para compensar un poco tristeza de José Luis Borges, echamos una ojeada nuestro conocido Oliverio Girondo que también nació en Buenos Aires, en concreto a su libro "Espantapájaros (Al alcance de todos)" (1932) que comienza con un poema semigráfico que declina del "verbo" no saber nada.
De ese libro, que tiene un total de 24 textos sin desperdicio, os copio el 14, es un poquito largo pero es muy rico porque es el texto donde la abuela de Girondo le alecciona sobre las cosas de la vida:
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Mi abuela -que no era tuerta- me decía:
"Las mujeres cuestan demasiado trabajo o no valen
la pena. ¡Prueba tu sueño con las que te gusten y serán
tuyas mientras descansas!"
"No te limpies los dientes, por lo menos, con los
sexos usados. Rehuye, dentro de lo posible, las enfermedades venéreas,
pero si alguna vez necesitas optar entre un premio a la virtud y la sífilis,
no trepides un solo instante: ¡El mercurio es mucho menos pesado
que la abstinencia!"
"Cuando unas nalgas te sonrían, no se lo
confíes ni a los gatos. Recuerda que nunca encontrarás un
sitio mejor donde meter la lengua que tu propio bolsillo, y que vale más
un sexo en la mano que cien volando."
Pero a mi abuela le gustaba contradecirse, y después
de pedirme que la buscase los anteojos que tenía sobre la frente,
agregaba con voz de daguerrotipo:
"La vida -te lo digo por experiencia- es un largo
embrutecimiento. Ya ves en el estado y el estilo en que se encuentra tu
pobre abuela. ¡Si no fuese por la esperanza de ver un poco mejor
después de muerta!..."
"La costumbre nos teje, diariamente, una telaraña
en las pupilas. Poco a poco nos aprisiona la sintaxis, el diccionario,
y aunque los mosquitos vuelen tocando la corneta, carecemos del coraje
de llamarlos arcángeles. Cuando una tía nos lleva de visita,
saludamos a todo el mundo, pero tenemos vergüenza de estrecharle la
mano al señor gato, y más tarde, al sentir deseos de viajar,
tomamos un boleto en una agencia de vapores, en vez de metamorfosear una
silla en transatlántico."
"Por eso -aunque me creas completamente chocha-
nunca me cansaré de repetirte que no debes renunciar ni a tu derecho
a renunciar. El dolor de muelas, las estadísticas municipales, la
utilización del aserrín, de la viruta y otros desperdicios,
pueden proporcionarnos una satisfacción insospechada. Abre los brazos
y no te niegues al clarinete, ni a las faltas de ortografía. Confecciónate
una nueva virginidad cada cinco minutos y escucha estos consejos como si
te los diera una moldura, pues aunque la experiencia sea una enfermedad
que ofrece tan poco peligro de contagio, no debes exponerte a que te influencie
ni tan siquiera tu propia sombra".
"¡La imitación ha prostituido hasta
a los alfileres de corbata!"
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Un abrazo,
Sime.