Articulo En busca del vinilo perdido, Mama, el ultimo bar
que acabo de ver publicado en este blog:
* de http://enbuscadelviniloperdido.blogspot.com/2007/10/mam-el-
ltimo-bar.html , 10-10-2007, por Mr. Glasshead
Mamá, "El último bar", 1981
Nunca deja de sorprenderme la extraordinaria fertilidad que supuso
el surgimiento de la nueva ola a finales de los setenta, en un
movimiento expansivo en el que proliferaron los discos de pop
inmediato y sin complicaciones, las guitarras limpias y energéticas
y los estribillos directos a la mandíbula. Con guías espirituales de
la importancia de Elvis Costello, Nick Lowe o Andy Partridge y sus
XTC, se produjo una abrasiva, regeneradora y frenética nueva edad
dorada del pop, a cargo de músicos que dejaban de lado poses,
introspecciones tortuosas e intelectualismos de pacotilla para
centrarse en la ilusión ardiente de la canción pop de tres minutos.
El movimiento tuvo un influjo importante en España, donde, como
siempre, los mejores no fueron los más conocidos. Es aquí donde se
hace obligatorio hablar de Mamá, grupo adicto a las melodías, a los
estribillos despreocupados, a las canciones de pop perfecto,
juvenil, fresco y de pegada directa.
Su talento quedó plasmado en apenas dos álbumes. El primero de
ellos, El último bar, publicado en 1981, es uno de los tesoros del
pop español de aquellos años, un conjunto de canciones
ultrapegajosas, nítidas, honestas en su sencillez y en su falta
absoluta de pretensiones, y por lo tanto cercanas y eternas. Es un
disco en el que sobresale por encima de todo las ganas de diversión,
de bailar al ritmo de teclados obsesivos y estribillos emocionales,
cuando la juventud no es impostura sino un aliento vital que explota
y deja a su paso chispas y electricidad. "El show empieza" ya marca
el camino, en esos teclados adhesivos hay indudables huellas de los
XTC más nuevaoleros y frenéticos, y también, por qué no, de los
Stranglers de los dos primeros discos, circulares y
matemáticos. "Chica cruel" es más de lo mismo, pero igual de bueno:
pegajosidad al máximo, pura melodía de chicle que, siguiendo la
estela de los mejores momentos de Any Trouble o The Knack, coros
incluidos, se convierte en representante de un hito irrepetible de
la nueva ola española. En cambio, "El figurín", con su estribillo
arrojado como una flecha, y ese ritmo de bajo tan propio del pub-
rock británico, obsesivo y saltarín, está a la altura de cualquier
clásico de la época, es puro power-pop diluido en azúcar. Pero ojo,
que ahí llega "Escóndete", frustrada, repleta de carisma,
sencillamente magistral, porque suena desesperada, hermosa y
adictiva, y consigue por méritos propios ser una de las mejores
canciones que se han escrito nunca en este país.
La exhibición no se detiene. En "Ligarse a Vicky" han escuchado el
bajo introspectivo de "Watching The Detectives", de Costello -cuya
figura se alarga sobre todo lo bueno que se hizo en aquella época-,
aunque puliendo sus aristas más jamaicanas y logrando una canción de
bote fácil y delicioso. Con "Hora punta en el metro" fijan la mirada
sin disimulos en el pop de mediados de los sesenta, justo después de
la invasión británica, con unas voces que se desgarran imitando
aquellos coros apasionados y llenos de desamor. "El número
equivocado" retoma el pop sin concesiones, envuelto en unas limpias
y blancas guitarras tan en voga durante la nueva ola, y que
procedían de las enseñanzas primigenias de Buddy Holly. "Buscándote
a ti" es otra melodía enamorada, con la aparición de un saxo que,
por raro que parezca, no molesta, sino que ensalza un estribillo
otoñal y memorable, como para sentirse de nuevo un adolescente. El
espíritu de la nueva ola, abierto a otros ritmos más cálidos, pero
siempre integrado en la canción pop canónica, se recoge plenamente
en "Las islas", donde se percibe esa curiosa conjunción entre un
ritmo reggae y un estribillo al grano (como hicieron todos los
grandes de aquellos años, vamos). "Amor de cuatro horas" aumenta las
revoluciones y la furia, pierden un poco su candidez pop, tampoco
demasiado, quieren ser duros pero canta a la legua que todo está
relleno de caramelo que no empalaga.
"Estás muerto" es una canción sensacional, en cuya sangre corre la
energía en estado de gracia, en aquellos momentos Mamá se sacaban de
la manga las melodías más perfectas, aquellas que explotan hacia
fuera, como hacían los Beatles en sus primeros singles. Y si no
fuese porque las anteriores canciones son excepcionales, "El último
bar", para terminar, podría considerarse la mejor de ellas, porque
concentra todo lo que ha ido labrando el carácter del disco:
infecciosidad, carácter juvenil, limpieza en el sonido y estribillos
hasta en las esquinas, todo ello con un quebradizo y meláncolico
aroma otoñal. El conjunto es un bocado sabroso de melodías puras, y
en definitiva uno de los discos en español más pegajosos que he
escuchado nunca.
Para terminar, he incluido también su primer EP, Regresa a casa a
las 10, hoy por hoy tan inencontrable como el disco del que hemos
hablado, y con cuatro hits nuevaoleros en los que Mamá no bajan el
nivel ni para cambiar de canción. "Regresa a casa a las 10" sería la
mejor canción posible para cualquier teleserie protagonizada por
adolescentes, en "Nada más" el desencanto se convierte en
dulzura, "Chicas de colegio" es una gamberrada power-pop pensada
para ser un éxito, y "Ya no volverás" desprende pura emoción
acústica de la que deberían aprender los sensibleros que pueblan las
listas de ventas de lo que hoy se entiende como "pop español".