Una vida para la música: Tchaikovski.
Érase una vez... un lejano país mágico donde la fantasía y los
cuentos se hacían realidad... ¿A quién no le han contado alguna vez
un cuento o leído un clásico de la Literatura y se ha dejado llevar
por la fantasía y el misterio inmerso en él? ¿Quién no ha soñado que
en un momento determinado de su vida era el protagonista de un cuento
o de una novela donde los sueños podían llegar a ser realidad...? En
el artículo de este mes quiero hacer ver cómo la Música se sirve de
la Literatura para crear las más bellas composiciones inspirándose en
obras clásicas como "Romeo y Julieta", "Hamlet", "La
Tempestad", "Macbeth", "Sueño de una noche de verano"... o en cuentos
tradicionales de la literatura infantil, para componer bellísimas
piezas musicales, óperas y ballets... como pueden ser "La Bella
Durmiente", "Caperucita Roja", "La Bella y la Bestia", "El Gato con
botas"...
Toda producción literaria tiene un sentido, gracias a que supone un
determinado ambiente de cultura y sociedad; manifestando, de un modo
u otro, una actitud religiosa, filosófica, política... Todo esto hace
que las grandes obras se conozcan cabalmente porque trascienden, sin
abandonar su atmósfera de época, para elevarse también a otra
dimensión donde se hermanan e iluminan mutuamente. Me refiero a la
conexión existente entre la Literatura y la Música, donde las
palabras se entremezclan en las partituras y surgen las más bellas
composiciones musicales. Un fugaz ejemplo de músicos que se han
inspirado en la Literatura, ya sea clásica o infantil, para crear sus
producciones, podrían ser entre otros: Jirí Pauer que escribió el
libreto de "Caperucita Roja", Xavier Montsalvatge se basó en "El Gato
con botas", Giuseppe Verdi compuso "Macbeth", Benjamin Britten
recreó "Sueño de una noche de verano", Tchaikovski nos deleitó
con "Hamlet" o "Romeo y Julieta"...
La lista de compositores que hermanan Música y Literatura se
extendería mucho más, pero mi intención, es centrarme en uno de los
más destacados del siglo XIX, y por cuya obra siento una gran
admiración, me refiero al compositor ruso Piotr Ilich Tchaikovski.
Sin más preámbulos, viajaremos en el tiempo hasta Kamsko-Vótkinsk,
donde un 7 de mayo de 1840, nacía en la zona de los Urales,
Tchaikovski, que se convertiría, sin duda, en uno de los compositores
más sobresalientes del siglo XIX. Nacido en el seno de una familia
acomodada, pronto iniciaría estudios musicales (siendo aún un niño).
En su currículum académico, destacamos sus estudios de derecho en San
Petersburgo, así como su estancia en el Conservatorio de la misma
ciudad (donde estudiaría armonía, contrapunto, música sacra,
composición e instrumentación). Un aspecto sustancial en su formación
musical, fue entrar en contacto con los compositores y maestros Anton
Rubinstein (del que Tchaikovski recibiría clases de orquestación) y
Zaremba. En 1866 fue nombrado profesor de armonía en el Conservatorio
de Moscú, lo que le permitió independizarse de su familia y
relacionarse con los mejores compositores moscovitas. Allí el joven
compositor conocería al dramaturgo Alexander Nikolayevich Ostrovsky,
quien le escribió el libreto de su primera ópera "El voivoda" (1868).
Igualmente, cabe destacar su relación, en una visita a San
Petersburgo, con los máximos exponentes del nacionalismo musical
ruso: Rimski-Kórsakov, Moussórgski y Boródin, quienes le instaron a
componer una de sus obras más importantes y célebres: la obertura-
fantasía "Romeo y Julieta" (1869-70). De esta época también destacan
sus óperas "Undina" (1869) y "Oprichnick" (1872), el "Concierto para
piano nº1 en si bemol menor" (1875), las sinfonía nº 1 "Sueños de
invierno" (1868), nº 2 "Pequeña Rusia" (1873) y nº 3 "Polaca" (1875).
