CÉSAR F. BUITRÓN
LEÓN.— Salva Calvo no deja de sorprender. El leonés es el mejor especialista de España de carrera s de montaña, de las de verdad, de las que dependen de la federación de Deportes de Montaña, no de las que organiza la de atletismo que no son más que cross largos y por caminos escarpados. Esas las puede hacer cualquiera, pero lo que es capaz de firmar Salva cada vez que se pone las zapatillas y apunta al monte, sólo está al alcance de unos pocos privilegiados. La enésima exhibición de Salva Calvo ha llegado en el corazón de los Picos de Europa. Allí se celebraba la III Travesera Integral de Picos de Europa. Una carrera monstruosa de 55 kilómetros de recorrido que salía de los Lagos de Covadonga, concretamente de la Vega de Enol, para concluir en Sotres después de sumar más de 10 kilómetros de desniveles y haber transitado por Caín, la Vega de Urriellu y la Vega de Sotres
Si las cifras sirven para resumirlo casi todo en un mundo tan matemático como es el del atletismo y las carreras, los números de Salva asustan. Fue el ganador con más de media hora de ventaja sobre el segundo clasificado (sólo ellos dos bajaron de las 10 horas para completar los 55 kilómetros de recorrido).
La carrera había salido a las cinco de la mañana para evitar en lo posible el calor infernal que a media mañana empezó a castigar a los corredores. Así lo asegura, con su modestia habitual, Salva Calvo. «Os primeros kilómetros los llevamos bien porque la temperatura era agradable, pero a partir de las once de la mañana empezó a apretar el calor. No sé cuanto bebí, pero desde luego, bastante más de tres litros», recuerda el leonés que lo que no hizo fue comer «porque no soy capaz de comer en carrera. Si acaso algún plátano, pero cualquier cosa que me obligue a masticar soy incapaz de comerla», señala.
Desde los primeros kilómetros, Salva Calvo se puso en cabeza de los 90 corredores inscritos (sólo 57 acabaron la prueba y dos tuvieron que ser evacuados en helicóptero). Con él sólo aguantaba el que a la postre sería segundo, pero de manera efímera porque en la segunda subida fuerte lo dejó atrás y se fue en solitario hacia la meta. Su ventaja llegó a ser monstruosa, pero al final tuvo que reducir su velocidad teniendo que conformarse con ganar, pero sin bajar de las nueve horas porque un problema en los talones que arrastraba desde una carrera que hizo en Alicante dos semanas antes, se agravó y le obligó a terminar casi andando.
Tras este triunfo, su próximo reto es aún más ambicioso ya que el 29 de este mes correrá una prueba que sale de Brañillín para llegar a Trubia tras recorrer 87 kilómetros subiendo a los altos de Peña Ubiña, Cueto Negro y Cobertoria antes de descender hasta la localidad asturiana. Volverá a partir entre los favoritos, aunque esta vez en un terreno que conoce menos que los Picos de Europa.