“Cuando oigo una discordancia, sencillamente no puedo soportarlo. Es como ver una gran mancha de salsa de tomate en una camisa blanca”.
En 1971 nombraron director de la Filarmónica de Nueva York a Pierre Boulez, era el compositor más destacado de Francia y el defensor de la música de vanguardia más acérrimo. Sin embargo tenía fama de intolerante y violento.
Una vez le preguntaron qué se debía hacer con la ópera y sin dudar respondió: “Destruir todos los teatros”. El público se enfureció con él y canceló los abonos.
No le importó y se definía a sí mismo como un jardinero que tenía la misión de podar las ramas enfermas...
En nuestro trabajo y en nuestra vida, muchas veces solemos ver los errores de los otros como grandes manchas de tomate. A nuestros ojos son intolerables. La baja resistencia a la frustración, la ansiedad excesiva, los modelos de exigencia aprendidos en la niñez, el temor a la intimidad, entre otros, hacen que las personas que solo pueden ver los errores, nunca se sienten satisfechas, siempre parecen necesitar un mayor grado de perfección.
La crítica, la supervisión ocular excesiva, la desconfianza, no hacen sino fatigar a quien la ejerce y desalentar a quien la recibe.
Las personas, en vez de poner el foco en mejorar, aprenden a evitar el castigo.
Especialistas en procesos de Cambio y Crecimiento
4295.7912 www.concaponline.com