Feliz Navidad a todos vosotros, buenos españoles, buenos amigos.
Espero con impaciencia el discurso de su majestad (la suya) en
Nochebuena. A buen seguro que al terminarlo, mi impaciencia se habrá
convertido en indignación. Me ocurre todos los años, aunque mucho
más ultimamente. En 2004, y a consecuencia de todo lo acontecido con
la inminente desmembración de España, confieso que esperaba a un rey
más en su sitio, y un discurso menos tibio, menos flojo, mucho menos
cobarde y mucho menos indecente de lo acostumbrado.
Pero no nos engañemos. No podemos pedir valentía y decencia a un
borbón. Es incompatible con su genética.
No podemos pedirle a un italiano de sangre francesa que abogue por
la unidad de España, aunque sólo sea pronunciando un discursito: No
va con él. Ni con su señora groña-ca-groña (a su lado, la madre de
Pol es Lázaro Carreter), ni con su cursi y mongoloide descendencia.
"Busque, compare, y si encuentra algo mejor, cómprelo" decía hace
años el director de una marca de detergentes. Con la monarquía
deberíamos hacer algo parecido: si encontramos algo mejor, lo
cambiamos. Y yo hace un rato que he encontrado algo mejor. Lo malo
es que he tirado de la cadena.
Cantemos ahora un villancico:
PORKY, PORKY, NUESTRO REY. Y SOFÍA, SU MUJER...
FELICES NAVIDADES, HONRADAS Y ESPAÑOLAS. Un abrazo a todos.