Violín de guerra.
Escucho los estrépitos de sus quejidos,
violines corvos, violines rotos:
Las cuerdas tristes y enroscadas;
La mirada de un niño entre esquirlas de batalla.
Violines tristes entre lágrimas y flautas.
Y no, y no, y no…
Que no suenen las bagualas notas rojas
como los acordes de sirenas
donde sombras corren a esconderse
y a taparse, y a cubrirse,
y a dejar indicios de llanto amedrentado.
Violines corvos, dolidos y cascados.
Violines rotos de los niños asustados.
Violines aciagos y callados.
El llanto se me escapa
en cada cuerda fracturada,
y el violín oye su nota silbando en la metralla
arpegios tristes de la aurora.
Me arrodillo, Hermano Gandhi,
a tus pies de paz y de murmullo,
a tu blanca vestimenta de sosiego,
y con Luther King a un lado,
lloro el llanto de las cuerdas,
lloro sangre que vi en la calle derramada,
lloro al hombre, que dejó en la cuerda
la diseminada nota de su ausencia.
Lloro siempre, por la paz que se perdió en tu cuerda.
Salvador Pliego