Viendo al Hombre de los Dias Antiguos que se iba, y haciendo una seña
al cantinero apra que le llevara una pinta de cerveza - "y mejor que
sea al menos tan buena como la del viejo Mantecona" - Vornhir miró
fijamente a la bella mujer.
"Contadme sobre vuestra vida, Señora. Hace tiempo que vago sin rumbo
por los caminos polvorientos y nada me agradaría más que una buena
historia, y luego, si queréis, os contaré algo sobre mis propias
aventuras."
El cantinero depositó ese momento la jarra de cerveza y se quedó a un
lado de Lord Vornhir - siempre le agradó ese nombre - con la mano
extendida enseñando la palma.
El caballero lo miró fijamente y el cantinero retrocedió hasta la
barra, tra sla cual buscó refugio de inmediato, como si la mirada de
Vornhir fuera una espada, tan afilada como la que llevaba al costado.
"Pagaré al retirarme, como siempre hice en el pasado. ¿O dudáis de mi
honor?"
El cantinero no respondió.