en este correo viene Oliverio Girondo (Buenos Aires 1891- Europa - Francia con Supervielle- Chile - Brasil - Buenos Aires 1967) con el poema que a mí mas me gusta de los que le he leído. A Oliverio Girondo hay que traerlo con "nocturno" para que así... luego... pues lo que él quiera por mucho rato. Nocturno pertenece a la primera publicación de Girondo en 1922 "Veinte poemas para ser leídos en un tranvía" que cuesta 1200 pelas. Existe una edición de sus obras completas y si nadie nos da antes su referencia, ya os la pondré cuando la tenga.
Mientras Benedetti con "caracol de sueño"
soñaba cosas reales a gran distancia, Girondo con "nocturno" vive
una noche con las sombras imaginarias que saca a los ruidos y las cosas
reales que tiene al lado.
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Nocturno
Frescor de los vidrios al apoyar la frente en la ventana. Luces
trasnochadas que al apagarse nos dejan todavía más solos.
Telaraña que los alambres tejen sobre las azoteas.
Trote hueco de los jamelgos que pasan y nos emocionan sin razón.
¿A qué nos hace recordar el aullido de los gatos en celo,
y cuál será la intención de los papeles que se
arrastran en los patios
vacíos?
Hora en que los muebles viejos aprovechan para sacarse las mentiras,
y en que las cañerías tienen gritos estrangulados,
como si se asfixiaran dentro de las paredes.
A veces se piensa, al dar vuelta la llave de la electricidad,
en el espanto que sentirán las sombras,
y quisiéramos avisarles para que tuvieran tiempo de acurrucarse
en los
rincones.
Y a veces las cruces de los postes telefónicos, sobre las azoteas,
tienen algo de siniestro y uno quisiera rozarse a las paredes,
como un gato o como un ladrón.
Noches en las que desearíamos que nos pasaran la mano por el
lomo, y
en las que súbitamente se comprende que no hay
ternura comparable a la de acariciar algo que duerme.
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Un abrazo,
Sime.