Versos y piropos
I
Yo hice del verso tu morada.
Tu hiciste de tus labios mi trinchera.
Y hablé en mi boca por tu boca
donde sólo el beso regodea.
Escribí de ti la tinta fresca y fina,
del satín, del olmo y la azucena.
Y hubo versos que cantaron solos,
que escogieron ser la madrugada
para hablar de ti y la alborada.
Y el verso me bendijo
regalándome en la pluma
el besos suave de tu boca…
II
Si he de compartir tus labios,
que sea con tus mismos labios.
Si una boca… tu misma boca…
Y he de atar mis besos a tus besos
compartiendo tu mirada.
III
¿Y me preguntas
con tu dulce rostro
si el sueño vuela en tu mirada,
cuando yo en tus ojos
vivo extasiado y volando a la alborada?
IV
(En silencio)
Quédate quieta, trenzada,
como evaporada del Nilo.
Te tocaré si acaso en el murmullo
de la efigie que nace del suspiro.
Rozaré tu cuerpo con las yemas del respiro.
Agitaré tu vientre por encima
sin rozar en algo tu delirio.
Y caerá la noche como un trueno en mi dominio.
Y en silencio exhalaré tu boca,
y te haré bruma,
espora y flora en mi designio.
V
Emerges de mis ojos
con tus alas de la tarde
y te posas en mis manos al cobijo.
Así, frágil, mariposa errante,
te creaste en el cardumen de las flores.
Emerges de mis labios
y al arrullo de tus alas te desprendes de las flores.
Mariposa volante e inalterable,
emerges de mi pecho
como sombra que acaricio.
VI
¿Te dije hoy bajo la bruma,
o escondido,
o quizá trenzado entre las nubes,
tal vez debajo de tus pasos,
pudiera que amarrado a tu cintura,
o del aire susurrando,
que hay un te quiero,
apenado, ilusionado,
un poco intimidado
pues me viese enamorado,
tan sólo porque cruces
de frente o a mi lado?
VII
Presume la flora…presumo tus labios.
Encantan los lirios…arroban delirios.
Fascinan laureles… desbordan claveles.
Agradan tus ojos… deleite en tu rostro.
Embeleso que atañe… tu cuerpo que atrae.
Suspiro de jade… un beso de tarde.
Salvador Pliego