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La Fragua: ¡Por una Latinoamerica Democratico-Participativa, Libre y Digna!
Colgado del techo del insomnio
el sinsentido tartamudea los melódicos
interrogantes de la noche, y ésta - cansada de las eternas preguntas sin
respuesta - bosteza entre paréntesis sus
ausencias y vacíos, mientras que bajo el disfraz de acústicos fracasos la
madrugada solloza minutos de sal
sobre la piel de gallina de las horas sin sol.
Desde la ventana el amanecer como siempre consigue sorprenderme y conmoverme,
y sacudiendo en un gesto no sé si burlón o benevolente sus tonos cambiantes
oliendo a futuro, me desafía a jugar a inventar un nuevo día, y como toda vez
que un hilo de esperanza se deja acariciar por mis manos tan hartas de
oquedad, acepto el envite sin decir ni mu.
Dando un salto me levanto de los restos mortales de la noche ensayando un
gorjeo que imita al trinado vital de las lobas en celo; y dispuesto a creer
piamente en las promesas del amanecer como apenas suelen creer los niños y
los poetas, y mirando con los ojos dorados de la memoria, y jugando a que la
vida no es más que un sueño placentero sin pesadillas ni insomnios que la
condenen, sin fracasos ni renuncias que la torturen, sin mentiras ni
traiciones que la destruyan, apuesto a todo o nada respondiendo al órdago con
que el alba me tantea .
Y aquí estoy, jugándome a cada paso que doy, a cada mirada que lanzo, a cada
palabra que escribo. Y así sucesivamente, hasta que la nueva noche imponga
sus reglas del juego y un nuevo amanecer se instale en mi ventana.
¡Es en vano que encuentre una herradura en el estanque turbio de mi imaginación!
El árbol ha cubierto de palomas mi soledad; pero es en vano.
Desnudo siempre estoy como una llanura.
Para buscar un cerro miro las multitudes.
Estoy siempre desnudo y blanco; Lázaro vestido de novio; una mortaja viva entre el ayer eterno y el eterno mañana; una mortaja viva que llora en mi garganta.
de Molino Rojo Jacobo Fijman, Obra poètica Ediciones La torre abolida
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Andaremos amor andaremos. Tú, desde la penumbra guiándome
suavemente. Yo, algo desmembrada empujando este dolor que sigue ahora, silenciosa por los cuartos vacíos cocinera ya de sólo un plato. Leyendo las noticias y escuchando
tu respuesta oyendo la música e imaginando tus oídos, andando por la calle y sintiendo en mi palma tu mano acariciante. Pero andaremos amor andaremos. Todavía me cuesta dejar de extender mi mano sobre tu hueco en la cama. Me cuesta ignorar el doble, ignorar la cantidad ignorar tus comentarios sobre la máquina mágica o maldita. Pero es con ella que puedo ahora depositar este peso, esta descarga que me deja respirar sin dolerme tanto el pecho.
Me dicen que me durará mucho, me cuentan otras experiencias, me dan el pésame por las esquinas vecinas y vecinos que no conozco. Andaremos amor andaremos. Prometido estuvo desde un principio porque era ley de vida irnos pero de este dolor por qué nunca hablamos.
Adriana Serlik
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La que más gruñe es la noche
mañanera, cuando la luna
del mediodía decora el amanecer vespertino y dibuja un silencio de grises
fracasos en el parpadeo vital de los relojes, mientras en la arena las
horas se hunden como el humo en el ayer, y la verdad desnuda desafina
sin palabras sus dolores vitalicios.
¡Tantas noches cada día!...
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Esta lista surge de la página no oficial de Mario Benedetti:
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EN LA ESTACIÓN
Tras los cristales de la estación antigua
la luz del sol se vuelve más delgada;
el filo que toman sus aristas
decanta en la pupila indiferente
la senda de metal sombrío
que se extiende más allá de la insistencia.
Salta en mi rostro
la mueca del viajero involuntario;
flota en la incertidumbre de alejarse
la obligación a desaprender los nombres
de acostumbrar los ojos a cielos diferentes
de masticar las migajas de otras lunas
de prescindir de tus huesos de pantera.
Por el oriente...
el tren llega como ayer por el oriente
con su jauría de sonidos tristes,
su silbo agonizante que rompe el cautiverio
y su reptar invicto y testarudo.
Definir el perdón
es tan difícil o improbable o inexacto como definir a dios o al diablo.
El perdón es un concepto amplio
en su definición pero particulamente estrecho cuando lo pasamos por el filtro
de nuestra subjetividad.
¿Debe o puede perdonar una
madre al asesino de su hijo?
