¡Qué me gustan a mí esas historias del abuelo cebolleta!
Maravillosa prosa, jugoso contenido, esclarecedor retrato...asquerosa
conclusión.
Y eso que aún no ha hablado otro que también le conoce muy, pero que
muy bien, ¿verdad Ricardo?
En fin, muchas gracias por animarte a contarlo finalmente.
Lo más triste de todo es que ese tiparraco no ha dejado de "progresar"
(trepar, diría yo) desde entonces y ahora aspira a gobernar mi ciudad.
¿Veis como lo del mal menor tiene su razón de ser si conoces desde
dentro el percal?
Abrazos.