http://www.lne.es/verano/2009/08/07/verano-gran-secreto-sella/792366.html
El gran secreto del Sella
l La clave está en la sencillez y en la humildad de la prueba
PEDRO ZUAZUA PERIODISTA Fue la periodista Carmen Menéndez -que sabe más de piragüismo que todos los que vienen a la fiesta del Sella juntos- la que lanzó la pregunta: ¿qué es más emotivo, participar en unos Juegos Olímpicos o en el Descenso del Sella? Lo hizo, claro, a sabiendas de que habría debate. Un servidor contestó inmediatamente que, sin ninguna duda, el Descenso Internacional del Sella tenía una carga de emotividad muy grande y que, además, tenía el sabor de lo puro, de lo sencillo, de lo que no ha cambiado con el paso de los años. La piragüista olímpica Jana Smidakova, mostrando un profundo respeto y cariño por la prueba asturiana, fue la que finalmente triunfó en el debate, aduciendo que la experiencia olímpica no era comparable a nada. Al final, todos llegamos al acuerdo de que el Sella tenía un «no sé qué» tan arraigado que lo convertía en una prueba más que especial.
Es difícil explicar cuál es el elemento clave de una de las pruebas deportivas que más público atrae en el mundo. La cosa, si se ve de manera objetiva, no es muy especial. Deportistas bajando un río en piragua. Es más, en los últimos once años, el nombre de uno de los ganadores del K-2 se ha repetido hasta en diez ocasiones, lo que podría restarle emoción a la prueba deportiva. Y si nos ponemos exquisitos, habría que decir que el piragüismo no es precisamente el deporte rey, y encima la prueba se retransmite en directo, por lo que si uno no quisiera perderse detalle seguiría la competición a través de la pantalla.
Sin embargo, el Descenso Internacional del Sella junta cada año más y más gente en las riberas del río. Y lo hace sin más marketing que un par de pancartas a las entradas de Ribadesella y Arriondas y los típicos carteles que ya se han convertido en artículos de coleccionista. Se hace todo, además, desde un pequeño local en la calle Covadonga de Arriondas, en donde Emilio Llamedo dirige, con sencillez, humildad y brillantez, a un pequeño grupo de colaboradores que, aunque parezca difícil, pueden con todo.
Tal vez ahí esté la clave. En la sencillez y en la humildad de la prueba, que nunca ha pretendido ser más de lo que es y que siempre ha sido más que la edición anterior. Desde el respeto a la tradición y con las innovaciones justas, el Descenso se ha mantenido fiel a la idea original de Dionisio de la Huerta.
El ambiente que se vive en Arriondas en las horas previas a la salida es sencillamente indescriptible. Allí se junta gente que, tal vez, lleve un año sin verse, pero que se reconocerá por el chaleco, la montera picona y el collar de Piraguas. Ésa es la gente que mantiene en pie esta fiesta, la que conoce el secreto de la prueba, que se descubre cada año el sábado por la mañana. Curiosamente, un momento en el que un alto porcentaje de las personas que acuden en estos días a Ribadesella o a Arriondas está durmiendo la mona.
El secreto del Sella no está en agarrarse una castaña descomunal e irse a dormir a la tienda de campaña. El secreto del Sella está en las horas anteriores a la salida. Cuando desde las ocho de la mañana Arriondas se llena de gente, de Tritones, de Neptunos? Cuando los palistas comienzan a preparar el material y los acentos llegados de todo el mundo empiezan a mezclarse con la gente que celebra la fiesta. El secreto del Sella está en los momentos previos a la salida, cuando todo el mundo trata de dar explicación a cómo se abre a la vez el cepo que contiene los remos de los participantes. La clave del Sella está en esa desorganización organizada que hace que apenas se pueda oír el discurso y que el himno de Asturias, que da la salida a la prueba, vaya por una estrofa u otra, dependiendo de dónde esté uno situado. La esencia del Sella está en el sentimiento con el que las decenas de miles de almas cantan ese himno.
