Estimados amigos, queremos compartir con ustedes la siguiente publicación del diario el Mundo de España, que se realizó el 5 julio del 2004 y que posteriormente llego a nuestras manos. Al parecer la ausencia de una verdadera política de turismo y el avance desmedido de la urbe y del monopolio comercial que existe en Machupicchu; amenaza con dejarnos sin nuestro único producto turístico de bandera. El Machu Picchu en vías de extinción. La Unesco alerta de que el turismo está deteriorando la antigua ciudad inca | ||
| La magia de la ciudad inca de Machu Picchu, en el sur de Perú, podría tener sus días contados. Cada día, 1.500 turistas de todas las partes del mundo patean las misteriosas ruinas, dejando su destructiva huella sobre sus piedras. Pese a las advertencias de los científicos, el Gobierno peruano ha hecho caso omiso a la necesidad de restringir el acceso de visitantes y el legendario lugar se hunde cada año un centímetro, según relatan los guías turísticos del enclave, como pudo comprobar esta periodista in situ a mediados de junio. De hecho, en uno de los mayores muros de la ciudadela se ha colocado recientemente un testigo de madera para comprobar cómo avanza el hundimiento. Ante esta situación, la alarma ha llegado a la Unesco, que declaró el Machu Picchu (Cerro Viejo) como Patrimonio de la Humanidad en 1983 y que esta semana se plantea incluirlo entre los sitios en peligro de destrucción. Esto supondría una grave sanción moral al Gobierno de Alejandro Toledo. Según los expertos, «no sólo no ha limitado el turismo, sino que ha permitido la urbanización descontrolada de Aguas Calientes -el municipio más cercano- y no ha previsto los desastres naturales en la zona, como son los derrumbamientos. El último se produjo hace un par de meses, cuando una avalancha de lodo y piedras causó 11 muertos en esta región. Pese a ello, cada día, trenes rebosantes de turistas viajan desde Cuzco por el valle del río Urubamba hasta esta antigua comunidad campesina, hoy convertida en centro comercial y hostelero. Y desde allí, decenas de autobuses enfilan el último tramo andino por una pista de tierra que, en forma de cremallera, asciende hasta los 2.400 metros. Al llegar, es tal la belleza de esta antigua ciudad inca -para algunos el último refugio de los emperadores y para otros un centro religioso- que el sobrecogimiento hace olvidar a los cientos de personas que se pasean entre las ruinas. Como mínimo, son tres veces más que la última regulación aprobada por las autoridades, que limitaba a 500 los visitantes diarios, pero que nadie se preocupa de hacer cumplir. Curiosamente, los turistas superan con creces a la población que se estima que tuvo Machu Picchu cuando fue construida, allá por 1460, por el inca Yupanqui Pachacuti. Francisco Bandarin, responsable del Patrimonio de la Unesco, ha denunciado que se han dañado seriamente las viviendas de piedras, las terrazas agrícolas y los templos. De hecho, no es raro ver a visitantes que se guardan piedras en sus mochilas como recuerdo, sin que nadie se preocupe de impedir el expolio. Incluso el director del Instituto Nacional de Cultura de Perú, Luis Lumbreras, auguraba ayer, en declaraciones al periódico mexicano El Comercio, que en 10 o 20 años, el lugar estará aún más ruinoso si no se toman medidas urgentes».
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