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LAS SIETE Y VEINTICUATRO
Son las siete y veinticuatro. Afuera el alba cruje como un largo camisón en
vela pero me niego a subir la persiana. Sigo aquí, asomado al logaritmo del
"tú". Escribo, escribo, escribo. Un e-mail afilado se me revuelca dentro.
Recuerdo una muralla disuelta en sol y me parece mentira que un simple
monosílabo le proporcione vida a la piedra.
Yo era vena endurecida, arena del desierto huyendo de las olas, caracol atrapado
en su propia cáscara. Pero llegó "tú" y me sopló encima un vendaval de
sílabas, le dio a mi "yo" un baño de universo hasta conseguir que todas
las palabras revienten, exploten como la distancia cuando el tiempo viaja en
avión.
Por un momento, me corono dios en el centro del firmamento y el diccionario
llena de coral la pluma. La luz pare carnaval desnudo sobre el papel, iza su
vela más blanca para surcar el océano de las letras. Torre de uva encapuchada,
zumbido de sangre encaramado al viento. Las horas pasan, se bifurcan, se
enredan. Terminan y comienzan, se reinventan a sí mismas
Escucho el motor del agua echando chispas, la risa de una constelación distinta
rebanándole el cuello al silencio, el garabato del siempre firmando autógrafos
de eternidad. "Tú", "tú" "tú". Me recuerdas al barco en el que
cruzaba la ría cuando era un niño.
Tengo hambre y sed de ti pero el buffet está cerrado; una puerta larga como
miles de kilómetros nos separa, echó la llave a los molinos de viento. Y sin
embargo el sol acaba de nacer de nuevo. Y sigue diciendo "tú", "tú",
"tú", como aquel barco de la infancia que me llevaba siempre a puerto
seguro.
Suena el timbre de la almohada y todavía estás descalza haciendo alarde de
equilibrios sobre el alambre. Eres mariposa tierna bailando tangos entre las
sienes.
2009©Fernando Luis Pérez Poza
Del libro "El latido de las horas"
Pontevedra. España.
www.eltallerdelpoeta.com
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