Agua clara y cristalina
¡Jersú, los zapatos!
De agua clara y cristalina la tarde le bañaba,
y el sol de madrugada a su piel de cardo le tocaba.
¡Jersú, los zapatos!
Y corría tras la venda que a sus pies descalzos le tapaban.
Dicen que la noche te quería
postrado en la avenida,
y era el rayo de la luna
quien ungía tu alegría.
Zapatitos cardos, zapatitos nardos,
del andar descalzo y sin reclamos,
de la calle fría y los andamios.
Piesesitos tristes del rodar la vida
en la edad risueña y puericia.
Zapatitos dulces llevabas en las manos,
corriendo tras la brisa,
gozando la desdicha,
llevando algarabía y la mueca de la risa.
Zapatitos lisos que llevaban tu sonrisa.
¡Jersú, los zapatos!
Los soñaste un día
con la mirada infantil de tu alegría.
Los quisiste un día
y desapareciste un día.
Lágrimas de viento,
el corazón de la pobreza.
Te vio correr cuando nacías.
Te vio volar en su agonía.
Niño de aspavientos, del agua cristalina,
de las noches de vendimia.
Carita alegre de la triste luna,
del rodar la vida tras las correrías.
¡Jersú, los zapatos!
Y corrías tras la venda
a cubrir las llagas que tus pies descalzos te pedían.
Salvador Pliego