Hola a todos:
algunos de vosotros ya habréis oido hablar del tema, pero otra mucha
gente no sabrá nada. La cuestión es que Santa Pola, una de las zonas
emblemáticas e históricas en la práctica del parapente en España
está en grave peligro de extinción, como zona de vuelo.
La construcción de una urbanización, de momento nos ha privado del
acceso al despegue y quien sabe si en un futuro el vuelo en toda la
zona sea simplemente un placentero 'recuerdo'.
Con motivo de intentar encontrar una solución, algunos compañeros
de vuelo, como Rafa, Andrés, Nick, etc, han tenido algunas
entrevistas con la prensa y con las autoridades pertinentes, fruto
de estas conversaciones han sido algunos reportajes aparecidos en el
diario local Información.
A continuación os transcribo el último aparecido el domingo pasado
(31 de agosto). Es un poco largo pero os pido que lo leaís ya que
opino que la muerte de cualquier zona de vuelo nos atañe a todos los
que practicamos este apasionante deporte.
Un saludo.
Ahí va:
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PONER PUERTAS AL CIELO.
Al sueño de volar, anhelo con el que todos hemos fantaseado alguna
vez, le están cortando las alas en el Cabo de Santa Pola. Desde
hacía más de veinte años, todos los días era posible ver como las
gaviotas compartían el vuelo con decenas de cromáticos parapentes en
este lugar. Hoy, un contencioso urbanístico les separa.
En 1985, las recalificaciones y el cemento comenzaron a sustituir
los arbustos por chalets y los pinos por farolas, naciendo la
colonia de urbanizaciones «Gran Alacant». El verano pasado, los
ladrillos ya amenazaban el área de despegue de los parapentes y
algunos deportistas intuían el inicio del fin del deporte en esta
zona, considerada de las mejores de Europa para los principiantes.
Hoy, los aficionados ya no pueden acceder en condiciones al sitio de
lanzamiento.
Una puerta se lo impide. Es la que da acceso a la segunda fase de
la urbanización «El olivo de oro» y sólo responde a las órdenes de
los mandos a distancia de los propietarios. Los coches de los
deportistas, que durante años han atravesado cargados de material el
camino que conduce hasta la zona de despegue y que hoy es un vial
privado rodeado de bonitos chalets, no pueden atravesarlo.
«Es el fin del parapente». Así de drástico se muestra ante la
situación Andrés Casanova, presidente del Club Escuela Alicantina de
Parapente. Este lugar del Cabo de Santa Pola «es excepcional y única
para los principiantes; si ellos no pueden iniciarse, el deporte se
irá perdiendo. El hecho que lo demuestra es que cada vez se ven
menos vuelos en este rincón. Yo mismo estoy diciendo que no a la
gente que me llama para inscribirse en los cursos de iniciación,
pues no tengo por donde llevarles», explica.
La única manera de llegar hasta la zona de despegue, un tercio de la
cual también pertenece a «El olivo de oro», es bordeando esta
colonia por fuera, atravesando peligrosas sendas llenas de escombros
provenientes de la construcción de la última fase de ese
residencial, que bordean un barranco, por las que es difícil andar
con los 40 kilos que suele pesar un parapente. Acarreando un
biplaza, el modelo que se usa en las escuelas para que el
principiante vuele junto al monitor, es casi imposible.
«¿Y si hay un accidente?», se preguntan los deportistas. El
tiempo que perdería la ambulancia en la puerta del residencial
mientras se gestiona su apertura, «podría ser vital para el herido».
De todas formas, «la mayoría de percances no requieren de asistencia
urgente», explica un aficionado, «pero sí de un vehículo propio para
acercar al lastimado a un hospital», y por el sendero que han de
recorrer ahora «es imposible evacuar a nadie».
