Tu labios
Pájaro de sales que picotearon la tierra
hasta cercenar en el silbido el canto de la vida.
El musgo del fruto saboreado y besado.
¿De donde emergieron los cantos y los trinos?
¿De donde las voces y los labios?
En la ola del mar busqué tu boca:
de cresta, de algas, de sedimento, de corales.
En el bosquejo de la flora sumí mis manos
buscando tus latidos.
De las alas desprendí la pluma,
cada vestigio de semilla,
la incógnita del astro,
la susurrante noche de los nidos.
Fui y vine por el tiempo
como ave migrante y sin retorno,
sin parar las alas,
sin parar el vuelo,
para encontrar los labios
de los sueños y los mares.
Para acercar mi boca a la nube y a la brisa.
Para saborear el canto junto al ave
y sentir el sabor que embriaga y paladea.
Esos labios que el monte bautizara
con sus cercas y su derramada ruta.
Esos labios que la luna
se comiera y mordisqueara
y dejara abanicando en la mañana.
Esos labios que nacieron solos
porque no hubo escultor o pintor
que los crease.
Pero fueron fruta, risco, nube, cedazo,
caña virgen, cepa y flora.
Esos labios de tu boca:
un arrullo y un silencio,
un mecerse entre gorriones,
un rozarse de guirnaldas.
Tanto así como una noche inesperada
que se cuelga de tus brazos
y se hace honda, profunda e infinita.
Esos labios de tu boca.
¡Qué placer hay en tus labios!
¡Qué belleza hay en tus labios!
Iluminan constelándose y vaciándose en el orbe.
Me permiten todo: hasta sentir tus pasos,
hasta sentir los girasoles
gorjeando entre arrozales.
Esos labios de tu boca.
¡Qué hermosura hay en tu boca!
Trino y vuelo solitario ante tus brazos
por sentir que tienes esos versos de tu boca.
¡Qué placer el de tus labios!
¡Qué hermosura de tu boca!
Salvador Pliego