Termina la cuenta atrás - Crónica de mi tercer
viaje a México (II) Todo a punto para la partida después de patearme
toda Pontevedra en busca de banderas españolas y gallegas. Uno es medio anarco,
por no decir completo, y no comulga demasiado con esos asuntos de trapos,
dioses, reyes y patrias. En realidad, si todos nos consideráramos simplemente
ciudadanos del universo, desde el más profundo respeto a nuestra diversidad
cultural, tal vez otro gallo nos cantaría y no andaríamos moliéndonos a
cañonazos o metiéndonos el dedo en el ojo unos a otros por puro deporte. Pero
comprendo que allá en Michoacán, a las escuelas y colegios en los que vamos a
intervenir los poetas participantes en el XIII Encuentro, les haga ilusión
llenar de colorines todos los mástiles. Aquí suele pasar otro tanto de lo mismo
y es una manera de realzar los actos, darle una mayor dimensión, elevarlos en
el protocolo de la imaginación infantil. Finalmente, después de recorrer todos
los buenos comercios en los que pensaba que podía encontrarlas, las hallé donde
menos lo esperaba, en las tiendas de los chinos, con las medidas correctas y
hasta de buena calidad. Tal vez ellos sepan entender la universalidad mucho
mejor que nosotros, por lo menos desde el punto de vista comercial. Siempre ando a toda máquina, despachando pedidos
de libros, pues como dice el refrán mexicano: "molino que no muele, no
recibe maquila", pero en esta ocasión me he permitido el lujo de acabar un
poco antes y dejar estos dos días para preparar lo relativo al viaje con un
poco de calma. A mediodía me invitaron a comer la poeta Aurora
Vidal y su marido Joaquín en un restaurante cercano a su casa para despedirme y
acepté porque con ellos siempre es una delicia charlar, me siento en familia y
los dos me han reconocido que les sucede lo mismo. Son ya varios los viajes que
hemos hecho juntos a Italia y esas cuestiones unen mucho. Estar en un país
distinto al habitual, con un idioma diferente, hace que la gente de la misma
condición se arrope una a otra y se estrechan lazos cuando la sintonía es
buena, si bien también puede suceder lo contrario. Cuando es mala dicha
sintonía, puede uno terminar como el rosario de la aurora, a palos, como
sucedió en un viaje oficial que hice con cinco políticos de tres partidos
diferentes y en el que unos le escupían a los otros cuando los otros no
miraban, y viceversa, ante el estupor de los políticos italianos, país que
ejercía el papel de anfitrión para la delegación española, y eso que los de
allí también hilan fino y no dan "puntada" con ene y sin hilo. La realidad es que la comida me sentó muy bien.
Podría ser por eso de que "jamón y vino añejo, estiran el pellejo",
pero sé positivamente que fue la charla con ellos y el aprecio que me
demostraron lo que hizo que flameara
realmente la bandera de mi espíritu. En los viajes anteriores llevé las maletas
cargadas de ropa. Esta vez voy casi con lo puesto. Incluso tendré que lavar a
mano alguno de los días los calzoncillos verdes que tanto revuelo y expectación
despertaran en el viaje a Argentina, pero la realidad es que he comprobado que
la mitad de las cosas que uno lleva siempre de viaje, al final termina sin
utilizarlas, incluida una buena parte de la caja de preservativos. Yo aún
conservo, como reliquia, alguno de los muchos que trajo consigo un poeta
mexicano que no logró estrenarse en España y al marcharse casi me llena un
cajón con ellos, de regalo. La cuestión es, por lo tanto, escoger
estratégicamente lo preciso para no padecer carencias y no tener que tirar de
la carreta más de la cuenta pues "cuanto menos llevas encima, más aprisa
caminas". La duda principal es si incluir el portátil. Se
trata de un armatoste antiguo, que me prestó ad aeternis una amiga y siempre me
sucede que cuando lo llevo me tocan hoteles y aeropuertos que no tienen
conexión gratuita. Cuando voy sin él, las conexiones aparecen en todas las
esquinas. Pero creo que lo llevaré, al menos para poder escribir ya que me he
acostumbrado a hacerlo siempre con el ordenador y con el bolígrafo solamente
soy capaz de garabatear algunas frases. Los que me han fastidiado bien son los de Air
France. Había comprado el billete de avión para salir a las 11,30 horas de Vigo
y me han cambiado el horario del vuelo
para las 6,50 de la madrugada. Eso implica salir a las 4,30 de Pontevedra, pues
Peinador queda a unos Y recuerden: ¡Vive México! El próximo martes, día
9 de junio, a las 19,00 horas, organizado por Ala de Avispa Editores, presento
la edición mexicana de mi libro "Teatrema o poema en cuatro actos"
junto a mis amigos Ignacio Martín que hace lo propio con una "Edición de
autor" e Ylia Kazama con
"Piedras Negras" en Fernando Luis Pérez Poza www.eltallerdelpoeta.com |