
Felipe Benítez Reyes.
Felipe Benítez Reyes ha estado en Valencia
invitado por la Universidad Politécnica para dar una charla taller
sobre la escritura narrativa. Si Juan Belmonte dijo que "se torea como
se es", Felipe Benítez escribe como parece ser. Un hombre educado,
sigiloso, y con un puntiagudo sentido del humor. En su trayectoria
literaria ha cosechado numerosos premios, tanto en poesía como en
narrativa. El último de ellos el premio Nadal, en 2007, con su novela
"Mercado de Espejismos". Parece llamativo que le hayan invitado a dar
un taller de narrativa en la UPV, donde se forman ingenieros y
técnicos, y no jóvenes de letras.
-La ciencia, en teoría, no debe estar reñida con la literatura. No
son materias excluyentes. La literatura exige una elaboración artística
del lenguaje, pero también tiene mucho de estructura, de elemento
constructivo.
-Francisco Umbral certificó la muerte del libro.
¿Cree que la literatura puede sobrevivir en un mundo de imágenes, con
internet y las videoconsolas?
-Umbral, que tenía un ego desmesurado, dijo eso cuando estaba ya
mal de salud, y tal vez pensaba que si se moría, él se moriría también
el libro. Los soportes son secundarios. La poesía sobrevivió a épocas
en que casi nadie leía, no sé, como el siglo XV. La literatura tiene
mucha capacidad de supervivencia. Internet facilita la información
sobre los libros, incluso los más recónditos, y pongo por ejemplo la
Biblioteca Virtual Cervantes. Lo de las videoconsolas no tiene mucho
que ver con todo esto. Es cierto que hay un problema de tiempo y
dedicación, pero si uno tiene voluntad todo se puede conjugar.
-Usted parece como los medios volantes del
fútbol, que corren por todo el campo. Ahora acaba de inaugurar un blog
llamado mercadodeespejismos.blogspot.com ¿Qué pretende con ello?
-Yo me he nutrido de mucha base documental en internet para
elaborar mis novelas. Creo que internet es un elemento magnífico si se
utiliza como intercambio de información. Este blog es una especie de
agradecimiento a quienes se han molestado en colgar datos en la red que
me han sido muy útiles. Yo en mi blog inserto artículos, textos, que
espero que también sirvan a alguien.
-¿Cómo se consigue estar sentado en un sillón hasta completar los trescientos folios que ocupa una novela?
-Con mucha paciencia, y teniendo más o menos claro qué es lo que
quieres decir. Hay que echarle muchas horas, y tener una dosis de
insensatez. No parece muy lógico estar sentado escribiendo trescientos
folios. Lo sensato es ir al bar y sentarte al sol con una cerveza.
-Alguien me dijo que la literatura es un negocio
en el que no siempre triunfan los que tienen talento, sino los que
saben hacer negocio.
-Yo no lo entiendo como un negocio. Si no, hubiera montado otro más
rentable. Escribo porque me gusta, y creo que lo haría aunque me
costase dinero.
-Hablando de negocios ¿de qué come un poeta?
-Un poeta come por lo general de otro trabajo. Un novelista puede
que viva de sus novelas. El escritor es un pluriempleado: conferencias,
artículos en prensa, formar parte de un jurado, etc. En el fondo es un
artista de variedades.
-¿No cree que hay demasiada vanidad en el arte?
-Un escritor no debe perder el respeto a su oficio, así que le
viene mejor la inseguridad que la vanidad. Además la vanidad no sirve
para nada, más allá de hacer el ridículo.
-Sus defensores dicen que es usted un
malabarista de las palabras, y sus detractores que se pierde en los
malabarismos. ¿Cómo se ve a sí mismo?
-A mí me gusta la literatura como actividad creativa, y no como
algo rutinario y previsible. Así que tengo que asumir riesgos. Y si no
los asumo me aburro.
-¿Qué opina un poeta sobre la crisis económica mundial?
-Se ha creado un espejismo de paraísos artificiales mediante un consumo compulsivo, y eso es insostenible.
-¿Y a Juan Ramón Jiménez le interesaría un asunto tan mundano?
-Para Juan Ramón lo primero era Juan Ramón, y después el mundo.
Pero no estaba tan alejado de la realidad como se cree. De hecho pasó
estrecheces que le causaban preocupación. El escritor, en contra de lo
que se piensa, suele vivir muy implicado en la realidad, no en una
torre de marfil. Yo desde luego lo estoy.