¿Debe o puede perdonar un
robado al ladrón de sus ahorros o el lastimado al agresor que lo dejó lisiado?
¿Debe o puede perdonar el
traicionado en su buena fé al traidor de la buena fé ajena?...
Y bueno, mil preguntas que
obtienen - en mi opinión - una única respuesta: depende.
Sí, depende del tamaño de la
capacidad de sufrir de la víctima. Cuanto mayor sea, menor será la
posibilidad de que perdone (en general las personas no aguantan y caen
vencidas ante el borrón y cuenta nueva).
Lo interesante es que nuestra
capacidad de perdonar o de no perdonar es mutante. Cada situación puede
llevarnos a perdonar o no, según nuestro estado de espíritu en el momento; el
estado de nuestra cuenta en el banco; lo bien o mal que nos vaya en
cuestiones de amores; los aplausos o los silbidos que recibamos en nuestro
trabajo, y así por delante.
Yo perdono o no. Lo que hoy
perdono mañana no lo haré, y viceversa. Por eso es un tema muy difícil de
desarrollar.
Espero que me
perdonen por no saber si perdono o si me perdono o si los perdono. Errar es
divino, perdonar es humano. Por eso a veces somos dios y a veces somos lo que
somos.
Bruno Kampel
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Cuando venga tu padre... Inútil amenaza, tú seguirás jugando, y romperás los vidrios, si quiere el pelotazo, y harás mal los deberes, si asciende por tu mente, airoso y desplegado, tu sueño en barrilete. -Cuando venga tu padre... Mas tu padre comprende, y escuchará los cargos fingiéndose enojado, hasta que tú te alejes. Después, dirá en voz baja, que así como ésta tuya, fue traviesa su infancia. Y en tendido descanso, desandará dichoso los ojos entornados, los días de "rabona", los juegos en tejado,
el rostro de la madre y aquel padre tan hombre que los dejó temprano. Y sentirá de pronto el terror de perderte, o de que tú lo pierdas, y buscará tus pasos, e irá con tu recuerdo trepando hasta la rama lejana de aquel árbol, follaje, como entonces, refugio de ese miedo de suelo de los pájaros. -Cuando venga tu padre... y quien llega es un niño adormecido en hombre, que en vez de reprenderte, se enternece añorando.
Matilde Alba Swann (Con un hijo bajo el brazo- 1991)
ella sonreía y la estúpida bebé sonreía también hacía muecas de tristeza y la niña se apenaba
y ella replicaba la gestualidad grosera de la niña y su rostro era el de una desconocida -no quise imaginarla babeando con la baba de la bebé pero no puedo evitarlo-
2 Una mañana, al despertar de un sueño intranquilo, Isaías Garde halló a su mujer convertida en una exhausta máquina de nutrición de tetas malolientes, irritables.
Reclinas la cara en la melancolía y ni siquiera oyes el ruiseñor. ¿O es la totovía? Soportas mal el aire, dividido entre la fidelidad que debes a la tierra de tu madre y al casi blanco azul donde el ave se pierde. La música, digámoslo así, fue siempre tu herida, mas también sobre las dunas fue la exaltación No oigas el ruiseñor. O la totovía. Dentro de ti es donde toda la música es ave.
Haz una llave, aunque sea pequeña, entra en la casa. Consiente en la dulzura, ten piedad de la materia de los sueños y de las aves.
Invoca el fuego, la claridad, la música de los flancos. No digas piedra, di ventana. No seas como la sombra.
Di hombre, di niño, di estrella. Repite las sílabas donde la luz es feliz y se demora,
vuelve a decir: hombre, mujer, niño. Donde la belleza es más nueva.
Versión de Aníbal Núñez
EN UN LUGAR AL SUR
Es un lugar al sur, un lugar donde la cal amotinada desafia el mirar. Donde viviste. Donde a veces en sueños vives aún. El nombre empapado de agua te escurre de la boca. Por caminos de cabras descendías a la playa, el mar batía
en aquellas piedras, en estas sílabas. Los ojos se perdían ahogados en el fulgor del último o del primer día.
Era la perfección.
Versión de Aníbal Núñez
LA LLUVIA CAE EN EL POLVO IGUAL QUE EL POEMA
La lluvia cae en el polvo igual que en el poema de Li Po. En el sur los días tienen ojos grandes y redondos; en el sur el trigo ondula,
sus crines danzan en el viento, son la bandera descamisada de mi embarcación;
en el sur la tierra huele a lino blanco, a pan en la mesa, el fulvo ardor de luz invade el agua, cayendo sobre el polvo, leve, encendida.
