LA IZQUIERDA FRENTE AL CONFLICTO
ISRAEL-PALESTINA
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Como manifestaba el recientemente fallecido Edward Saïd en una charla después de recibir hace poco más de un año el Premio Asturias a la Concordia - muy justamente compartido con Daniel Baremboim - en lo referente al conflicto palestino-israelí, parte de la izquierda se dejó llevar ciegamente primero por las consignas soviéticas de obligado consumo, y paralelamente por un antisemitismo atávico, hasta que de repente esa gente se encontró con que para cumplir con las consignas o atender a los reclamos de su odio genético, debían apoyar a regímenes que mataban a los izquierdistas, o que los expulsaban de sus países, o que los condenaban a terribles penas de prisión perpetua, como era y es el caso de TODOS los países árabes, de TODOS los emiratos, los principados, los sultanatos, las repúblicas fundamentalistas. Y ahí los tenemos, llevados por un odio ciego y un rechazo visceral a los judíos en general y al gobierno de Israel en particular (muchísimas veces con razón en lo que al gobierno se refiere, pero carentes de legitimidad, por extender su odio a la generalidad del pueblo judío), actuando de la forma más vil y burda que se pueda imaginar, perjudicando casi irremediablemente con su proceder indigno a la justa causa del pueblo palestino. Me refiero a aquellos que escenifican un discurso ajeno a los principios de la Autoridad Nacional Palestina, porque mientras ésta habla desde el pragmatismo, ellos lo hacen desde los intestinos. Hablo de aquellos cuyo ideario no es el de la mayoría abrumadora del pueblo palestino - que lo único que realmente quiere es vivir en paz después que el ocupante se retire a las fronteras de 1967 (sí, mientras ellos quieren borrar del mapa a Israel, el 90% de los palestinos lo aceptan como un mal menor, ya que saben que jamás podrán tirarlos al mar) - sino el discurso de los grupúsculos de fanáticos fundamentalistas que proponen el incendio y no el oasis, el Apocalipsis y no el Nirvana. Sí, apunto a aquellos cuyo discurso se transforma en el soporte argumental que otorga un nihil obstat a los que ponen bombas en los colegios y en los restaurantes, y no a los que intentan apagar los incendios con una invitación a la concordia, o asfaltar los precipicios tendiendo puentes sobre la peor de las fronteras, que es el odio sin fronteras. Los terroristas de los suicidios por un lado y de los bombardeos selectivos o colectivos por el otro discursan en árabe o hebreo, y los terroristas de la palabra lo hacen en todos los idiomas, pero ambos dicen lo mismo, producto del similar odio ciego que movía por ejemplo al Muftí de Jerusalén en los años cuarenta, y que siempre movió y continúa moviendo a Ariel Sharon y a algunos de sus ministros, o a los líderes de Hammás, Hezbolá o la Yihad. El discurso de esos "izquierdistas" es una copia fiel de la catilinaria de la extrema derecha judía, bastando cambiar palestinos por judíos, patria palestina por patria judía para ver que el fascismo de Sharon y su banda, asociado al fundamentalismo judío por un lado - minoritarios dentro del Estado de Israel - y el fascismo y el fundamentalismo islámico que se dan la mano - minoritarios dentro del pueblo palestino por el otro - dicen y hacen lo mismo, porque a ambos los mueve el odio hacia el otro, y usan la mentira como argumento y las medias verdades o las promesas divinas como consignas. Todo aquel que después de condenar un bombardeo sobre la población civil de Gaza o de Yenin agrega un pero... o quien condena un atentado de un suicida y a seguir y en la misma frase le agrega un pero... es tan terrorista como quien bombardeó Gaza o se hizo volar por los aires dentro de un restaurante, porque nada, absolutamente nada, justifica el bombardeo de población civil o el exterminio de transeúntes o pasajeros de un ómnibus o comensales de un restaurante. El que trabaja para crear la Gran Israel bíblica y expulsar a los tres millones de palestinos de la "tierra santa", lo hace sobre una hipótesis sin fondo ni futuro, porque jamás lo logrará, y el que actúa para que los judíos sean expulsados de Haifa y de Yaffo, de Tel Aviv y Ashkelon, trabaja sobre una hipótesis que jamás será realidad, y ambos arrastran a la muerte de carne y hueso a ciudadanos inocentes que lo único que quieren es vivir en paz. Todo aquel que para atribuirse el derecho a la tierra se inventa un pueblo palestino estable desde hace ¡diez mil años! en una región en la que la población era fundamentalmente nómada y el territorio una "estación de servicio" para las caravanas que circulaban entre África y Babilonia, olvidando de mencionar que en esa época los habitantes de la región no eran ni judíos ni cristianos ni musulmanes, lo único que consigue es mostrar y demostrar su mala fe o su ignorancia, ya que la población autóctona fue atomizándose a lo largo de los milenios en castas o credos diferentes, y no por eso unas tienen preferencia sobre otras o título de propiedad sobre la "palestinidad" de las personas. El que usa el nombre de dios para otorgarse derechos sobre un pedazo de