Hoy aprendí que esto que sobra
no es mi cuerpo ni este trueno
mi voz que se desgaja.
Hoy aprendí que no soy este
instante del viento que se abre
ni es mi piel esta piedra acariciada por el musgo.
Y aprendí que existo sobre
una pradera que se extiende inmóvil
que tengo un rostro y que no me reconozco.
Edgar Hernández Zúñiga.