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Hola
En reciente nota periodística se informa que de acuerdo a un estudio
los vegetarianos que comen sólo alimentos crudos derivados de las
plantas tienen una masa ósea anormalmente baja lo que los hace
proclives a padecer de osteoporosis. No obstante, otras señales de
salud ósea (capacidad de reposición y niveles de vitamina D) eran
normales.
Este tipo de noticias llaman mi atención ya que durante mi vida he
intentado varias veces seguir una dieta vegetariana aunque por una
razón u otra he tenido que abandonar el régimen para volver a
intentarlo tan pronto como he podido. La dificultad básica es que
estamos en una cultura carnívora e ir contra la corriente no simpre
es tan fácil. Uno se encuentra con limitantes a la hora de encontrar
los alimentos adecuados para sustituir a la carne como suplemento de
proteínas y probablemente de otras substancias.
Admito que cada vez es mayor la oportunidad de conseguir fuentes
alternas como pueden ser la soya o suplementos en forma de pastillas.
La dificultad no es solamente los recursos alimenticios sino la
presión social expresada en el ambiente carnívoro que nos rodea.
Existe un restaurante vegetariano por cada veinte mil de
los "normales". En las ocasiones en que es necesario comer en el
lugar en que nos encontramos estudiando o trabajando suele suceder
que imperan los productos cárneos. En las reuniones sociales siempre
está uno desentonando al buscar la alimentación "especial" que
consumimos.
Y es que no se trata únicamente de la carne. Si rehusamos comerla
para evitar la cantidad de toxinas que contiene, es lógico que
evitemos intoxicarnos con otro tipo de alimentos o bebidas que no se
distinguen por ser lo más saludable que existe. Y entonces ya no sólo
no comemos carne sino tampoco comida chatarra, coca colas, alcohol y
otras cosas de dudoso beneficio para el organismo. Pero estamos en
una cultura carnívora, alcohólica, cafetera, chatarrera. No es que no
me guste todo ello. De hecho, me gustan los placeres de la carne, de
las botanas, del alcohol, de los dulces, de los chocolates. Aunque
por motivos de salud ya me he quitado buena parte de todo ello (y del
alcohol por completo). Como siempre, un saludable equilibrio es la
mejor recomendación.
En la obra "El Profeta" de Gibran Jalil Gibran, uno de mis libros
preferidos, se encuentran estas bellas palabras acerca de los
alimentos:
"Y haced que vuestra mesa sea un altar en el que lo puro y lo
inocente, el buque y la pradera sean sacrificados a aquello que es
más puro y aún inocente que el hombre.
Cuando matéis un animal, decidle en vuestro corazón:
El mismo poder que te sacrifica, me sacrifica también; yo seré
también destruido.
La misma ley que te entrega en mis manos me entregará a mí en manos
más poderosas".
El capítulo continúa con la misma prosa llena de ternura que siempre
destiló la obra de Gibran. Su posición me parece un justo medio entre
los extremos cuando no existe otra alternativa que acabar con una
vida para sobrevivir. Y es verdad que también nosotros somos pasto de
otros seres. En mucho ha contribuído el crecimiento de los ambientes
urbanos para protegernos contra los cocodrilos, los leones y otras
bestias, pero todavía seguimos sucumbiendo ante los virus, hongos,
parásitos y bacterias. Esa es la realidad de este mundo, del samsara.
En el caso de la carne existe un factor de primer órden: el ético. No
es solamente lo relativo a la salud lo que debemos contemplar cuando
tocamos el tema de la dieta carnívora o vegetariana. Es de suponerse
que cuando una persona llega a determinada captación de los seres
sensibles, sienta empatía con la existencia de nuestros compañeros de
planeta. Los animales tienen tanto derecho como nosotros a la vida.
No se trata de no hacer distinciones de valor. Sabemos que existen
diferencias en el valor intrínseco y cuando no existe más remedio que
matar una vaca para sobrevivir, es necesario preservar la mayor
profundidad de una vida humana.
De lo que se trata es de no matar si no es estrictamente necesario. Y
es por ello que Wilber afirma, correctamente, que es mejor matar una
zanahoria que una vaca. Tenemos oportunidad de parar, aún cuando se
trate en una pequeña medida, esta terrible circunstancia de la
existencia que consiste en matar para vivir.
Por eso siempre me llaman la atención las notas como la que describí
al principio. Sería lamentable que definitivamente exista alguna
substancia en la carne que no pueda ser sustituída con alimentos que
no sean de procedencia animal. Aunque cosas como la leche o el queso
pueden ser fuentes que posean todos los nutrientes. Hay que subrayar
que la nota se refiere a los más estrictos vegetarianos.
Hasta la próxima.
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