Igual que en el poema
Versión de Aníbal Núñez
UN AMIGO ES A VECES EL DESIERTO
Un amigo es a veces el desierto, otras el agua. Despréndete del ínfimo rumor de agosto; no siempre un cuerpo es el lugar de la furtiva luz desnuda, de cargados limoneros de pájaros y el verano en el pelo; en el follaje oscuro del sueño es donde brilla la piel molaja, la floración dificil de la lengua. Lo cierto es la palabra.
Versión de Aníbal Núñez
LAS CIGÜEÑAS
Las cigüeñas. Me traen el atrio, dos casas, o tres, si fueran blancas, (se fut la torre donde se posaban lentas. tenía yo entonces la edad de las moras, el sol sobre la boca sofocaba. ¿te acuerdas? , o el peso de otra boca. de otra razón. no sé. corria a pedradas a los perros de los que tenías miedo. y huía de ti para acariciar en secreto el caballito bayo que enamoraba entonces.
Versión de Aníbal Núñez
AHORA VIVO MÁS CERCA DEL SOL
Ahora vivo más cerca del sol, los amigos no saben el camino: es bueno ser así de nadie en las altas ramas, hermano del canto exento de algún ave de paso, reflejo de un reflejo, contemporáneo de cualquier mirada desprevenida, solamente este ir y venir con las mareas, ardor hecho de olvido, polvo dulce a la flor de la espuma, eso apenas.
LISBOA, 13 (ANSA) - El poeta Eugenio de Andrade, una de las figuras más destacadas de las letras portuguesas del siglo XX, falleció hoy por la madrugada en Oporto, dejando como herencia varias décadas de una extensa obra literaria. El motivo de su muerte, según un comunicado breve de la fundación que lleva su nombre, fue una "enfermedad prolongada", no especificada. José Fontinhas, su nombre verdadero, nació el 19 de enero de 1923, en el seno de una familia campesina
É urgente o amor. É urgente um barco no mar.
É urgente destruir certas palavras, ódio, solidão e crueldade, alguns lamentos, muitas espadas.
É urgente inventar alegria, multiplicar os beijos, as searas, é urgente descobrir rosas e rios e manhãs claras.
Cai o silêncio nos ombros e a luz impura, até doer. É urgente o amor, é urgente permanecer.
Eugénio de Andrade
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AHORA VIVO MÁS CERCA DEL SOL
Ahora vivo más cerca del sol, los amigos no saben el camino: es bueno ser así de nadie en las altas ramas, hermano del canto exento de algún ave de paso, reflejo de un reflejo, contemporáneo de cualquier mirada desprevenida, solamente este ir y venir con las mareas, ardor hecho de olvido, polvo dulce a la flor de la espuma, eso apenas.
AL SUR
Alguna vez
también pensé en estudiar filosofía.
Más tropecé de pronto
con la justificación total de la existencia
en el incómodo placer de amarte
sobre el asiento trasero de un volkswagen,
alejados del urbe y sus lamentos
al equilibrio fiel
de esta soledad que nos respira.
Colinas atrás, al filo de las cercas,
se extiende la ciudad imperdonable,
sólo las aves
nos ven a través del parabrisas:
burlándose por la tosquedad en el cortejo
y de lo antiestético que luce para ellas
nuestra escasez manifiesta de plumajes,
mientras que los insectos
van propagando en el trino de sus patas
un nuevo Canto de Altazor que sabe a hierva.
Y son mis manos
unas palabras torpes jugando a descifrar
el acertijo de una fábula inconclusa
en la que habita el sueño de la muerte.
No mires al sur,
comienzan a encenderse
la ciudad y sus trastornos grises
el ángel del crepúsculo que llega
te mudaría estatua de sol entre mis dedos
y te prefiero así:
perla de cabellera enmarañada
que robo de tarde en tarde a la ostra citadina.
JUAN MARCELINO RUIZ
Era verano del 63,
cuando muchos de ustedes estaban apenas latentes en los planes de un hombre y
una mujer que después serían sus padres.
El lugar era Copacabana, donde veraneábamos siempre.
Vivíamos en un departamento de frente para el mar, en la esquina de la Av.
Atlántica y la rua Siqueira Campos.
Sobre esta última calle, en el edificio pegado al
nuestro, vivía una doncella de nombre Teresinha. Hermosa en la plenitud de
sus 17 años, me eligió como blanco de sus sueños eróticos, y yo, erotizado
por su cuerpo y sus miradas, no me hice de rogado.
