Tus besos
"Es cuando te beso,
el instante en que todo lo posible e imposible
se resume a tu mirada."
Mario Martín Morquencho León
I
Guárdame en tus besos mujer.
Déjame atrapar en estos versos
la sonrisa pletórica y distante.
Subirme a la barca de los sueños
para recorrer las profundas aguas de tus besos.
Acércame a tu boca mujer,
acércame a tu boca.
Llévame por donde el viento
vuela en el placer en que desliza y retribuye
el indómito precipicio de la altura.
Llévame a tu boca mujer,
llévame a tu boca.
II
Oh sangre, nube, polvo, fuego;
Oceánica marea en que fui atrapado;
Aire indiviso de cumbres Altiplanas;
Milenarias rocas de los mayas enclaustradas.
Oh piedra y piedra, beso y beso.
Tu boca activó el más fiero de los besos,
el más pasional de mis deseos.
Fuego en mí y el alma en desenfreno.
Fuego en ti y el acto se esparció entre los vientos.
Ávido de ti
la tormenta expandió de tajo
el relámpago en el árbol
y en el nido fue a caer
en mis callados labios.
Beso a beso, beso a beso,
como el halcón aterrizando
en pleno vuelo:
agresivo, fiero, voraz,
y dulce, siempre dulce,
que cayó en el lecho entre tus besos.
¡Ah!… la noche clama al cielo
lo que mis labios a tus besos,
y en el cenit donde se guardan billones de luceros
el alma prende la sonrisa
como un acto sublime y eterno,
para serenar la noche
y atraparla en el pecho
con un corazón sonriente y de fuego,
uniendo a ti mis labios con tus besos.
III
¡Gritad, gritad!.
Alfarero, hortelano, acerero,
joven jornalero del torno y de la rueca,
alegre carpintero del cincel y de la broca.
¡Gritad, gritad!.
A la roca, a la semilla,
al ave en su crucero,
al pez en su odisea.
Gritadlo a todos y en la cima.
En la cumbre, en la taberna,
a la masa que hace pueblo y camino.
Gritadlo a pleno pecho y sin tapujos:
Llevo el éxtasis del contacto de sus besos.
Llevo el corazón colmado de sus labios.
Llevo el beso de su boca y en mi boca.
Llevo un beso y el canto enamorado.
Fuego en mi y ardí como la tierra madre.
Fuego en mi de un grito airoso y a los vientos.
Fuego en ti y la luz se encienda sobre el orbe.
Fuego en mi y perderme para siempre, para siempre,
en un beso… un sólo beso… en tu beso.
Salvador Pliego