Enfrentados por una calle
Aunque parezca extraño, la mayoría de vecinos dicen no tener nada en
contra de la práctica del parapente en la zona. Así, la instalación
de la cancela perseguía «impedir el paso a los ladrones, no a los
deportistas», asegura la presidenta de la Comunidad de Vecinos, Eva
Hernández.
«Cuando cerramos el acceso, ofrecimos la posibilidad de que
atravesaran el vial a pie. Desde entonces, algunos de ellos hacían
lo que querían en la urbanización, se metían en la piscina y
molestaban a los residentes. El problema mayor comenzó el mismo día
en que se puso la puerta. Entonces empezaron los destrozos:
cerraduras rotas, coches rayados, etcétera», y, lo que es más
grave, «hemos recibido hasta amenazas telefónicas». Ante esta
situación, «decidimos no dejarles entrar ni siquiera a pie».
Los parapentistas, por su parte, niegan todas estas
acusaciones. «Es increíble, ¿por qué íbamos a hacer todo eso? A
nosotros nos interesa llevamos bien con los vecinos, nunca se nos
ocurriría causar ese tipo de problemas», explica Andrés. «Es más,
son parte de ellos los que se comportan mal, cuando pasamos por la
calle con los equipos, nos increpan». «El administrador ha llegado a
decirme en público que nos quitará la zona de despegue, que
conseguirá que no volvamos a volar aquí», denuncia.
Con todo, es evidente que el Cabo de Santa Pola alberga un claro
conflicto de intereses, un choque de derechos. El derecho a volar y
el derecho a la propiedad privada. La pugna arranca en 1985, con la
aprobación del Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) de Santa
Pola. Entonces, en el monte no había aún cemento, sólo pinos,
arbustos y los primeros parapentistas, pero ya estaba prevista la
posibilidad de urbanizar los terrenos de lo que hoy es«El olivo de
oro», y en ese plan, la entonces inexistente calle de la discordia
aparece como privada.
Así se mantuvo durante diez años, hasta que en 1995, el «Gran
Alacant» ocupaba ya buena parte del Cabo. Entonces, previniendo la
llegada de las cementeras hasta la zona de despegue y el camino de
acceso, el Ayuntamiento en pleno pactó con la promotora de la
urbanización que la futura calle de la última fase del residencial,
cuyas llaves se han ido entregando desde diciembre hasta este
verano, fuera pública para garantizar la práctica del parapente. Al
mismo tiempo, también se dejó escrito que la parte del área de
lanzamiento propiedad de la colonia sería de uso gratuito para todo
el público, tal y como llegó a recogerseen el DOGV número 3.543. La
constructora aceptó. Buena prueba de ello es que en las escrituras
de las viviendas de la colonia, al citar la zona de parapente como
linde, se refiere a él como «de acceso libre por el público», hecho
que reconoce la presidenta de la comunidad de vecinos,que en
descargo de los mismos asegura que «de esto se enteraban los
propietarios cuando ya habían pagado la casa».
El plan fallido
La preocupación para el parapentista llegó cuando el nuevo PGOU
redactado por el Partido Popular en 1998 quedó en nada al perder las
elecciones de 1999 en favor del PSOE. En ese nuevo Plan General,
quedaba reflejado el acuerdo llegado con el constructor. Al no
seguir adelante, volvió a ser valedero el de 1985, que hoy, 18 años
despues, es el que sigile vigente. A pesar de eso, «el gobierno
socialista tuvo hasta el 2000 para zanjar el asunto, ya que cuando
empezamos con el PGOU del 98, la Generalitat nos dio dos años de
margen», explica Jorge Perelló, edil de Urbanismo desde la victoria
popular en las últimas elecciones.
