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DE JUGLARES, MINISTRILES, TROVADORES Y TROVEROS
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Juglares y ministriles
En todos los países y épocas ha habido siempre una clase de hombres dedicados profesionalmente a la música como entretenimiento. El nombre dado por los
romanos a tales personas era el de joculator, que alude más bien al aspecto
más ligero o menos serio del arte. De esta palabra derivaron el francés
juglere, más tarde jongleur, el alemán gaukler, el italiano giocolino, el
español joglar, luego juglar, y el inglés juggler. Las palabras gaukler y
juggler perdieron dignidad y acabaron refiriéndose solamente al aspecto más
inferior del trabajo profesional de estos artistas públicos, que contaban en
sus huestes a los actores, los domadores de osos, los adivinos y los
acróbatas de la Edad Media y también a los músicos. Tal división en las
ocupaciones y en la dignidad del oficio se estableció por sí misma desde
temprano. En el siglo X ya era cosa reconocida. Esta diferencia de rango
social se hizo más patente en el siglo XIV con la introducción de un nuevo
término para designar a la clase más elevada de estos artistas públicos, la
de los músicos, los cuales fueron llamados ménestrier
(de significado cercano a «ministro» y que según algunos alude a la
obligación de ministrar acompañamiento musical a los trovadores) lo que
equivalía casi a «músico profesional» La profesión en sí era llamada ménestrandie. Necesariamente, existían
enormes diferencias de importancia social entre los mismos minístrales. Los
había pobres y humildes vagabundos, y otros que eran los servidores
permanentes y bien remunerados de los nobles y de la realeza; en verdad,
puede decirse que existía la misma amplia diferencia que podemos apreciar hoy
entre el pobre guitarrista cantor de los almacenes de las afueras y el
virtuoso de las grandes salas. |
El ministril en Inglaterra
La profesión musical ha
sido siempre importante en Inglaterra, cualquiera haya sido el nombre usado
para designarla. Ya se ha aludido a los gleemen de los antiguos sajones y
debemos recordar que en la invasión normanda de 1066, Guillermo el
Conquistador, iba acompañado por su bardo guerrero Taillefer, que obtuvo
permiso para dar el primer golpe en la batalla de Hastings, por la cual
avanzó cantando las hazañas de Carlomagno y Rolando y arrojando su espada por
los aires y recogiéndola de nuevo (una prueba de los juglares) hasta caer
muerto. Esto da una idea de la importancia que daban al jougleur los monarcas
normandos. Rahere (m en 1144), que
fue el fundador del priorato y hospital de San Bartolomé en Londres (la
iglesia existe hoy en parte y el hospital, apodado Barts, todavía está en el
mismo sitio), era al mismo tiempo músico, juglar y, como se diría más tarde,
ministril de Enrique I. Cuando Rahere dio estas muestras de munificencia, ya
había abandonado la música para entrar en la iglesia; de todos modos vemos en
él a un representante del rango más elevado de la profesión. Podemos vislumbrar lo que eran las categorías más bajas por un incidente ocurrido casi un siglo después. El conde Randulfo de Chester estaba sitiado por los galeses en su castillo de Rhuddlan, en Flintshire, en 1212; en esa situación envió un mensaje a Roger de Lacy, conocido por su crueldad como Roger del Infierno, magistrado y condestable de Chester, para que, ya que realizaba entonces la feria anual de la ciudad, juntara a todos los juglares de varias clases allí reunidos y los pusiera en marcha a las ordenes de su yerno Dutton. Su número, visto a la distancia, fue suficiente para hacer retirar a los galeses. Como recompensa por esto, una carta real dio a los Dutton desde entonces, jurisdicción sobre los ministriles de Chester. |
Corporaciones y Compañías de
ministriles
La organización y regulación de la profesión de ministril por medio de la formación de una fraternidad o corporación, parece haber comenzado en Londres ya por el año 1350; se conservan varias ordenanzas y cartas reales (1500, 1518, 1574, etc.) en las cuales se detallan los fines perseguidos y las limitaciones impuestas a dicha corporación. Una de las principales finalidades era la exclusión de músicos «extranjeros», es decir, no londinenses. También se trataba de prevenir la competencia de los aficionados y aun se trataba de evitar el exceso de profesionales al prohibir que se tomaran demasiados aprendices. La historia ulterior del
control legal de los músicos es oscura. En 1657 algunos de los músicos de
Cronwell hicieron peticiones ante el Consejo de Estado, el cual había nombrado
una “Comisión para adelanto de la música” a pesar de que no existían documentos
de este dato histórico hasta después de 1772. Los músicos expresaban que deseaban
