en este correo viene Günter Grass: "Cuando tenía treinta y dos años me hice famoso. Desde entonces tenemos la fama realquilada", que fue premio Nobel de literatura el año pasado y que al escribir "Mi siglo" tuvo en jaque durante un minuto a Garbiñe con su "Gure mendea", el tiempo que tardó en darse cuenta de lo acertado del título de Grass.
Los tres poemas que aquí vienen son una traducción de Miguel Sáenz en "Günter Grass: Poemas" de la Colección Visor de Poesías, Visor-Libros 1994. En concreto, los dos primeros son de la obra de Grass "Las ventajas de las gallinas de viento" y el tercero es de la obra "Gleisdreieck".
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Sustento de profetas
Cuando la langosta invadió nuestra ciudad,
no traían ya la leche a casa y el periódico se asfixiaba,
abrieron las cárceles y soltaron a los profetas.
Entonces recorrieron las calles los 3.800 profetas.
Podían hablar impunemente y alimentarse a placer
de aquel fiambre saltarín y gris que llamábamos plaga.
Qué otra cosa se hubiera podido esperar...
Pronto volvieron a traernos la leche, el periódico respiró
y los profetas llenaron las cárceles.
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Asuntos de familia
En nuestro museo -vamos todos los domingos-,
han inaugurado una sección nueva.
Nuestros hijos abortados, embriones pálidos y serios,
se acurrucan en simples tarros de cristal,
preocupados por el futuro de sus padres.
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Cambio
De pronto estaban aquí las cerezas,
aunque se me había olvidado
que había cerezas,
e hice proclamar que nunca hubo cerezas...
estaban aquí, de pronto y caras.
Cayeron ciruelas y me dieron a mí.
Pero si alguien cree
que yo cambio
porque algo me caiga encima,
es que nunca le han caído cerezas.
Sólo cuando me pusieron avellanas en los zapatos
y tuve que correr,
porque los niños querían lo de dentro
grité pidiendo cerezas, quise que me cayeran
encima ciruelas... y cambié un poquito.
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Un abrazo,
Sime.