En uno de sus últimos momentos de lucidez parece ser que el
señor Pascual Maragal ha propuesto la insumisión fiscal de los catalanes si no
se aprueba el estatuto de Cataluña. Me parece una magnífica idea. Es justamente
lo mismo que yo propondría al resto de los españoles si tal estatuto llegara a
aprobarse. Aquí, puestos a ser insumisos, que cada palo aguante su vela, o
dicho en términos más vulgares, “maricón el último”. No encuentro
ya ninguna razón especial para que mis impuestos sirvan para seguir financiando
este Patio de Monipodio en el que se ha convertido el Estado de las Autonomías,
de cuya teta, dicho sea de paso y con el máximo respeto a este órgano femenino
de la clase zoológica mamíferos, vienen viviendo, y nada mal por cierto, el
señor Maragal y tantos otros. De manera que, ¡bravo por el solidario –
socialista, por supuesto – señor Maragal! Y es que la idea ésta de la
insumisión, tan pegada a la cantinela de la autodeterminación, me viene al pelo
para proclamar que también me parece extraordinaria. También me apunto a ella.
¡Autodeterminación, sí!, pero autodeterminación para todos. Yo también me
quiero autodeterminar. Nuestra Santa Madre la Iglesia, que de esto de
las uniones temporales sabe lo suyo, tiene establecido que en el matrimonio se
pide la conformidad a ambos cónyuges: “Fulanito, ¿quiere usted a
Menganita?....Menganita, ¿quiere usted a Fulanito?”. Aquí, en esto de la
política, parece que eso no vale. A mi nadie me ha preguntado si quiero que los
catalanes sean parte de mi proyecto de vida. De vida política, se entiende. Y
así, los españoles no catalanes parece que nos tenemos que levantar cada día
con la mala conciencia de ser unos puñeteros opresores del pueblo catalán, y,
en todo caso, tener que suplicar casi de rodillas cada mañana al separatista de
guardia, “¡por favor, no se vayan ustedes, que vamos a ser buenos chicos,
que vamos a mandarles de vez en cuando a un Rey que les suelte una parrafada en
catalán, que vamos a seguir haciendo el canelo con nuestros impuestos para que
su nivel de vida y su renta per cápita sea muy superior al “imperialista”
del castellano Villatempujo de Arriba!. ¡Por favor, sigan con nosotros, que les
queremos mucho!”. A mi nadie me ha preguntado si es que no me repatea
tener que hacer cada día estas humillantes súplicas. Y no sé por qué me da la
impresión de que si se nos hicieran estas elementales preguntas los aguerridos
separatistas catalanes se llevarían la tremenda sorpresa de que, muy lejos de
ser ellos los que están deseando la independencia de España, somos cada vez más
los propios españoles no catalanes los que, al menos tanto como ellos, estamos
deseando dársela. El problema, el triste problema, es que, también allí hay
muchos y buenos catalanes españoles que están del nacionalismo y del separatismo
tan hasta el gorro como estamos nosotros. Compruébese si no el “espectacular”
resultado de participación y votos afirmativos en el referendum, que ponía de
manifiesto que sólo un 35 % del censo electoral le daba su conformidad. ¡Todo
un éxito popular! De manera que…vale, vale, ¡insumisión, señor Maragal!
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Do, 11 de Oct, 2009 10:10 pm
Ricardo Sánchez Candelas <rscandelas@...>
rscandelas
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