Sucesivas crisis nerviosas y amores desafortunados le sumieron en un
permanente estado depresivo que impregnó de melancolía sus obras de
madurez. Entre 1876 y 1890 mantuvo una intensa relación epistolar con
Nadiezhda von Mekk (aunque nunca se conocieron), viuda adinerada y
entusiasta de la música del compositor, quien se convirtió en su
mecenas durante todo ese tiempo. La fecundidad de la obra de
Tchaikovski aumentó durante este tiempo de relación con madame von
Mekk, perteneciendo a dicho período obras como las óperas "Eugenio
Oneguín" (1878) basada en una obra de Alexander Serguéievich
Pushkin, "La doncella de Orleáns" (1879), "Mazeppa" (1883) y "La
hechicera" (1887); los ballets "El lago de los cisnes" (1876) y "La
Bella Durmiente" (1889); "Variaciones sobre un tema rococó en la
mayor para violoncello y orquesta" (1876) y el "Concierto para violín
en re mayor opus 35" (1878); composiciones orquestales como
la "Marcha eslava" (1876), "Francesca da Rimini" (1876), "Sinfonía nº
4 en fa menor opus 36" (1877), obertura 1812 (1880), "Capricho
italiano" (1880), "Serenata" para cuerdas (1880), sinfonía "Manfredo
opus 58" (1885), "Sinfonía nº 5 en mi menor opus 64" (1888), la
obertura-fantasía "Hamlet" (1885) y diversas canciones. Mientras
tanto, en 1877, Tchaikovski se casó con Antonina Miliukova,
estudiante de música del Conservatorio de Moscú y alumna suya que le
había escrito confesándole su amor. El matrimonio no funcionó desde
el principio y se separaron al poco tiempo.
Desde 1887 hasta 1891 Tchaikovski realizó varias giras por las
principales ciudades de Europa y América, en las que obtuvo grandes
éxitos. En 1890 compuso una de sus mejores óperas: "La dama de
picas". A principios de 1893 empezó a trabajar en la "Sinfonía nº 6
opus 74", posteriormente titulada "Patética" por su hermano Modesto.
La primera interpretación de la obra, bajo la dirección del
compositor el 28 de octubre de 1893 en San Petersburgo, fue recibida
con indiferencia por el público. Murió nueve días después, el 6 de
noviembre de 1893.
Sus obras más conocidas se caracterizan por tener pasajes muy
melódicos con movimientos que sugieren una profunda melancolía que se
combinan con otros extraídos de la música popular. Tchaikovski
dominaba la orquestación; en particular, sus partituras de ballet
contienen efectos sorprendentes de colorido orquestal. Sus trabajos
sinfónicos, con un gran contenido melódico, también tienen un fuerte
desarrollo temático abstracto. Sus ballets, entre los que
destacan "El lago de los cisnes" y "La Bella Durmiente", todavía no
han sido superados en su intensidad melódica y en su brillo
instrumental. Compuestos en estrecha colaboración con el coreógrafo
Marius Petipa, representan el primer intento de utilizar música
dramática para danza después del ballet operístico del compositor
alemán Christoph Willibald Gluck.
"El lago de los cisnes" es, sin duda, una de las obras maestras del
ballet clásico tradicional más conocidas y populares del mundo por su
idea original, coreografía y, desde luego, por la música del
compositor Piotr I. Tchaikovski. Se estrenó en el Teatro Bolshoi de
Moscú en 1877 y, para 1895, con una concepción del mencionado Marius
Petipa y Lev Ivanov, logró un nuevo éxito en el Teatro Mariansky de
San Petersburgo: narra la historia del príncipe Sigfrido, quien es
invitado por sus amigos a una cacería en el lago cercano con el
propósito de distraerlo para que pueda elegir consorte. Los jóvenes
cazadores llegan a un lago dominado por el brujo Von Rothbart, quien
al verse desfavorecido por Odette la transforma en un precioso cisne
junto con su corte. En un enfrentamiento con los poderes mágicos del
brujo, Sigfrido hace triunfar al amor sobre las fuerzas de la maldad
y la venganza.
"La Bella durmiente", a su vez, es un ballet en tres actos basado en
el cuento de Perrault. Se inicia con el bautizo de la princesa Aurora
y la historia concluye con el beso del príncipe al final del segundo
acto. Sin embargo, se añade un tercer acto lleno de colorido y
encanto, en el que los personajes de los cuentos populares asisten a
la boda de los príncipes. Por las salas del palacio real desfilan la
princesa Florina y el Pájaro Azul, el Gato con botas, Caperucita y el
Lobo, Pulgarcito y sus hermanos, Cenicienta – pierde su zapato – o
las hadas, lo que da lugar a una serie de variaciones coreográficas y
de pas de deux muy bellos que conquistan rápidamente al público.
La obra de Piotr Ilich Tchaikovski, en definitiva, une la tradición
musical de Occidente con su propia y romántica expresión,
proporcionándole una intensa emotividad en la que sabe unir
magistralmente, en algunas de sus composiciones anteriormente
mencionadas, Literatura (como fuente de inspiración) y Música.
Con todo lo presentado en este artículo, a modo de pequeño viaje por
la producción del genial compositor ruso Tchaikovski, espero que haya
servido para ofrecer un breve pero intenso conocimiento de la misma y
dejar volar vuestra imaginación para descubrir el mundo de la
fantasía inmerso en la Música y la Literatura.
fidelio kreutzer