En enero de este año, «hartos de los robos, pedimos al
ayuntamiento un informe sobre la titularidad de la vía, pues la
antigua administradora nos decía que era pública», explica
Hernández. No les contestaron. En abril, ya con el nuevo
administrador, César
Cuartero, hijo de un técnico de urbanismo del Ayuntamiento -lo cual
aviva sospechas de amiguismo entre algunos parapentistas, negadas
rotundamente por Perelló-, lo volvieron a intentar. «Consulté a los
abogados y me dijeron que el vial era claramente privado, en función
del PGOU del 85, y que no había nada que hacer», explica el concejal
de Urbanismo. Así, el 25 de julio de este año, el pleno del
Consistorio aprobó una resolución .en la que se aceptaba «la plena
consideración de dicho vial como privado», tal y como figura en el
documento de notificación. De esta manera, se-entregaba oficialmente
la calle a la comunidad, que ya había instalado la puerta en junio.
Así, las rivalidades entre residentes y deportistas siguen a día de
hoy. Si bien, no es dificil encontrar vecinos que desean el fin del
conflicto e incluso que se deje circular a los
parapentistas «libremente», como afirma uno de ellos. También hay
algunos deportistas que entienden «los motivos de los vecinos» y que
creen que «las escuelas tienen sus intereses económicos, ya que para
volar hay más zonas en el cabo a parte de ésa».
Con todo, el «para»caidismo en «pen»dien«te», abreviado parapente,
puede dejar de practicarse en este lugar. Entre el cemento y
asfalto, con acusaciones de unos hacia otros de por medio y con un
plan urbanístico «obsoleto» en vigor, como reconoce Perelló, Santa
Pola es cada día menos la ciudad del parapente. Las gaviotas planean
sobre su cabo cada vez más solas.
MENOS TURISTAS
El protagonismo del problema del parapente en Santa Pola se
extiende más allá de vecinos y deportistas y afecta ya al sector
turístico local. A parte de los muy diversos atractivos de la ciudad
del Baix Vinalopó, el del parapente ha sido uno de los que
tradicionalmente ha seducido a la porción deportiva del turismo
europeo, cuyos integrantes no pueden volar en sus países a partir de
octubre por la condiciones climatológicas, por lo que venían aquí,
pues en el Cabo se puede despegar una media de casi 300 días al año.
Nick es un belga asentado en Santa Pola que trae entre 300 y 400
personas al año para practicar el parapente. «Muchos me llaman para
preguntarme si podrán volar cuando lleguen. Cuando les comento la
situación, que ya no hay vial, muchos anulan sus reservas». La falta
de seguridad que supone no disponer del camino para posibles
evacuaciones «es lo que más les echa para atrás», explica Nick, que
lamenta pérdidas como la de un grupo de 10 ingleses que venían todos
los años y que «ya me han dicho que no volverán».
Estos visitantes, aunque no son los mayoritarios de la
ciudad, «también son turistas que comen, duermen y gastan dinero en
los comercios de Santa Pola», y su pérdida «la sufre todo el
municipio». A pesar de eso, si uno llama al Tourist Info local y
pregunta que si puede llegar en coche hasta la misma zona de
despegue, le contestarán, erróneamente, que sí.
UNA NUEVA VIA
Los deportistas, en su mayoría, son conscientes de la situación y
saben que va a ser muy difícil que la calle vuelva a ser pública,
aunque parecen dispuestos a llevar su lucha hasta las instancias
judiciales. Según Andrés Casanova, «desde la Federación de Deportes
Aéreos de la Comunidad Valenciana estamos estudiando esa
posibilidad». Sin perjuicio de esas medidas, reconocen que si el
Ayuntamiento habilitara un camino apto para vehículos que bordeara
la urbanización, «nos podríamos conformar». Así pues, ésta parece
una buena solución, ya que también los vecinos la ven con buenos
ojos. Por ahora, el edil de Urbanismo asegura que «se está
estudiando la viabilidad de esa opción», una posibilidad bastante
complicada ya que el residencial linda directamente con el borde de
un barranco. Perelló, no obstante, dice estar «abierto a cualquier
propuesta que nos hagan llegar».
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Publicado en el diario Información el domingo 31 de Agosto de 2003,
por el periodista Pau Llop.