Las medallas y distinciones autoconcedidas.
En un año, y tras un rapidísimo vistazo:
Cruz al Mérito Civil, por orden del señor Moratinos.
Medalla “Defensor de Zaragoza”, porque petó a Belloch.
Medalla de Oro de la Universidad Politécnica de Cartagena, por una concesión.
Medalla de la ciudad de Bailén, por colaborar en la conmemoración de la batalla.
Premio Ramón Rubial, por su defensa de los valores socialistas.
Premio Protagonistas, a la “política” del año, porque Del Olmo cayó.
Premio Fundación Mujeres Progresistas por ser pionera en Defensa.
Premio “política revelación” del Club Internacional de Prensa.
Premio 8 de marzo de la UGT, por su “compromiso social y político”.
El
señor Boadella decía que en España lo que produce envidia de verdad es
un caballo. Y se compró uno. Creo que acertaba en su análisis. En la
sociología de cortijo que impera en una sociedad dividida en dos
estratos, el estatal y el sometido, el mérito es demasiado sacrificado
y la distinción demasiado rara como para esperar a reconocer sus
manifestaciones naturales, así que para honrar a la Excelencia nuestros
gobernantes se los reparten en plural. Méritos y distinciones por
decreto. La ciudadanía embrutecida envidia los pequeños objetos de
ostentación, la clase política usurpadora los grandes currículos que
abren las puertas a la posición, el lujo y la buena reputación de por
vida.
Óscar comentando "
Los aristogratos" (
http://diariorc.com/irrepresentacion/1011-los-aristogratos.html)