La opera prima del hijísimo del inconmensurable David Bowie (cuya filmografía
*no* debe ser nunca ignorada) resulta ser una cinta interesante llena de guiños
a 2001 y con un impresionante papel protagonista bordado por un Sam Rockwell al
que no teníamos localizado (sólo como el Zaphod de la infame adaptación al cine
de La Guía del Autoestopista Galáctico- no le recordamos en la deliciosa Galaxy
Quest [Héroes fuera de órbita], pero parece que su papel tenía algo de miga).
La premisa inicial de la película- un minero trabaja en la más absoluta soledad
en la Luna- plantea toda una serie de dificultades que la película salva con
habilidad, en gran parte por el estupendo trabajo del actor principal y en menor
parte por un guión muy bien pensado. La peli viene perfectamente complementada
por una interesantísima banda sonora firmada por el Clint Mansell de Réquiem por
un Sueño y otras aronofskiadas, unos artesanales y perfectamente funcionales
efectos sonoros y el detalle de homenajear a Kubrick yendo más allá de la burda
copia.
Como única pega, pondremos que la peli se nos queda corta. La peli expone y
explora una situación muy muy interesante, pero no acaba de hacer tanto como
quisiéramos con ella; no suceden muchas cosas ni se intentan expresar
suficientes cosas como para involucrar al espectador y hacerle pensar (si bien
este se puede plantear algunas cuestiones sobre la situación presentada, no se
le dan muchos empujoncitos para que lo haga).
Pese a ello (y teniendo en cuenta que este "problema" surge básicamente por las
no pocas virtudes de la cinta), consideramos que vale la pena vérsela, pues hay
suficientes cosas buenas como para salir del cine plenamente satisfecho.