tierra, invocando argumentos del tipo de "somos el pueblo elegido", lo único que consigue es mostrar las patas de palo de sus ideas y principios, ya que territorio y soberanía no son milagros divinos sino realidades palpables resultantes de guerras o de compromisos, y si eso fuera poco, demuestra que su mirada unilateral no conduce ni a la paz ni al paraíso, sino al cementerio y al infierno. El izquierdista que olvida que el Estado de Israel nació con el apoyo total y decisivo de la Unión Soviética, y que las alianzas posteriores del Kremlin con los principitos y emiretes de media suela (todos ellos explotadores de sus respectivos pueblos), fue consecuencia de la polarización, de la guerra fría, y no de afinidades ideológicas. El que asocia la palabra nazi con el pueblo judío es un nazi que intenta transferir culpas. Freud lo explica. El hecho de que el Estado de Israel haya nacido sobre una parte ínfima del territorio "palestino", generando así injusticias de las que fueron victimas muchísimas personas que tuvieron que dejar su tierra, su casa, sus raíces (unas atendiendo al pedido de los líderes árabes, que les dijeron que se fueran y les prometieron que podrían volver en un par de semanas, cuando terminaran de tirar a todos los judíos al mar, y otros expulsados a punta de bayoneta por el incipiente ejército judío), es terrible desde el punto de vista humano, ya que no se arregla un gran problema (el mea culpa entonado por Occidente por el genocidio que sí existió, que sí mató a millones de judíos por el solo hecho de serlo) creando un pequeño problema (así es, y no al revés, porque invertir el tamaño del problema es falsificar la Historia). Cuando en Política hablamos de Problemas Globales, no podemos mirar apenas al árbol, sino que tenemos la obligación de observar el bosque. El tema se presta para seguir profundizando, pero soy conciente que para buen entendedor pocas palabras bastan, y que para quien no pueda o no quiera entender, no hay biblioteca que lo convenza. Termino recordando el hecho de que a lo largo de la Historia muchas veces ideas interesantes naufragaron por el mal uso de las palabras elegidas para explicarlas. El discurso del odio a los judíos como tales o a los árabes por el simple hecho de serlo, es la tumba de todas las ideas, de todos los principios, de todos los valores, de toda la esperanza. Sugiero
a todos los que se dejan llevar por el canto de sirena de
la generalización o por las atractivas nalgas de la odalisca que
atribuye todas las culpas al
otro, que
miren con ojos desvestidos de sus trajes negros y cambien el tono de
sus
discursos, porque no se trata de "catequizar" a los participantes de
unos comicios de alguna organización fundamentalista, sino de buscar
soluciones
que hagan volar por los aires y en mil pedazos al odio genético que
habita en la cabeza de muchos, y
que bombardeen definitivamente y sin tregua al deseo de venganza que
anida en
la conciencia de tantos esclavos del miedo. * * * * * *
NOTAS AL PIE DE PÁGINA 1.- Prohibido olvidar que el tiempo generalmente juega a favor del ocupante y contra el ocupado. Para ejemplo sirven California y Texas, ocupadas y anexadas por USA. Por esa razón es que todos los que rechazan el diálogo y proponen la expulsión de "Palestina" de los judíos, lo que hacen es promover la perpetuación de la ocupación, actuando como verdaderos agentes del fundamentalismo judío. 2.- Cuidado con los antisemitas que usan a un judío para probar que no lo son. En la Rusia zarista los antisemitas decían “moi yid, voi yid”, mi judío, tu judío, y siempre que atacaban a los judíos en general sacaban del bolsillo a “moi yid”, aunque al final lo entregaban por menos de 30 dineros. 3.- Que los fanáticos pro palestinos entiendan que Israel de las fronteras del 67, guste o no, es una realidad que no hay Alá que la cambie. 4.- Que los fanáticos judíos que operan bajo la batuta de Sharon entiendan que un Estado palestino soberano que comparta con Israel el uso de Jerusalén como capital, será una realidad que no habrá Elohím que la impida. 5.- ¿Alguien puede imaginar qué pasaría con el pueblo palestino si Israel no existiera?... ¿Viviría mejor?... Yo se lo digo. El que crea que Israel del 67 es el padre de todos los males del sufrido pueblo palestino, que vaya al Líbano y mire cómo viven los palestinos. Que vaya a Jordania y mire los "campos de concentración" en los que se hacina la mayoría de la población palestina. 6.- De la misma forma que no pocos gobiernos israelíes han provocado miseria y muerte en los territorios, el sufrido pueblo palestino no ha recibido ninguna ayuda de los que tanto gustan de hablar en su nombre. Muy por el contrario, han sido y son marginados y explotados por los emires, reyes y presidentes que mandan en esas tierras como verdaderos señores de esclavos que son. 7.-
De la misma forma en que los fanáticos presentan sus ideas en
todos los foros e instancias, invito a los izquierdistas de verdad a
hacer lo
mismo con las nuestras, porque como todos sabemos, las monedas tienen
dos
caras, pero las personas de bien apenas una.
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