Y bueno... Su piel se dejaba acariciar agradecida. Sus
muslos y sus nalgas exigían mi presencia y yo cumplía. Su boca, entonces, era
una emboscada fatal para la mía. Su lengua escribía poemas sobre mi cuerpo.
Sus manos tocaban sinfonías que siempre acababan en un grito de alegría.
Me tuvo y la tuve durante todo el verano. Jugamos a
ganar y ganamos. Era la locura carioca.
Teresinha se entregaba casi toda, sin pudor ni freno. Lo
único que no ofrecía y cuidaba como si de un tesoro se tratara, eran sus
pechos - peitinhos de deusa - que guardaba para entregárselos vírgenes a
quien fuera en el futuro su marido.
No valieron mis súplicas, porque cuanto más yo los
quería más ella los negaba.
Y fue así que el pecho femenino pasó a ser para mí un
fetiche, un objeto sexual imprescindible, ya que durante los más de 40 años
que se pasaron desde aquel verano en Río de Janeiro,
todos los pechos que he tocado y besado y acariciado, han sido los pechos
prohibidos de Teresinha de la ruaSiqueira
Campos de Copacabana.
Bruno Kampel
Nota a pie de página
Ni siquiera el roce
de su pecho sobre el mío fue posible, porque ella jamás se quitó el corpiño, ya
que hasta el inocente privilegio de mirarlos se lo reservaba al príncipe
encantado. Y en esos tiempos respetábamos los deseos de las mujeres. Sin
cachetada y después el beso; sin los juegos brutales de hoy en día. Éramos
todavía hijos de la caballerosidad y del respeto.
Hoy, el sexo ha sido reducido a mero orgasmo. En la
antigüedad de los años sesenta lo que valía más era la búsqueda del camino y
no el encontrarlo.
Se acerca galopando el día en que ella le regalará a él
una mano electrónica que lo masturbe y él a ella un gran dedo portátil que la
penetre. Se llamarán por el teléfono móvil, y entonces cada uno pulsará sobre
el ON de su aparato y copularán hasta que uno de los dos cuelgue el teléfono
porque tocan el timbre o porque el agua de la sopa está hirviendo o porque es
la hora del chat.
LUNA NEGRA
I
Ella camina,
con la incertidumbre que hace temblar a la gacela
cuando pasta en suelos extranjeros.
Cachorro hembra
tras el abrigo de sombras carcomidas
en el eclipse urbano de Madrid,
trozo de noche que inquieta se revuelve
sobre la farsa de la acera insomne.
Bajo sus ropas,
tatuada en su piel adolescente,
se extiende una noche más perfecta;
princesa de ébano yoruba
tallada por un dios de orígenes ignotos.
luna negra
que cruza iluminando la avenida.
II
Bajo el farol,
la espiga deliciosa de su cuerpo:
equis perfecta
en el mapa de un pirata improvisado.
III
Entonces me pidió que la siguiera
en un inglés apenas comprensible
matizado de acentos africanos,
nuestras palabras
tuvieron la llaneza del contrato,
si acaso
un piropo forjado toscamente
a lo profundo de sus ojos tristes.
Como se toca el fruto antes de comerlo,
palpé la brevedad de su cintura;
y en el hechizo de la hora prima
la Gran Vía y su trafico nocturno
se diluyeron
en la selva de su bruna cabellera.
IV
Septiembre
Iberia
boceto de un cielo indefinido
sobre los árboles del Paseo La Castellana
dos extranjeros
los dedos enlazados
(teclas de piano trotando en un adagio).
A nuestro paso La Fuente de Cibeles,
en sus pupilas un fuego de nostalgia.
Ante la imagen
de aquellos pétreos leones africanos
de sus labios escapó como un murmullo
el cristalino nombre de Nigeria.
V
Como un alegre par de fugitivos
salvamos la puerta del hostal;
queso manchego,
un vino de Galicia,
y la tibia esperanza de los cuerpos.
Hablamos de su tierra,
y ante lo inútiles
que resultan a veces las palabras,
trazó con la magia de su danza:
aguas del Níger,
la grupa de un antílope hembra en celo,
la gallarda osatura del guepardo,
la sinuosa esbeltez de la palmera.
Sobre su pecho los montes de Ibadán,
el llano de su vientre la sabana,
y la espesura violenta de su pubis
la selva ecuatorial de sus ancestros.
VI
Iluminado al fuego de su voz
yo fui tan sólo el centro de la hoguera;
los muslos oscuros y felinos
bajo el frenético golpe de sus manos
tambores presagiando la batalla.
Cantaba a Osose,
el que guía las lanzas en la guerra;
en sus caderas iba modulando
el armónico ritmo de las olas
que ha hecho vibrar Olokun por milenios.