fundar una «Corporación o colegio de músicos... para regular todo lo concerniente
a la profesión de músico» Esto es curioso ya que tal corporación existía. en 1700 hallamos que el
consejo comunal de la ciudad de Londres confiere poderes a una compañía, y en
1763 se entabla con éxito un pleito ante el magistrado municipal contra un
tal Hudson, el cual había empleado como músicos en un banquete del lord mayor
a personas que no eran «miembros de la compañía». Esta compañía tenía poderes
tanto sobre los maestros como por sobre los ejecutantes, y podía imponer
multas de cuatro libras a los que, no siendo miembros de ella, se atrevían a
dar lecciones dentro del área de Londres. Hay abundantes vestigios
de la importancia que la profesión de juglar o ministril tuvo desde el
amanecer de la civilización en Europa hasta el siglo XVI, época en que la profesión
musical tomó otras direcciones para su desarrollo y expansión. Dos edictos de
la reina Isabel para reprimir toda suerte de vagancia, declaran que los
ministriles son «pícaros y vagabundos.» |
Trovadores y Troveros
El arte de los juglares y ministriles fue ejercido
en toda Europa: ningún país en especial fue centro de su actividad. El arte
de los trovadores y troveros estuvo confinado al sur de Francia (irradiando
sobre el norte de España y de Italia, dondequiera que se hablara la lengua
provenzal) y al centro y norte de Francia. Es claro que estos límites eran sobrepasados
muy a menudo por los trovadores, que se trasladaban a otros países, llevando
con ellos su arte e inspirando muchas imitaciones. Los juglares y ministriles comprendían desde el
ejecutante callejero ambulante hasta el director de las diversiones de una
corte real; la posición de los trovadores era más elevada; en efecto, sus
actividades trascendían a menudo las de una mera profesión, tornándose en la
ocupación de ciertos talentosos miembros de la nobleza y hasta de algunos
reyes (p. ej. Ricardo Corazón de León de Inglaterra, que era de origen parcialmente
provenzal) Hubo también algunas mujeres trovadoras. Los trovadores y troveros ejercían el mismo arte,
el de poeta-compositor. Las palabras trovador y trovero significan
exactamente lo mismo: «el que trova» (hallar, encontrar, inventar). Los trovadores y los troveros se diferencian por
la región y el idioma. Los trovadores vivían en el sur de Francia, en
Provenza, y usaban la lengua provenzal, la langue
d’oc. Los troveros estaban en el centro y norte de Francia, y
hablaban la lengua francesa, la langue
d’oïl. Oc y oïl representaban respectivamente en cada lengua a la
palabra «si» y sirvieron como término cómodo de distinción entre estas dos
lenguas romances. a Índice |
Naturaleza del arte de los trovadores
El arte de los trovadores y troveros representa uno de los mayores refinamientos que se hayan producido en el desarrollo de las formas poéticas. En lo que queda de sus obras pueden estudiarse novecientos metros y formas estróficas diferentes. Cultivaron especialmente la lírica, y el resultado de sus esfuerzos en este campo ha influido en la literatura de casi todos los países de Europa. Su tema principal era el elogio de la mujer. Cada trovador tenía su propio ideal femenino, al cual dedicaba una devoción idealista desde el punto de vista de la ampulosa retórica. Pero también celebraba el heroísmo, la grandeza de los príncipes y el orgullo nacional, así como tomaba partido en disputas políticas e incitaba en verso a las Cruzadas. En lo que se refiere a la música, debe recordarse que en esa época casi toda la poesía estaba destinada a ser cantada, por lo cual el autor de un poema sólo había realizado la mitad de la tarea hasta que lo hubiera dotado de una melodía adecuada. El trovador era, pues, al mismo tiempo poeta y compositor, pero no era necesariamente tañedor. Podía tener o no una buena voz, y podía o no gustarle aparecer en las cortes y salones como cantante. Un juglar con genio creador, podía elevarse al rango de trovador, así como se daba el caso de algún trovador necesitado que descendía a ser juglar, cantando sus canciones y las ajenas. Uno de los mayores trovadores fue Bernard de Ventadorn (Circa 1130-1195), que cantó a Leonor de Aquitania, más tarde esposa de Enrique II de Inglaterra. Se cree que la siguió cuando ella se trasladó a Inglaterra en 1154. Mucho de lo que sabemos de la vida de los trovadores procede de Dante (1265-1321) que floreció en el período inmediatamente posterior al de los trovadores, y cuya técnica poética nos muestra la influencia de aquellos. El amor de Dante hacia Beatriz representa perfectamente el ideal de los trovadores. Texto extraído del Diccionario Oxford de la Música |
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