Romances y veladas.
Acústica sonora, bemoles de tus ojos.
En una mesa puesta la cava de champagne,
la vela solitaria, a media luz entre tinieblas.
¡Oh de aquellos versos de tus labios!.
¡Oh de aquella tentación frente a una copa
en la abierta sed de mis deseos!.
La cárcava de luna en que te acoso.
Te miro enfrente
como un vino paladeable inagotable,
una luz sin cera que se agote,
una flor sin envase que te cerque.
Primorosa: la noche rinde pleitesía a tu belleza
y me vuelca apasionado al deseo.
Te vuelves infinita ante mis ojos;
Te desgranas como primavera ante mis dedos;
Te descubres como espuma
ante el reflejo de una copa;
Te derramas de begonias en sonrisas y alegrías.
Velada de ilusiones, velada y tentaciones.
Me seduce el fuego de la noche,
me incita el tacto que es aroma,
me invita el lenguaje de tus labios.
Entonces, sin pensarlo, en la velada de la vida,
me acerco y acaricio tu rodilla…
Un lucero en tu semblanza,
cárcava de luna en que se hundió mi anhelo.
Toda fuiste: voraz, intrépida, aguerrida.
Velada de ilusiones proferidas
en que se ahogo el deseo de tu cuerpo.
El sabor del vino entre sorbos y sorbo;
La copa cristalina reflejándose en tus labios;
El más volátil de los cantos
en que la sonora copa se bebió tus besos.
Noche en que mi mano saboreó el tejido tierno.
Centelleos de los astros que miraban
impacientes la hora en que habría de comenzar
el suave acariciar y el lento aprendizaje de tus ojos.
Cárcava de luna en que fluyó mi anhelo.
El deleite de la cava cuando acariciaba tu rodilla.
Cárcava de luna en el suspiro hondo de la noche:
la mirada firme en el fruto de tu suave toque.
Velada en que el silencio susurró sonidos dulces.
El vino y la alegría… la caricia en tu rodilla…
un besar de copas… velada en tus rodillas…
Noche infinita en que la espuma
se prendió del alba,
en que una sonrisa se quedó en la copa
saboreando el cuerpo de la deliciosa uva.
Un mirar de estrellas… una noche ilusionada…
Salvador Pliego