Apenas aprendo a olvidarte
Las diez con catorce minutos,
¡con catorce puñales de silencio…!,
y he tallado esta noche que es mi cuarto sin ti
para siempre.
Un segundo antes que me hiera tu nombre
mi estrépito se ha prolongado detrás de tu voz.
Detrás de tus pasos me anticipo
al prodigio que escribes,
cuando terco florece tu barrio entre mis puertas.
Las diez y treinta y seis minutos
y tus labios no reinventan ya más,
este testarudo cuerpo que apenas
aprende a olvidarte.
Y es que esta soledad
ha empolvado ya todas mis camisas.
Y lentas y sin sombras
mis cortinas necias hoy no conocen
cómo no herirme más.
Las once son ya casi,
y me arrinconas con este sutil
derrumbe de tus punzantes segundos
entre mi espalda.
Las flores de mis sábanas te extrañan.
Y quiera Dios que este dolor se adueñe
de tus ventanas y de tus espejos:
segundos no vencidos
por la oscuridad de este adiós.
Las once, mi amor, las once…,
y esta noche sigue sangrando.
Y es que no, no hay nada
nada en este cuarto sin tu nombre.
Gerardo Madrigales