Conjuró a las deidades de la noche,
para que fueran soltando poco a poco
la textura salvaje del instinto.
Al caer
el último vestigio de sus ropas
Sango floreció en el firmamento
y con su luz burlando los cristales
enmarcó orgulloso su silueta;
mientras la lluvia
era una frágil y pulcra telaraña
envolviendo el espacio madrileño.
VII
Desafiamos la desnudez y su delirio
con nuestros cuerpos disímiles y ajenos;
enmarañados
bajo la tenue luz que cómplice envolvía:
gemidos en lenguas encontradas,
piel contra piel
perfilando una esfinge caprichosa;
fusión herética y sagrada
de dos lejanos y grises continentes
en la humedad hirviente del deseo.
Nunca antes
blanco y negro armonizaron a tal punto,
fuimos bandera
de un híbrido país en gestación
ondeando sobre un mástil de lujuria;
una cebra
retozando sin prisa en la sabana.
VIII
Hoy nos separa el dolor de otro septiembre
la lejanía de siete meridianos
la sal acerba de un océano insalvable.
Yo la recuerdo
en la obstinada gloria del insomnio
en la tinta desleída con su nombre
garabateado en una servilleta,
en la estricta memoria de su imagen
iluminando a su paso la avenida.
JUAN MARCELINO RUIZ
El gran amor de mi vida ha sido y aún es una argentina.
Lamentablemente las circunstancias no nos dejaron estar juntos. Algunos de
ustedes seguro que la conocen porque se hizo famosa no solo en su país sino
en muchas partes del mundo, mientras que yo continué siendo tan anónimo
como en el día en que nos conocimos.
Hace un par de años le escribí una carta de la que guardo una copia que leo
y releo muy a menudo:
Siempre supe terminar las cartas que hablan de nostalgia, de amores
finitos, pero nunca me fue fácil empezarlas, pues el inicio tiene gusto de
otrora, hondura de ausencia, vacío de ahora.
Amores pasados, perdidos, partidos, apenas invitan al silencio, y la
confesión, y la soledad, florecen implacables en la punta de la lengua como
aullidos, como dagas, y entonces, al pretender la caricia, apenas dibujo un
lamento profundo, e intentando olvidar lo inolvidable, despierto recuerdos
que duelen como si fuera el renacer de la partida y no un simple y tierno
parpadear rememorante.
Pero sí aprendí a decir que no te olvido; que el eco de tus pies
retumba a cada paso que camino en esta dulce amargura escandinava,
acorralado entre rubias disculpas y hermosísimas mentiras.
Reveo los instantes y veo que el tiempo a destiempo me enseña a decir que
te amo, que te lloro cuando es tarde, cuando la noche se ha tendido para
siempre entre nosotros como agua sin barco, como margen sin río, como horas
sin días.
Difícil comenzar a explicarte la nostalgia que me acosa, la angustia que me
asfixia, el dolor que me abruma, la culpa que siento, que no es poca sino
mucha, que no es vana sino justa. Y qué decir de los minutos, ésos que
insisten en gastar las horas recordando, y de esas horas que viven
recitando momentos que no vuelven, desatando palabras que impunes y sin
miedo se escriben letra a letra, lapidando entre comillas un pedido de
socorro, escribiendo entre dos puntos un camino hacia el pasado,
esculpiendo en mis orillas un deseo exasperante de futuro.
Sí, no lo niego. Quise construir un puente de amor, un decir de añoranza,
un grito de esperanza, un pedido de clemencia. Ni más ni menos, ni mucho o
poco, ni tarde o nunca: un todo o nada.
Una carta de amor cuajada de promesas es lo que intento escribir y no
consigo, pues diciéndote que sí, que te amo y no te olvido, no empiezo,
sino termino.
Y eso hago, empiezo terminando con un resto de esperanza, que es el fin de
todos los principios, y repito como un disco que te amo, que te amo, y que
dejarte fue tan cruel como saberte lejos.
Y termino empezando, pronunciando tu nombre y apellido, lo que hasta ahora
apenas me atrevía, porque viviendo de amor, y no de amor muriendo; porque
sudando de ternura y no de angustia; porque gritando de esperanza y no de
rabia, es como digo que te quiero y no te olvido, que te quiero y no te
olvido, que te quiero y no te olvido, Buenos Aires, Argentina.
Kaixo,
el escritor londinense John Berger (1926)"las manos del mundo \
amputadas por el beneficio \ sangran en \ calles de matanza" tiene
una antología "Páginas de la herida" en Visor (1995).
