Quedan las lágrimas que refleja tu piel
y el aire
que respira el gusto
musgoso de tu cuerpo.
Quedan el canto verde
y el polvo
enorme de la hormiga
y quedan:
estatuas lunas
trozos de horizonte
y yo
que espero el álgido
silencio de tu sombra.
Edgar Hernández Zúñiga.