Hola a todos. ¡Qué interesante este tema!
Cuando a mí se me ocurrió dejar una carrera prometedora por la música
(y una vez que mi primera maestra de canto me convenció de que tenía
voz para canto lírico y no para el popular), recibí apoyo por parte
de mi padre (el resto de la gente estaba horrorizada).
Y... lo primero que hizo, una vez confirmada mi decisión de dedicarme
al canto lírico, fue comprarme un disco de María Callas.
Honestamente, mi primera reacción cuando la escuché, fue apagar el
equipo y aterrorizarme. ¡¡¡En mi vida había escuchado una voz tan
chillona acompañada de un sonido de fondo tan brutal!!! (y eso que
era CD)
No, no se sorprendan... Tampoco es mi intención ofender a la Señora
Callas. Simplemente les describo la reacción de una persona que
nunca se había acercado realmente al mundo de la lírica.
Pero, cuando hice algunas investigaciones y escuché el disco
completo, junto con otros que me prestaron y hasta yo misma compré
(ustedes saben, para entender esa cosa llamada ópera) comprendí en
dónde se centraba el meollo del asunto: ¡la emoción! ¡Cómo es
posible que uno llegue a obviar la mala calidad del sonido tan solo
por percibir todas esas sensaciones que ella y otros cantantes eran
capaces de transmitir!
Incluso, la primera ópera completa que escuché fue Traviata, cantada
por Renata Scotto y dirigida por Claudio Abbado. ¡Nunca olvidaré esa
experiencia! Para ese entonces, lo único que sabía de italiano
era "espagueti con bologna", lo cual me ponía en desventaja.
Pero eso sí, a la primera comprendí de qué se trataba esa ópera. No
tenía que entender el texto para saber que una mujer contenta y
enamorada, debía hacer el sacrificio de abandonar a su amado, ser
juzgada para, finalmente, morir en medio de un inmenso dolor corporal
y espiritual.
Y, ¿cómo logré entender? ¿por mi coeficiente intelectual "super
elevadísimo"? ¡No!
Me da la impresión de que en otros tiempos, los cantantes se tomaban
el suficiente tiempo para investigar a fondo sobre las óperas que
iban a montar y sus personajes. Eran capaces de meterse en ellos y
de saber qué ocurría en los segmentos donde ellos no participaban.
Y, por sobre todas las cosas, CANTABAN. No se dedicaban a "cuidar"
la TÉCNICA VOCAL en sus representaciones. No sacrificaban la
interpretación por la técnica o por hacer correctamente los
movimientos en el escenario. Cuidaban y amaban a sus personajes, se
vestían con ellos, los vivían...
Tal vez juzgue mal a los cantantes de hoy día pero, por lo que he
visto en mi entorno, a los jóvenes la famosa "técnica" se les ha
vuelto como una especie de "cinturón de castidad".
¿Qué es importante la técnica? ¡Por supuesto que sí! Pero no creo
que sea sano que se convierta en una limitante. Al contrario, debe
dar libertad al cantante, no castrarlo. Para lograr una buena
interpretación hay que "dominar la técnica". No puede ser que ella
sea quien "domine" al cantante.
Hace falta arriesgarse a hacer cosas, a proponer, a ser creativo. No
creo que un "buen director de escena" no acepte sugerencias de los
cantantes, actores o bailarines. Todo en este mundo se puede
negociar, al menos que el "famoso director" sea un
grandísimo "idio..." como para no aceptar sugerencias.
Además, es verdad que el cansancio por los viajes limita la calidad
de la interpretación. Considero que lograremos más el día en que
aceptemos menos compromisos y nos tomemos el suficiente tiempo como
para dejar que el cuerpo se recupere. ¡Es terrible cantar cansado o
con rezago aereo! Jamás la voz sale con la suficiente calidad y, en
ocasiones, ni siquiera sale...
Y, para finalizar, ¿cuántos se preguntan para qué están sobre un
escenario? ¿para satisfacer su ego o para transmitir un mensaje?
Estoy consciente de que en otras épocas los Divos tenían un ego casi
insufrible pero, cuando se montaban en el escenario, transmitían
un "mensaje", se sumergían en la realidad de sus personajes.
Cuando veo Tosca cantada por Callas, veo a Tosca, no al gran ego de
Callas interpretando Tosca. Cuando veo cualquier ópera cantada por
Plácido Domingo, veo al personaje, No a Domingo interpretando el
personaje. He allí la diferencia.
Tal vez el día en que nos demos cuenta de que no podemos vivir atados
a la "técnica", ni vivir tan rápido que no de oportunidad al cuerpo
de adaptarse a los cambios, el día que cantemos para "transmitir un
mensaje" y no para "satisfacer nuestro ego" o para disfrutar de los
placeres de la fama (que tampoco es malo el aspirarlo), el día que
logremos el justo equilibrio, seguramente nacerán los "Divos del
Siglo XXI".
Saludos.