De ahí os copio estos versos con enigma,
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Un marinero recibe una carta
que ha recorrido mil verstas.
Su mujer le escribe
que en la casa
sobre el acantilado
es feliz.
Y de su carta ES esto
durante las noches con muchachas
en puertos indescriptibles
a través del mar de los meses
lo que convence al blasfemo marinero
de que su interminable viaje
va a tener fin.
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Un abrazo,
Sime.
a todos los miembros del grupo que respeten el enunciado de la lista que
podeis ver en: http://es.groups.yahoo.com/group/lapoesia/
Por si acaso, para algunas y algunos de nosotros lo leo ahora con voz
más bien baja, así, como pidiendo otra vez que se abran las orejas:
"Una poesía cada día en tu dirección de correo
es una lista para promocionar la lectura de poesía
y las canciones que se soportan en la poesía.
Envía tus poesías o las de otros autores a los
miembros de la lista indicando el autor y la fuente
para así promocionarlos y permitir el acceso a los
contenidos globales del soporte. Recibe las poesías que
envían los demás miembros de la lista."
Por favor sólo una poesía. Una cada día, una entre todos. Ya vereis como
así nos gusta mucho a casi todos cada vez.
Unos días nos gustará mucho a casi todos unos, otro día nos gustará
mucho a casi todos otros, y así, así, todos los días.
Bueeeeno que sean dos ...
Os pido también que utiliceis el criterio de pensar en los demás a la
hora de responder a los mensajes.
Normalmente ese es un buen criterio y ahora nos viene también muy bien
el aplicarlo.
Así las cosas, las cosas particulares lo mejor es tratarlas en correos
particulares, sin necesidad de utilizar al grupo como testigo.
Nuestro grupo no se merece casi nada de los últimos mensajes de modo que
todos vamos a trabajar para que la situación sea más justa.
Un abrazo,
Sime.
Hace mucho
tiempo aprendí que casi todas las batallas están perdidas deantemano, y no hace
poco tiempo comprendí que no por ello hay que dejar de lucharlas.
En lo que
respecta a la táctica y a la estrategia para mantener la esperanza bien
afilada, llegué a la conclusión de que cuando se descubre - como a la
larga se descubre - que el camino no es camino ni el proyecto realizable; o
cuando la verdad nos pone de rodillas - como casi siempre lo hace - una de
dos: o inventamos una razón de peso para todo lo que pensamos y hacemos, o
nos hundimos para siempre en el pantano de los hechos consumados.
Recuerdo con
nitidez el lejano día en el que contemplando el mundo desde la epidermis de
mi primera juventud, llegué a la conclusión definitiva de que la vida no
tiene ninguna justificación, y ante tal descubrimiento decidí plantarle cara
al "destino", inventándole un sentido al sinsentido.
Con el pasar
de los años llegué al punto de olvidar que ese fundamento que le atribuimos
tanto a los actos que practicamos como a las ideas que fabricamos; tanto a
las conductas que explicitamos como a los proyectos que
desarrollamos, no es más que un desesperado ejercicio de
supervivencia, y algunas veces hasta llegué a imaginar que el muchachito de
15 años que todavía dirige la orquesta de mi vida estaba completamente
equivocado.
Hoy,
lo único que sé es que si no luchamos contra la parte oxidada de nosotros
mismos - ésa que insiste para que aceptemos pasivamente la esclavitud que nos
encadena con discursos bien escritos e intenta subyugarnos con promesas
seductoras - perdemos la guerra de la vida sin siquiera pelearla, y si
bajamos los brazos en un gesto de impotencia y rendición, hacemos lo
único que nuestros enemigos esperan de nosotros: morir sin haber vivido.
Mario Benedetti obtiene el Premio Internacional Menéndez Pelayo El jurado destaca su trayectoria literaria y "su humanismo en el cultivo de la palabra"
AGENCIAS - Madrid
ELPAIS.es - Cultura - 07-06-2005 - 17:22
Benedetti, en marzo del año pasado en Montevideo cuando recibió el título de Doctor Honoris Causa. (EFE)
El Jurado del XIX Premio Internacional Menéndez Pelayo ha galardonado al escritor uruguayo Mario Benedetti (Montevideo, 1920), por "su preocupación humanista", y "su empeño en el cultivo de la palabra como instrumento de construcción de una sociedad más justa", según reza el acta del jurado. El premio, dotado con 48.00 euros y la Medalla de Honor de la Universidad Menéndez Pelayo (UIMP) ha sido anunciado esta tarde en la Casa de América, donde se ha reunido a mediodía el jurado, bajo la presidencia del rector de la universidad cántabra, Luciano Parejo, y ha decidido "por unanimidad" otorgarlo a Benedetti en la segunda votación.
