botellas de cognac.  Cognac yo siempre llevaba, porque es el licor perfecto en estos casos, te da calor y energias suficientes para enfrentar frio y humedad, calma el apetito y si lo bebes a sorbitos leves, te mantiene en pie por mucho tiempo. Bueno, Pepito habia dejado la caja impermeable de los alimentos abierta y.... Nos quedaba el cognac para consuelo.
 
Cerca de el anochecer aumenta aun mas el viento. Ya para entonces yo no puedo estar seguro sobre que posición era la nuestra....poco mas mas acá; poco mas allá.  Y ahora Pepe se me pone feo.  Las olas ya le estaban haciendo mella; ya se sentia inútil frente a la naturaleza. Se mete en la sobrecargada cabina y cuando sale me dice:
" Esto no va ningún lado, estamos perdidos y la misión ha fracasado, de ahora en adelante yo me hago cargo de estas cosas...vamos a virar para Miami."

"¿Y que hacer con las armas estas?"

"Yo me encargo de eso; tu no te ocupes; d

ále pa' miami."

"Mi querido Pepito; eso nos es asi. En primer lugar, el que manda aqui, soy yo; el que lleva la misión y es responsable de todo, incluso tu propia vida, soy yo. Y yo voy rumbo a Cuba."

"¡Coño, que estamos perdidos!  Dále pa' Miami y ya."  Y en ese momento me pone una pistola calibre .45 en la cabeza.  "Quitate del timón, que yo lo llevo."

"¿Y que le vamos a decir Prio cuando lleguemos y que hacemos con estas armas?"

"Yo represento a Carlos aqui, y esas armas son asunto mio..."

"Muy bien.  En ese caso coge el timón que yo me voy a dar un trago y dormir un poco, que estoy bien cansado."  Y me acerco la botella a la boca cuando Pepe me la quita de un un manotazo.

Me echo tranquilmente sobre la estrecha borda y finjo que duermo. Pero como tenemos un solo motor al lado izquierdo, y al acelerarlo el bote vira a estribor, es decir a la derecha, sin poder controlarlo con el timón, aparte del desconocimiento suyo, un par de violentas olas casi nos hunde bajo el mar.  Yo no me di por enterado y lo dejé a su suerte. Pensé en muchas cosas, pero Pepe estaba de pie detras de los controles y junto a la puerta de la cabina. Y yo sabia que si queria usar el arma, valor no le faltaba. Por eso algunos lo apodaban "El Loquito."

Además el mar es mi amigo, y no lo conoce a el. Dale tiempo, me dije.  Se puso a tomar cognac.  Y el no era bebedor. Yo estaba tranquilo y el barco recibia ola tras ola. Y giraba absurdamente en lucha abierta contra el mar y Pepe. Y las horas pasaban. Amanece otro dia. Ahora si estamos sin rumbo.  Yo fingi caerme de la borda hacia dentro de la ahora inundada cubierta pero, al hacerlo, corte tirandolo, un cable del acumulador. Y se para el motor.

Cielos y tierra se unen al agua y la gasolina que corren por todas partes. Obuses y mucho equipo sufren con el agua que les cae encima. El fondo del mar nos invita.

Y yo no muevo un dedo, ni digo una palabra mientras Pepe desesperado le da de vueltas a la llave en la ignición que se niega a funcionar. Y al fin llega mi hora. El barco está completamente a la deriva. Las olas nos baten por el costado de estibor (derecho). Y la inclinación de escora es ya comprometedora.

"Voy a fumar."  Pepe no acostumbraba beber alcohol, ni fumar.

"Adelante; que nadie te detiene."  Para que recordarle que estaba sobre una gasolinera...el lo sabia. "Alli, en esa gaveta hay un encendedor."

"Ah, asi que quieres que yo vuele como Matias Pérez, no?"

"Un capitán, en el mar, es dios y no se le discute."

En ese momento una rotunda ola pega contra el costado con tanta violencia que yo llegué a pensar que ese era el fin....y en cierto modo lo fué. Con el bandazo, Pepe rueda por la cubierta y cae de cabeza contra la borda y queda de bocas abajo.  Pero no bien habia caido el, cuando ya yo estaba encima de el y de una patada le zafé la pistola de la mano y le amarré las manos y los pies ahi mismo donde estaba.  Conecté el cable a la corriente electrica y arranqué el motor de nuevo. Prendi la bomba de achique y puse proa a las olas. Pepe roncaba ahora. Creo que estaba borracho y me tuve que reir de su osadia.  Le quité las amarras y lo dejé dormir a sus anchas ahi mismo.

Y el dia se nos acaba. Las horas ya pesan sobre mi cerebro. Estamos muy retrasados, si la goleta llega y no estamos alli a tiempo, se pierde la operación. Si fracasamos y entierro las armas en alguna parte de la isla, no las perdemos pero, y si los que esperan en Cuba se ven desarmados para la acción.....tambien estas armas y municiones tan mojadas, quien sabe si van a servir...Y el otro motor. Tiene agua dentro de el carburador y no tengo las herramientas necesarias para arreglarlo. Buen viajecito me está resultando este.  Todo lo que necesitamos es que una cañonera cubana, inglesa o americana nos encuentre en estas condiciones.

