Ausentes
Y me rompo fácil sin tus renglones.
¡Es mi cuerpo el que llueve!
Y llamaste truenos a mis labios
en los boscajes diarios del amor.
La ventana aún guarda tu poema en el espejo,
pero ya no florece tu vestido de lunas,
a veces la anunciación de mis manos.
Yo sólo sé que tu nombre
habita en la raíz ahogada de cada abandono.
¿Cuánto me muerde y muerde el polvo,
el diario indescifrable
de los ausentes?
Gerardo Madrigal
Junio 2007