Al galardón optaban 35 candidatos y en la primera votación el autor uruguayo ha logrado siete votos, seguido del cubano Roberto Fernández Retamar que ha obtenido seis, el nicaragüense Sergio Ramírez cuatro, y el argentino Pedro Luis Barcia y la brasileña Maria Gloria Marcondas que han conseguido dos votos cada uno. El director de la Real Academia de la Lengua (RAE), Víctor García de la Concha, ha señalado que el premio se inscribe en la tradición de reconocimiento a la dimensión humanista de una obra y ha destacado que tanto la poesía como los ensayos y estudios literarios del escritor uruguayo convergen enun compromiso humanista "universalmente reconocido".
García de la Concha ha añadido que se ha tenido en cuenta la contribución de Benedetti al reforzamiento de los lazos de amistad de España e Hispanoamérica, objetivo que persigue el premio. El director de la RAE ha destacado que los libros de poesía del galardonado "alcanzan cotas de difusión poco comunes", mientras que su pensamiento "tiene una presencia activa en las universidades españolas". Por todo ello, "su investigación y cultivo de la palabra contribuye a la unión entre España e Hispanoamérica". Asimismo ha recordado que el premio ha seguido su tradición "no escrita" de alternar ganadores de uno y otro lado, por lo que este año tocaba ganarlo a un hispanoamericano, ya que el anterior fue para el filósofo español Emilio Lledó, presente en las deliberaciones.
Una lista "brillante" de ganadores
El director de la Academia ga excusado la ausencia en la reunión del jurado de Raúl Morodo y Jose Luis García Delgado, ambos fuera de Madrid hoy, y ha recordado que el premio tiene una lista "brillante" de ganadores. Tras el mexicano Octavio Paz que lo ganó en su primera edición en 1987, la lista cuenta con nombres como los de Emilio García Gómez, Julio Caro Baroja, Martín de Riquer, Pedro Laín Entralgo, Carlos Fuentes, Jose Manuel Blecua, Fernando Lázaro Carreter, Ernesto Sábato, Francisco Rico, Mario Vargas Llosa y Nélida Piñón, entre otros. Tras conocer la noticia, el escritor ha declarado desde Montevideo: "Para mí ha sido una sorpresa y un honor que me hayan concedido un premio tan importante, que hayan pensado en mí".
Poeta, narrador, dramaturgo y ensayista, Mario Benedetti nació en Paso de los Toros, en Tacuarembó (Uruguay) el 14 de septiembre de 1920, aunque pronto se trasladó a Montevideo y desde los 14 años trabajó en los más diversos oficios, desde cajero o empleado público hasta librero o periodista. Director del Departamento de Literatura Latinoamericana de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Universidad de Montevideo (1968 -1971), desarrolló en ese periodo una intensa actividad política como dirigente del Movimiento 26 de marzo, del que fue representante en la Mesa Ejecutiva de la coalición de izquierdas Frente Amplio.
Su primer libro de poemas La víspera indeleble data de 1945. En 1960 publicó La tregua, una de sus obras mas famosas junto con su novela Gracias por el fuego (finalista del premio Biblioteca Breve en 1963) hasta hoy, cuando cuenta con más de 80 libros que han sido traducidos a 25 idiomas. Su producción incluye poemas, novelas, cuentos, ensayos, teatro, crónicas humorísticas, guiones de cine y letras de canciones que entonan artistas como Joan Manuel Serrat, Luis Pastor, Juan Diego, Nacha Guevara, o Daniel Viglietti. Posee diversas condecoraciones como el premio León Felipe a los valores cívicos (1997) o el Reina Sofía de Poesía iberoamericana (1999), y su candidatura había sido propuesta por la Academia Nacional de las Letras de Uruguay.
ENTREVISTA CON FERMIN CHAVEZ, AUTOR DE "HISTORIA Y ANTOLOGIA DE LA
POESIA
GAUCHESCA"
Para Chávez, la música joven recupera la preocupación social de la
poesía
gaucha.
