Alfarera
No creo en la tierra sino en tus manos.
No busco soleras sino tus ojos.
Y me embarco a tus yemas
de gubia que ciegan mis ojos.
Un día de la arcilla
juntaste las manos
y rajando mi pecho penetraste el costado.
Moldeaste mi cuerpo,
forjaste del horno el rojo amuleto,
dejaste ternura doquier en mi torso.
Creo en tus manos como el fuego sagrado,
hechas de fino y sutil relicario.
Alfarerita, niña bonita,
la sangre de barro tornóse tu canto.
Llevo el amor de tu dulce caricia:
de barro me hiciste, del barro naciste,
de la arena surgiste, de la greda me ungiste.
Llevo el amor en la arcilla que oleaste
y el fruto de un beso en el pecho sangrante.
No busco la tierra sino tus manos.
No quiero el molde sino tus dedos.
No palpo el cuerpo sino tus ojos.
No siento el pecho sino tus labios.
No tiento el alma sino tus besos.
No llevo nada sino tus manos.
Salvador Pliego