Siempre que se producen los pactos postelectorales (como el reciente
entre PSC, ERC y IC) me viene la sensación de que es una puñalada
trapera a la democracia. Me da igual si el perjudicado es Fraga (que
lo fue), Artur Mas (que lo ha sido, y van dos) o Juan Barranco (que
también lo fue en época de Rodriguez Sahagún como alcalde de Madrid
por el CDS). La realidad es que bajo la perversidad de algunos
eslóganes para justificarlos (del tipo "las fuerzas progresistas
somos mayoría", "juntamos nuestras fuerzas para tener por fin un
gobierno plural", "hacía falta un cambio", etc.) lo que late es la
no aceptación del resultado de las urnas. Si en realidad los
programas son coincidentes y compatibles como para formar gobierno,
¿por qué no concurren juntos? Pactar a posteriori es aumir que tu
voto era una carta en blanco de tus votantes y no es así. Supone
aceptar que el 100% de tus votantes desean que te unas a otras
opciones a veces diamatralmente opuestas (nacionalistas frente a no
nacionalistas o izquierdistas frente a conservadoras). Al final
gobierna una amalgama de ideas difícilmente conjugables y la opción
más votada es relegada al ostracismo. En otros países esto es
impensable porque cuentan con un sistema de elecciones a doble
vuelta que permite a los votantes perfilar mejor su voto y ello le
confiere a los gobiernos resultantes una mayor estabilidad y
coherencia programática.
¿Para cuándo en España? La democracia necesita ser verdaderamente
aplicada.
Saludos a todos.