Ya lo decían los españoles Unamuno y Menéndez y Pelayo, la poesía en
estilo
gaucho es el fenómeno literario más original de Sudamérica durante
el siglo XIX y
sus efectos se sienten hasta bien entrado el siglo XX", dice el
historiador
Fermín Chávez, quien con el apoyo del editor Francisco Montesanto
publicó en 2004
una completa Historia y antología de la poesía gauchesca. Son 700
páginas que
reúnen obras de más de 80 poetas. La antología arranca en 1812 con
algunos
"cielitos" del montevideano Bartolomé Hidalgo para culminar en 1872,
el año
en que se publican Santos Vega de Ascasubi, Martín Fierro de
Hernández y Los tres
gauchos orientales de Lussich. Pero el libro no olvida a los
payadores —como
Gabino Ezeiza y José Betinoti— extendiéndose luego más allá de 1930
con El paso
de los libres de Jauretche, entre otros autores y obras. También
incluye
investigaciones de los estudiosos Angel Núñez, Guillermo Ara, José
Gabriel y
Aurora Venturini Y un curioso "Vocabulario rioplatense" de Francisco
Muñiz, de
1845.
"Borges se encargó de aclarar el malentendido que había sobre esta
clase de
poesía, que algunos confundían con la producción folclórica. Por
definición, el
folclore es anónimo, cantado y ceremonial. En cambio, la poesía
gauchesca se
publicaba en diarios y folletos, fue escrita por poetas cultos que
vivían en la
ciudad y usaban el lenguaje rural para sus creaciones literarias; es
el caso de
Hidalgo, Ascasubi, Hernández y tantos más", destaca Chávez.
Veterano periodista, poeta y autor de más de 40 libros —entre ellos,
sus
recordadas biografías de Hernández, López Jordán y el Chacho
Peñaloza— ahora
Chávez trabajó en archivos sudamericanos. En su opinión, el género
gauchesco
"puede representar un Mercosur espiritual, porque su geografía, su
temática
y su lenguaje abarcan el sur de Brasil y del Uruguay y las
provincias argentinas
del Litoral: no es sólo Buenos Aires".
Por eso, en esta antología aparece el brasileño Amaro Juvenal (1851-
1926) con un
fragmento de su poema de 1915 "Antonio Chimango", no muy lejos del
uruguayo
Romildo Risso, autor de "Los ejes de mi carreta". ¿De dónde le viene
a Chávez el
interés por este género literario? El lo dice así: "Soy del campo,
nací en 1924
en Nogoyá, Entre Ríos, aunque me eduqué en las ciudades. Estudié
filosofía en el
convento porteño de Santo Domingo, luego teología en el Colegio
Dominicano del
Cuzco, en Perú. Fue en Buenos Aires donde publiqué, en 1959, mi
biografía de José
Hernández, autor que está en el origen de esta gran pasión".
Chávez no cree que la gauchesca esté necesariamente confinada a la
nostalgia y
los desfiles del Día de la Tradición. No lo duda: "Es parte de
nuestra identidad,
ni más ni menos. Tenemos que releerla hoy para comprobar cómo su
espíritu
reaparece en el tango —cuando el gaucho de las orillas urbanas se
transforma en
el compadrito— pero también en la música joven hecho aquí. El
rocanrol retoma la
tradición gauchesca ligada a la denuncia social y política, además
de las
historias de amor, la picardía, el humor ácido y la crítica de la
vida
cotidiana".
Así escribe
Varios elementos entran en conjunción al nacer el canto del
montevideano
Bartolomé Hidalgo. En primer lugar, lo criollo americano,
representado fielmente
por la poesía payadoresca y por el cancionero tradicional. En
segundo lugar, lo
específico: el gaucho rioplatense, es decir, "una laya de criollo"
como lo
definiera Martín Coronado (....) Tuvo su ámbito geográfico, como lo
precisa el
oriental José Pereira Rodríguez, en la campaña del sur brasileño
riograndense, en
la mesopotamia argentina, en la pampa bonaerense y en el campo
uruguayo. Pero no
se trata de un gaucho indeterminado o anacrónico sino de aquel que
fue convocado
por las nuevas patrias sudamericanas, para armarlo en la guerra de
liberación. En
las marchas del éxodo hacia Entre Ríos, en 1811, y en el sitio de
Montevideo, al
año siguiente, Hidalgo convivió con sus paisanos y aprendió de cerca
sus formas
de expresión. Y por su parte, empezó a darles letras a los
artiguistas, porque
era necesario y oportuno poner en ridículo a los hasta hacía poco
poderosos
godos. Fue entonces cuando los tiples artiguistas empezaron a
acompañar la voz de
los cantores que decían, por ejemplo: "Vigodet en su corral/Se
encerró con sus
gallegos/Y temiendo que lo pialen/Se anda haciendo el chancho rengo".
No se podrá entender el carácter de la poesía gauchipolítica si se
prescinde del
hecho capital de que se trataba de estrofas de contenido popular
militante,
escritas para ser cantadas".