A la siguiente mañana, creo que ra como la cuarta ya, como a eso de la diez, veo a la distancia una humeante chimenea que viajaba rumbo al norte, como a unas cinco millas al sudeste de nosotros. Decidi acercarmele, navegando hacia una imaginaria linea que atraveba su dirección.

El barco mercante noruego redujo su velocidad, se acerca y me pregunta si necesito ayuda.

"Deme su posición."

El Segundo Oficial tuvo la cortesia de echar una escala y bajar a darme un papelito con la posición donde estábamos en ese instante. Mojadas las cartas aun servian. 27 millas al nordeste de Cayo Anguila estábamos. El tiempo estaba claro y la brisa era pasajera. De nuevo como quien dice, cojeando, partimos a Cayo Anguila. Pepe seguia durmiendo todo el tiempo. Mejor asi.

Llegamos por el nordeste de la Isla y, como mi barco gobernaba mal, casi me lo destrozan las olas contra los arrecifes de la entrada entre rocas en aquel pequeño canal que atraviesa ese sector.  A mano, con un remo, tuve que luchar mucho para poder pasar por alli.

Dimos la vuelta a Cayo Anguila y al anocher, entonces me fui a fondear en el fondeadero que está al sudoeste, y es el punto de mayor visitantes y pescadores del area entre Cuba y USA.

A ocuras fondeamos a esperar por la goleta...si es  que nos ibamos a encontrar al  fin. Ya nuestro retrazo tenia preocupados a unos y a otros en Miami y otras partes en Cuba.  Prio y su esposa ya desesperaban. Nadie sabia de nosotros.

Ahora las conjeturas y sospechas empiezan a poner dudas en algunas mentes. Los regresados, Gil Ascunce y el tenientico Tico son vistos con desconfianza. Ascunce en Cuba y el Costarricense desaparece de Miami.

A eso de las 11:00 de la noche, vemos una lancha motorizada que se acerca sin luces de navegación, lo cual es ilegal. Pero a Cayo Anguila van muchos barcos a diario. Se acerca a nosotros. Yo saco una ametralladora, creo que era una Beretta, le pongo un peine y se la doy a Pepe; "Metido en la cabina, mira solamente a la cabeza. No vayas a disparar a menos que yo te lo ordene. Yo fijo la luz sobre mi mismo y estoy desarmado. De ti dependo.

"Hola, Gilberto; soy yo, Mongo Morejón..."

Una ola de frio psicológico me asalta en ese momento. Yo conozco a este vecino de mi familia desde chico. Fui su remero mientras pescaba al palagre, siendo yo muy jovencito. Lo se valiente, noble, fuerte, estibador, pero, en politica tiene fama de "cambiacasaca".... Ya me habian avertido en otra aventura que este hombre era afiliado al Partido Auntético pero que, contra los consejos de su partido, habia aceptado un puesto de Consejal en las falsas elecciones de Batista. Ya no se confiaba en él. ¿Ahora a que viene aqui?  "¿Qué buscas, Morejón?"

"Gil Ascunce me manda, y aqui te traigo el queso para Prio y un poco de vinagre de caña que a Prio le gusta...."

"¿Me has traido gasolina?"

"Te traje 75 galones."

Mundo pequeño este en que vivimos.  "Arrimate para acá y acoderate babor a babor."

"¿Qué vienes a buscar?"

"Aqui tengo la lista que me dieron."

Prendi la luz y lei. Llamé  Pepe que depusiera el arma y saliera a cubierta. Mongo se sorprende un poco, pero finalmente entiende.

Me alegra elbarco que trajo Morejón se llama "Tiburón",  yo amo esa barco. Fuerte, excelente construcción, bueno para le pesca al alto, para paseos, para pasear los siete mares, si se le antojara. Y de gran capacidad.  Todo luce bien. Solo Gil Ascuce podia saber y decir las palabras que Mongo me traia como palabra de pase. "La goleta de la Habana no vino, porque cogieron miedo."  Eso me dijo Mongo.  Ya; este es el hombre hoy y aqui. Y le entregué las armas que cargamos abordo del "Tiburon."

"Antonio el Isleño está fondeado un poco mas abajo, llegate hasta alli, que Ñico te arregle el carburador asi yo no me detengo aqui.."  Asi lo hicimos.  "El Isleño era mi amigo y habia hecho muchos trabajos de este mismo tipo conmigo. Y me arreglaron el motor entre el y su hijo, Antoñico.

Entre una cosa y otra estuvimos el el Hotel Vendome, a las dos horas de haber llegado de vueltas a Miami. Pareciamos dos harapos, pues salimos del barco para la casa del Presidente.

Mary Tarrero, bendita mujer nuestra Primera Dama Cubana llorando nos abrazó a los dos. " Ya los creiamos perdidos. Miren, esos lirios se los puse a la Virgen, por ustedes dos. Y le recé mucho para salieran bien del viaje."

"Señora Tarrero, evidentemente su virgencita la escucha, porque aqui estamos."

Yo nunca le conté al Presidente Prio los detalles de esa aventura. Solo le dije, "Presidente, el recibo se ha borrado un poco, porque lo escribieron en el vinagre y en el queso."

"Ahora mismo voy a probar el recibo, ya tengo el dulce de guayaba preparado en la nevera."

"Disfrute usted, Don Carlos."

 

 

 

 
 
 
 
 
 
 
 
--
Gilberto F. Rodriguez



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Gilberto F. Rodriguez

Vie, 10 de Abr, 2009 3:32 am

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