La violencia es un gesto,
un pensamiento
que de pronto me ronda
como un pie pensativo
como la cadena de un reo,
como una lejana ansiedad,
La violencia prepara
su imprevisto crescendo,
su ensalada de voces y de mandos,
su cresta aderezada
su termómetro lábil
su paso cadencioso
su brutal gesto. De pronto
los ojos separados del cuerpo
ven fantasmas
en la amable espesura.
De pronto
los oídos emancipados
oyen acuarelas y refugios,
ademanes y pasos,
cuadrúpedos y flores.
Entonces estalla
En el vientre.
En gargantas quebradas
En puños que se cierran
y esfínteres
que presionan el día
Hay lluvias imprevistas.
Relámpagos y noches
en pleno mediodía. La violencia
repta y vuela,
sus torrentes
se vacían en lagos disueltos
mientras el peso de los mares
atardece los muertos.
Después regresamos
jadeando
nadando apenas
mientras el mar picado
se junta en la playa,
entre las caracolas. Dibuja
nuevas orillas en las mañanas,
nuevos diseños del sol hasta que llegue
el vómito negro
la siguiente marea de bilis y refugios,
el próximo ejército de bosques,
la demorada tarde en donde
cada árbol
será de nuevo una amenaza. Cada niño
portará un fusil. Enemigo potente
mientras las horas cantan
himnos bélicos, desesperados
y la metralla entona en los oídos
la sinfonía de los grillos destripados.
© Gocho Bersolari
Poeta
Poeta
Un mal escritor puede llegar a ser un buen crítico,
por la misma razón que un pésimo vino
también puede llegar a ser un buen vinagre.¨
Mauriac, François