El sentimiento del Sella está, en definitiva, en ese momento en el que se da la salida y cientos de piragüistas comienzan a correr hacia el río, con la admiración del público, consciente de que está viviendo un momento único, indescriptible, en el que muchos nos acordamos de cuando éramos pequeños y nuestros padres nos llevaban a ver la salida, de los trayectos en una Vespino destartalada o de las aventuras a bordo del «tren fluvial». Un momento único que, para hacerlo aún más especial, se repite cada año. En eso, al menos, sí llevamos algo de ventaja a los Juegos Olímpicos. Guardemos el secreto.
El ambiente que se vive en Arriondas en las horas previas a la salida es sencillamente indescriptible
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Veteranos de épicos Descensos
Cuatro palistas gijoneses ensalzan, a la orilla del Piles que los vio entrenar, la mística de la popular prueba deportiva
Gijón, María CAVIA
El Sella se entrena en el gijonés río Piles. Que se lo digan, si no, a algunos de los participantes del Descenso y otros tantos veteranos de la popular prueba deportiva asturiana. Pero, además, el Sella también se promociona a la vera del Piles. Allí está la sede de la Fundación Amigos de Dionisio de la Huerta, el histórico promotor del Descenso.
Mercurio Martínez, Luis Garciablanco, Gonzalo Cuesta y Alberto Estrada son miembros de la Fundación y veteranos de la Fiesta de las Piraguas, además de deportistas natos y campeones de piragüismo. A alguno la pasión por el deporte le viene de familia.
Baloncesto, lanzamiento de martillo, pelota vasca, atletismo y, por supuesto, piragüismo, fueron las disciplinas deportivas que el padre de Mercurio cultivó a lo largo de su vida. Con esta trayectoria no es una sorpresa que su hijo se convirtiese en un gran deportista y se proclamara campeón del Sella en 1967. Tenía 18 años y en aquella edición batió una marca histórica al ser el más rápido en cruzar la meta en la modalidad de K1. «Aquel año el río bajaba con un caudal inmenso», afirma restándole importancia a su mérito. Pero, sin duda, lo tuvo, pues este récord en K1 no fue superado hasta diez años más tarde, cuando Herminio Menéndez, que llegaba de disputar unos Juegos Olímpicos, se lo arrebató.
Luis Garciablanco es otro campeón al que su afición por este deporte también le viene de familia. En 1962 se proclamó vencedor del Sella en la modalidad de K2 con Joaquín Tuya. «Nos impusimos a los noruegos por dos segundos. Casi me enteré de que habíamos ganado cuando escuché en el podio el himno español», destaca. El periódico «Voluntad» relató así la jornada: «Con vistas ya al puente de Ribadesella y faltando unos 200 metros para la meta, presenciamos el "sprint" final más impresionante que desde hace años no se había presenciado. Reconocemos a los tripulantes de estas dos piraguas. Una es "Orbayu", de Gijón, y la otra "Noruega", tripulada por dos muchachotes rubios que luego supimos que son hermanos. Apoteosis final porque -los gijoneses- vencieron limpia e implacablemente dando emoción hasta el último segundo». «Fue una lucha de titanes», destaca Gonzalo Cuesta, el veteranísimo de este grupo de palistas asturianos. En 1953 disputó su primer Descenso junto a Ángel Luis Valdés. Era la única embarcación gijonesa que participó en esa edición. Gonzalo Cuesta no ganó el Sella, pero participó en ocho ocasiones y, en 1955, en aguas del río asturiano, se proclamó campeón de España de ríos.
El Sella ha sido testigo de muchas historias y anécdotas divertidas. Y Alberto Estrada, con más de veinte ediciones a sus espaldas, conserva muchos recuerdos: «Una vez me dejé a mi mujer en tierra. Dieron la salida y me puse a remar como un loco. Para cuando me di cuenta, la vi corriendo detrás de la piragua. También recuerdo que en un entrenamiento me quedé colgado de la rama de un árbol», dice entre risas.
Aunque destacan la necesidad de seguir atrayendo a palistas de gran talla internacional que acudan al Descenso, todos coinciden en que el Sella es un gran evento deportivo que ha significado muchísimo para Asturias. «El Sella es el inicio de la tradición del piragüismo en Asturias que tantos campeones olímpicos y mundiales ha dado a España», comenta Cuesta. Ellos serán de los miles de asturianos que sigan con deleite, un año más, el Descenso del sábado.