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Creí toda la vida que una biografía tenía el principio en el nacimiento del protagonista. Que una novela, una obra de teatro, una ficción, debería estar compuesta de las tres famosas partes presentación, nudo y desenlace para ser interesante.
Las historias, los cuentos y las narraciones, los poemas, cualquier escrito está ahí presente, esperando ser descubierto, que alguien desempolve sus telarañas, ordene sus artilugios y secuencias y lo saque flamante a la luz. Como un investigador, un escultor, un artista, sacan fruto del objeto de estudio y de trabajo, el escritor ha de ir a la búsqueda de algo que se le pone delante, algo que sólo puede ver él: sus espectativas y su propia alma.
Así voy encontrando yo la mía.
Y cual casa de muñecas,cual habitáculo de deseos, frustraciones y alegrías. ella sigue ahi, impávida, a través del tiempo y dejándose llevar de quien la ocupe y la mantenga. Cual mujer de la vida que no puede hacer más que cumplir el cometido para el que ha sido construída, así pervive, no sé por cuánto tiempo, aquella casa.
No ha sido la única. Ha estado acompañada de otras en la acogida de una vida pero sí una de la que más ha marcado unas vidas que de un modo un otro acabaron por desaparecer o separarse.
Y así, señoras y señores, aquí presentamos:
La casa de Coruña, de sta. Lucía.
La casa de Ferrol, de Concepción Arenal.
La casa de Zaragoza, de Gascón de Gotor.
La casa de Madrid, de Alfonso II.
La casa de Villajoyosa de la Basseta de L'oli.
La casa de Villajoyosa de la Calle Colón.
Y la casa de la escalera, de Cartagena...
a......
La casa de la Dalia.
Bienvenidos.
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