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Cuenta el periodista César F. Buitrón que Salva Calvo «dejó un día su coche al borde del pantano de Luna. Subió hasta Mallo, de allí a Abelgas, bajó hasta Salce, recorrió todo el valle de Omaña para subir hasta Villabandín, de allí, monte a través, hasta Riolago de Babia, a Cospedal y por toda la falda de Peña Ubiña hasta Robledo de Caldas para volver a coger el coche. Un bonito paseo de 120 kilómetros plagados de montaña para sentir el placer del deporte en estado puro y para llegar a ser el mejor del mundo. Demasiado simple para recibir una ayuda de nadie». No es un profesional, pero puede presumir de ser el mejor del mundo en su afición. A pesar de ello, es un completo desconocido en su ciudad, aunque a buen seguro que no en su comarca, La Cepeda. Siempre que sale de España para participar en alguna carrera internacional lleva una camiseta en la que se pueden leer los nombres de León y de La Cepeda. Desde Brimeda para el resto de la galaxia, se podría decir en el caso de este atleta que demuestra carrera tras carrera que el afán de superación y la confianza en uno mismo pueden ser mucho más determinantes para un deportista que los patrocinadores y la fama. «Empecé corriendo cross, sobre tierra y sobre asfalto, hasta que poco a poco me fui enterando de que se hacían otro tipo de carreras, carreras que, cuando las descubrí, enseguida me di cuenta de que eran lo mío, lo que de verdad me gustaba aunque nunca antes hubiese oído hablar de ellas y aunque en el extranjero se llevaran disputando desde hace muchos años sin que ninguno de los de aquí nos hubiésemos enterado». Sierra Nevada o el Aneto fueron algunos de sus primeros destinos, pero a poco su ambición como corredor le fue llevando a otras cotas. «Obviamente, para dedicarse a esto es necesario entrenarse a diario, aunque yo no siempre corro y muchos días hago lo que llamo descanso activo, que puede ser hacer bicicleta o bien nadar», sostiene Salva Calvo, que durante años tomó parte en carreras tan duras en las que ya es todo un éxito alcanzar la meta, aunque en los últimos años han comenzado a llegar los resultados, el premio a muchos años de esfuerzo y entrenamiento, y por eso el leonés se ha hecho ya con una reputación a nivel internacional, sobre todo en lo que tiene que ver con carreras de montaña. No en vano, este leonés de Brimeda puede presumir de haber ganado carreras en cuatro continentes, y todo ellos sin ir sacando pecho por la calle ni buscando un eco mediático de sus triunfos en ningún momento. Cuentan de él que de niño ya era un apasionado del atletismo, que conseguía buenas marcas en el maratón aunque nunca llegara a destacar de una forma lo suficientemente seria como para comenzar a tomarse este deporte más en serio. Las maratones, 42,195 kilómetros, se le quedaban cortas, así que decidió que en lugar de ir a la Federación de Atletismo a preguntar dónde podría ir a competir en alguna carrera decidió ir a la Federación de Montañismo. Hace unos 150 kilómetros a la semana si no participa en ninguna carrera, y no se inscribe en más competiciones por falta de presupuesto. Dicen los que le conocen bien que no lo pide por no molestar, igual que dicen que no presume de sus hazañas porque es vergonzoso y no se siente a gusto cuando le felicitan por la calle. Su próximo destino es el mítico desierto de Gobi, en Mongolia, donde participará en una carrera que se celebrará en septiembre. El ejemplo de Salva Calvo puede servir para todo tipo de personas, desde aquellos que pueden ver en él la capacidad de superación y la dedicación, durante años y en silencio, a un deporte sin conseguir resultados, hasta los deportistas que a penas logran sus primeros éxitos ya caminan por la calle sacando pecho y pidiendo que les reconozca pública y económicamente su gesta. Todos ellos deberían mirar el ejemplo de Salva Calvo, el 'correcaminos' de La Cepeda. |